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Archive for the ‘Trotamundos’ Category

Por Luis Marin

Hablar de La Toscana es hablar de sus paisajes, de sus cipreses en el horizonte que recuerdan los cuadros de los pintores renacentistas, de sus ciudades y pueblos que parecen anclados en el pasado. Es hablar de Siena y Monteriggione, de Pienza y Montepulciano, de San Gimignano y Volterra, de Pisa y Lucca y como no de Florencia. Es hablar del valle de Chianti y del valle de Orcia, de sus viñedos y sus vinos.

Toscana 01Es hablar de Miguel Ángel y su David, de Filippo Brunelleschi y el Duomo de Santa María de Fiore, de la Galería de los Uffizi y de Giotto, Gentilie, Lippi, Botticheli, Rafael, Leonardo Da Vinci, Caravaggio y otra vez Miguel Ángel con la única pintura que queda en Florencia, no hecha en paredes o muros, el Tondo Doni (Sagrada Familia).

El David (2)Es hablar de arquitectura, de palacios, de iglesias, del puente sobre el río Arno, de riadas de personas que pasean diariamente por sus calles disfrutando de cada uno de los edificios que los abriga, de sus aleros de madera que dificultan la entrada del sol.

Pero no podemos olvidar que también es la cuna de la literatura italiana.

Toscana 03Hay que comenzar con Dante Alighieri, (Florencia, 29 de mayo de 1265 – Rávena, 14 de septiembre de 1321) poeta conocido por escribir la Divina comedia, una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista y una de las cumbres de la literatura universal. Apodado «el Poeta Supremo» (en italiano «il Sommo Poeta»), también se le considera el «padre del idioma italiano» (llamado volgare en aquella época).

Toscana 04Continuar con Francesco Petrarca (Arezzo, 20 de julio de 1304Arquà Petrarca, Padua, 19 de julio de 1374) lírico y humanista cuya poesía dio lugar a una corriente literaria que influyó en autores como Garcilaso de la Vega, William Shakespeare y Edmund Spenser, bajo el sobrenombre genérico de Petrarquismo. Tan influyente como las nuevas formas y temas que trajo a la poesía, fue su concepción humanista. Petrarca predicó la unión de toda Italia para recuperar la grandeza que había tenido en la época del Imperio romano.

Toscana 05Y finalizar con Giovanni Boccaccio (16 de junio de 131321 de diciembre de 1375). Pudo haber nacido en Florencia, en Certaldo o, incluso, según algunas fuentes, en París, lugar al que su padre debía desplazarse a menudo por razón de su trabajo. Se sabe que su infancia transcurrió en Florencia donde vivió hasta 1325 o 1327, cuando fue enviado por su padre a trabajar en la oficina que la compañía de los Bardi tenía en Nápoles.

El encuentro entre Petrarca y Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y juntos se constituyeron en figuras principales del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano. Intentaron armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo.

En la entrada de Volterra, próxima al edificio de la Biblioteca Guarnacci que ocupa el Palazzo Vigilanti, se alza una placa con el siguiente texto.

Toscana 06“…Un libro bianco e nero come la faccia del battistero, come gli archetti di San Michele, come lo zoccolo di Sant Agostino, come L’avorio e l’ebano della tatiera, come il suo cuor folle, come il giorno e la notte…”

(Un libro en blanco y negro como el rostro del bautismo, como los arcos de San Miguel, como el casco de San Agustín, como el marfil y el ébano de la tatiera, como su corazón loco, como el día y la noche)

Toscana 07La frase corresponde al libro Forse che si, forse che no (tal vez sí, tal vez no) de Gabriele d’Annunzio, Príncipe di Montenevoso, novelista, poeta, dramaturgo, militar y político italiano, símbolo del Decadentismo y héroe de guerra. Apodado «il Vate» (el Poeta Profeta), ocupó una posición prominente en la literatura italiana desde 1889 hasta 1910 y, en la vida política, entre 1914 y 1924, aproximadamente.

Entre sus novelas se encuentra “El inocente” que Luchino Visconti llevó a la gran pantalla.

toscana 08No quiero olvidar tampoco a otro personaje florentino, el filósofo Nicolás Maquiavelo del que, posiblemente, se deberían tener más presentes sus reflexiones sobre desigualdad y abuso de poder incluso en la actualidad y cuya tumba se encuentran en la Basílica franciscana de la Santa Croce, muy próxima a la de Dante.

 

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Juan Santos

Hacer un viaje para recibir un premio literario ha sido una experiencia nueva para mí. Hasta ahora, siempre había elegido el destino y la fecha de mis salidas; pero en esta ocasión, el lugar y el tiempo me lo ha impuesto la diosa Fortuna: Bujalance, 7 de octubre.  Cuando me dieron la noticia, me recordaron que era necesario desplazarme allí para recogerlo. Por mi encantado, le dije. Era un viaje inesperado a un pueblo desconocido, pero no lo hubiera cambiado ni por París. Faltaba una semana y confieso que se me hizo larguísima.

BujalancePor fin llegó el día. Tomamos la mañana. Acompañado de mi mujer y de mi hijo, cogimos rumbo hacia el sur por la nacional IV. Iba muy tranquilo, no en vano es una carretera que llevo transitando más de cuarenta años. Probablemente mi subconsciente pensaba que iba a mi pueblo. Todo cambió al pasar Valdepeñas, una culebrilla empezó a removerse por mi estómago. Miré al GPS y faltaban 166 kilómetros para llegar a Bujalance. Paramos a estirar las piernas y a tomar un café. El resto del viaje lo hice de copiloto. De las veces que he bajado a  Andalucía, nunca me pareció tan largo el túnel de Despeñaperros. Luego, olivos, olivos y más olivos por todas partes. Qué secos se ven, decía mi mujer. Aparentemente escuchaba la radio y a mi familia, pero nada más lejos de la realidad, mi mente divagaba imaginado el misterioso pueblo que había explorado por internet. Y en esas andaba yo, cuando, los tres a la vez, vimos un cartel con una flecha azul que indicaba la salida de Bujalance. En pocos minutos estaba inmerso en la campiña bujalanceña: el lugar mágico donde habían nacido mis pajaronas. Pronto pudimos divisar a lo lejos, como un inmenso espárrago, la torre inclinada de la Asunción. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en Bujalance, el GPS nos llevó derechos al centro de la ciudad. Hasta las nueve de la noche que era la cita, teníamos tiempo suficiente para conocer el pueblo. No sin antes tomarnos una cerveza fresquita para entonar el cuerpo. Buscábamos la sombra protegiéndonos de un sol cordobés que caía sobre nuestras cabezas con un calor seco, más propio de julio que de octubre.

Recorrimos los monumentos del casco antiguo, calles y plazas con un amplio patrimonio histórico y cultural. Desde el castillo, nos fuimos derechos a buscar un sitio donde comer. Acertamos. El Tomate, así se llama el restaurante.  Tenía buena pinta. Nada más entrar nos gustó. La buena atención del camarero de la barra fue el preludio de la amabilidad de la chica que nos sirvió la comida en un patio pequeñito, solo para nosotros, con una temperatura ideal. Salmorejo, patatas rellenas y flamenquines, todo exquisito. Después del café, el cuerpo pedía a gritos tiempo de relax en el  hotel. Una siesta reparadora, me dio fuerzas para estar en forma por la noche en el momento esencial del viaje.

Con AuroraEn la puerta del teatro, reconocí enseguida a don Pedro López Canales, presidente de la Peña Cultural Flamenca la Pajarona. Me presente a él y nos echamos la mano, al tiempo que me daba la bienvenida con un peculiar acento cordobés. Después de expresarle mi agradecimiento, me explicó los pormenores del acto y me indicó la zona delantera del auditorio, donde había reservadas tres butacas para mí y los míos.

Por supuesto que el espectáculo era para hacerle un homenaje a la cantaora Aurora Vargas junto con el guitarrista Miguel Salado; pero bueno, allí estábamos también dos chicas y yo, en primera fila, para recibir nuestros respectivos premios: Clara Serrano Flores, premio de relato corto sobre el tema Bujalance;  María Victoria Villegas García, premio relato corto con contenido flamenco y yo sobre las Pajaronas.  La entrega fue emocionante, pero lo que más me emocionó fue el regalo sorpresa que me tenían preparado. De entre bastidores salió el cantaor y profesor de flamenco David Pino. En un alarde de voz y sentimiento, se arrancó a cantar mis pajaronas. No se puede pedir más. Era mi propio personaje arando con el mulo, en vivo y en directo evadiéndose de las duras fatigas del campo.

Juan PajaronaAcabado el espectáculo, artistas, premiados y acompañantes, fuimos invitados a continuar la fiesta en la sede de la peña. Un lugar muy  acogedor, decorado con motivos flamencos y con paredes repletas de fotos de los mejores cantaores de la historia. Unos buenos aperitivos, un excelente  vino y una conversación distendida, me hicieron pasar una noche inolvidable que se prolongó hasta las dos de la mañana. Tuve a mi lado al vicepresidente,  don Pedro Vacas Toledano que, entre trago y trago, me puso al corriente de las bondades de la peña. Es digno de alabanza que una peña flamenca, se involucre en la cultura y organice concursos de relatos y eventos similares en un pueblo agrícola de siete mil y pico habitantes, donde todo gira en torno al cultivo del olivar. Se lo dije y lo felicité.

Al día siguiente, al margen del motivo de mi viaje, volví a Madrid encantado de Bujalance con mi espíritu agradecido de su gente y mi estómago agradecido de su gastronomía.

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Por: LUIS MARIN

Esposende es un pueblo de apenas nueve mil habitantes en el Parque Natural del Litoral Norte de Portugal. Un paseo por ese pequeño pueblo, lleva al museo municipal construido en 1908, por el arquitecto Miguel Ventura Terra para albergar el Teatro-Club de Esposende, inaugurado en 1911.

Luis 01Un poco más adelante, la biblioteca pública Manuel de Boaventura se encuentra en la llamada Casa do Arco, un conjunto arquitectónico formado por una casa del siglo XVII con dos pequeños edificios adosados del XVI, unidos entre sí a través de un arco. Lleva el nombre del escritor portugués Manuel Boaventura. En esta biblioteca se puede consultar todo el archivo documental sobre la historia y las tradiciones locales  del concejo. Tiene también sala de lectura, un pequeño auditorio, sala de exposiciones, y sala de ordenadores con conexión a internet. Además, dispone de un servicio de “bibliotecas de playa”, operativas durante el periodo estival en las playas de Ofir, Farol, Apúlia, Suave Mar y Cepães. También dispone de un premio literario con el nombre del escritor nacido en la villa.

Luis 03En Suave Mar cerca de las dunas que se acercan al mar, o quizá se alejan, se ven unas mesas protegidas de blancas sombrillas. Temprano, ya hay consultando la prensa algún paseante local que hace una alto antes de retomar el largo paseo marítimo de regreso al pueblo al lado de las residencias unifamiliares. A esas horas las dunas se llenan de campamentos de verano, niños de todas las edades que comparten juegos en la arena, el mar y acompañados por el viento casi habitual, vigilados por sus cuidadores.

No llama la atención la existencia de campamentos de verano pero sí, sin embargo, la cantidad que se congrega en esa playa extensa. Cada cual con las camisetas escolares de su colegio y una gorra distintiva, se pueden congregar hasta diez o quince grupos entre las casetas de alquiler y las sombrillas de los veraneantes.

Luis 04Y en una radio de cincuenta kilómetros localidades como Viana do Castelo, Braga, Guimaraes a cual más histórico y monumental. Y Oporto, Porto para los portugueses, desembocadura (foz) de uno de los ríos que nacen y atraviesan más de media península ibérica, adornada de sus puentes entre los que destaca el de Don Luis I, que vigila y protege la Ribeira enfrentada a las bodegas del tradicional vino de la otra orilla en la población de Vila Nova de Gaia.

Oporto, el sube y baja de sus callejas, la plaza de la Liberdade, la Catedral, la Torre de los Clérigos, el Palacio de la bolsa y un número inmenso de iglesias y torres que a vista de pájaro se esparcen por toda su extensión. La rua de Santa Catarina y ese olor a ciudad añeja que desprende el café Majestic nada más traspasar el dintel.

Dice el refrán popular que “Lisboa se divierte, Coimbra canta, Braga reza y Oporto trabaja”. Sirva como ejemplo el tesón de los propietarios de la librería Lello.

Luis 05 (2)Allá por el año 1869 Ernesto Chardron fundó una empresa con el nombre “Livraria Internacional de Ernesto Chardron” en la Rua de los Clérigos de Oporto. Su muerte súbita y prematura, hace que la librería sea comprada por “Lugan & Genelioux Sucessores”, que en poco tiempo quedó solamente con un único proprietario, Mathieux Lugan. En el año 1891 la Librería Chardron adquirió los fondos de tres casas de venta de libros de Oporto, que pertenecían a A. R. da Cruz Coutino, Francisco Gomes da Fonseca y Paulo Podestá.

En 1894, Mathieux Lugan vendió la librería a los hermanos Lello, Sousa y Antonio, que tenían un establecimiento de comercio y edición de libros, fundado en 1881. Cambiaron el nombre por “José Pinto de Sousa Lello & Irmão” manteniéndola hasta 1919.

Luis 06En 1906 el ingeniero Francisco Xavier Esteves proyectó el edificio de la librería que tuvo un gran impacto en la cultura, sobre todo, por sus decoraciones y su estilo. Durante la inauguración del edificio, el 13 de enero de 1906, estaban presentes importantes personas de la literatura portuguesa, algunos políticos y artistas.

A lo largo del siglo XX, la librería fue cambiando de nombre, pero siempre manteniendo algún propietario ligado a la familia Lello.

En 2015 y tras haber servido de inspiración para el diseño de la escalera de la escuela Hogwarts de Harry Potter, la librería empezó a cobrar por su visita (en la actualidad cuatro euros) que luego descuentan del precio si haces una compra. De esta forma, están acometiendo la reforma de la fachada y la decoración de la librería.

Como librería tiene buen espacio repartido por temáticas y reserva alguno para otros idiomas. No me atrevo a valorar la iniciativa, que se puede considerar plausible por mantener un comercio centenario de rentabilidad reducida, o por el contrario considerarla estratégicamente demasiado agresiva.

Pero siempre queda el Duero, para seguirlo en sentido inverso que va separando los distritos de Oporto y Viseu, después este último y el de Villa Real, para finalizar dividiendo los distritos de Braganza y Guarda hasta llegar al tramo internacional que hace frontera entre Portugal y España durante ciento doce kilómetros.

Este Duero internacional, conocido como los Arribes se incrusta en profundas barrancas y ofrece su belleza a través de miradores a veces accesibles, a veces más agrestes, obligando al viajero a reconocer lo minúsculos que es ante tanta grandeza.

Luis 07Un punto intermedio, en los cuatrocientos metros de desnivel que recorre el río en su tramo internacional, es Miranda do Douro. Su casco antiguo, sobrio, protege una concatredal con gran gusto y un Palacio Episcopal en ruinas del que tan sólo se conserva un claustro parcialmente reconstruido. Pero al caminar por sus callejas el visitante se tropieza con la Antigua Eigreija de I Cumbento de is Frailes Trinos sec XVIII, convertido en biblioteca municipal.

Y alrededor de todo, acompañando la nostalgia, o saudade, que invade cuando esa tierra, el Fado, el lamento, la traición, la amargura, esa forma poética de expresar los sentimientos.

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Pues resulta que Pamplona ya era conocida en el mundo antes de que apareciese Hemingway con su novela Fiesta y su descripción de los Sanfermines. Pamplona era la primera gran ciudad a la que llegaban los peregrinos que recorrían el camino francés o el aragonés, y ya lo hacían en el siglo IX, aunque el Camino de Santiago no se consolidó hasta el siglo XII. A ello contribuyó el libro La Guía del Peregrino de Santiago de Compostela, escrita por Aimeric Picaud, que traza el itinerario por los pueblos que cruza el Camino, determina las jornadas de marcha y advierte acerca de la hospitalidad o la barbarie de las gentes con las que se puede encontrar el peregrino. Este libro se incluye dentro del Códice Calixtino de la catedral de Santiago, aquella joya de la literatura medieval que un empleado de la catedral robó de la caja fuerte de la biblioteca en el año 2011 y que apareció un año más tarde envuelto en un trapo, en un garaje de una localidad cercana a Santiago.

Pero volvamos al Camino. La entrada en Pamplona es un momento inolvidable que se produce al cruzar el puente de la Magdalena, sobre el rio Arga. Este puente fue construido en el siglo XII, tiene origen románico y detalles góticos. El cruce del puente supone un momento de mucha alegría. El peregrino solo ha podido ver las siluetas de la catedral por encima de las murallas y aún no tiene conciencia de aproximarse a una gran ciudad, a la que entrará siguiendo las murallas por el Portal de Francia (cuyo puente levadizo se baja actualmente cada cinco de enero para que lleguen a la ciudad los Reyes Magos de Oriente). Este momento es para el caminante como desprenderse de unos cuantos siglos de historia y volver a la Edad Media.

La primera calle que seencuentra tras cruzar el Portal de Francia es la calle del Carmen, antigua Rúa de los Peregrinos, que ofrece un bullicio colosal, estrecha, peatonal, llena de vida, todo lo que puede desear un peregrino medieval cansado. Siguiéndola se llega a la calle Mercaderes, después a la Plaza del Ayuntamiento y el tránsito a la época actual es inevitable. Ya estamos en Sanfermines: en 1776 se construyó el primer vallado hasta la plaza de toros, en 1856 se regula el encierro, que llega a la calle de la Estafeta, en 1923 los presenció Ernest Hemingway por primera vez, en 1926 publicó su novela Fiesta (The sun also rises), en 1954 recibió el premio Nobel y desde entonces los Sanfermines y Pamplona no han parado de evolucionar y de recibir a millones de personas cada año para hacer de Pamplona y su fiesta una ciudad mundialmente conocida. Mucho más conocida por los Sanfermines que por ser fin de etapa del Camino de Santiago. ¿O no?

Sin duda la figura de Hemingway es fundamental para esta evolución. Visitó Pamplona en nueve ocasiones, siempre en Sanfermin, siete veces desde 1923 a 1931, año en que se impuso un paréntesis para participar en la Guerra Civil española a favor de la República, presenciar el desembarco de Normandia, la liberación de París y residir durante dos décadas en Cuba haciéndose amigo íntimo de Fidel Castro.

La primera vez que llegó a Pamplona su presupuesto solo le dio para alojarse en una modesta pensión cerca de la plaza del Castillo. Los años posteriores se alojó en el hotel Quintana, con cuyo dueño le unió una estrecha amistad hasta su muerte. Hemingway comió, bebió y fumó lo indecible en Pamplona, compartiendo sonadas juergas con amigos de la ciudad y extranjeros, como él, entre ellos el escritor John dos Passos. Protagonizó sonados escándalos sexuales y frecuentó cafés y tabernas por los que aún hoy se distingue su huella. El más conocido sin duda es el café Iruña, en el que se puede ver una estatua del escritor, a tamaño natural, junto a la barra (no podía ser de otro modo). Cuando volvió en 1953 lo hizo con su cuarta esposa, y ya era un conocido escritor que había obtenido el premio Pulitzer un año antes. Cuando regresó a Pamplona por última vez, en 1958, ya era premio Nobel, había sufrido dos graves accidentes aéreos en África y arrastraba graves problemas de salud, en gran parte ocasionados por el alcohol. En estos dos últimos viajes se alojó en el carísimo hotel La perla, en la plaza del Castillo, que todavía hoy mantiene en uso la habitación que ocupó el escritor norteamericano, aunque bien es verdad que a precios difícilmente asumibles para la inmensa mayoría de los mortales y, por supuesto, para la casi totalidad de los peregrinos que se dejan caer por Pamplona camino de Santiago.

Pamplona siempre se ha mostrado agradecida al escritor. En el año 1968 se inauguró un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la plaza de toros, y en la actualidad el visitante puede recorrer la ciudad siguiendo un itinerario que lleva por los lugares emblemáticos que frecuentó Ernest Hemingway, un magnifico novelista y, además, un extraordinario autor de relatos.

 

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Días del futuro pasado es el título de una deplorable película de la serie X-Men y de un álbum de Rock sinfónico de un grupo llamado Moody Blues, que desapareció hace ya tiempo y que solo recordará Carlos Cerdán.

Podría muy bien ser también el título de esta crónica viajera por un país con más de mil años de historia pero que pocas veces ha sido independiente. En la actualidad es una de las zonas más modernas de Europa, en la que puedes pagar el pan con la tarjeta de crédito o contratar una línea de teléfono y datos de 50 Gb por 5 euros al mes.

Esta fusión de pasado y futuro me vino a la mente al encontrar un curioso pasaje empedrado, ubicado en el casco histórico de Tallinn, que tiene una hilera de placas incrustadas en el pavimento que narran los hitos históricos del país desde los primeros pobladores prehistóricos. Así hay una placa para cada invasión que han recibido (Suecos, teutones rusos, nazis, soviéticos…)

pero también señalan aspectos culturales y sociales de su devenir, como la celebración desde 1869 de un festival nacional de la canción. Pero lo curioso es que la alfombra de lápidas incrustadas en el suelo no se detiene en el presente sino que ya han colocado las correspondientes a sucesos futuros como el quinientos aniversario de la proclamación de la república en 2418 o la celebración número cien de su festival de la canción.Este ir y venir entre el antes y el después parece ser una constante en el carácter estonio que se refleja también en el estilo arquitectónico de las nuevas construcciones, que se basan en el reciclaje de la gran cantidad de edificios fabriles construidos en la época soviética que convirtieron el país en una enorme factoría industrial. Así, en lugar de derribar las antiguas fábricas, naves, acerias, etc. Han aprovechado las fachadas y estructuras existentes y les han añadido nuevas plantas en las que predomina el acero y el cristal, símbolos de la nueva era. Un claro ejemplo es la siguiente imagen:

 

La capital Tallinn (pronúnciese Tálin para demostrar que uno está viajado) tiene un centro histórico medieval muy bien conservado que se parece mucho a otras ciudades bálticas de Finlandia o Suecia. Y es que los estonios no son eslavos como sus vecinos de Lituania o Letonia, ellos están orgullosos de su origen danés como los suecos o fineses, y tan altos que le sacan un metro de estatura al español medio, se llame Lopez Vázquez o no, lo que provoca que al estrechar la mano, el estonio se mantiene alejado tanto como le permite la longitud de su brazo, como si sospechara que uno no se ha duchado esta mañana o, Dios no lo quiera, que uno es ruso.

Queda en Estonia una importante minoría de origen ruso que no quisieron o no pudieron regresar a Rusia cuando se obtuvo la independencia tras el colapso de la Unión soviética. Estas personas son fácilmente identificables porque suelen tener cara de que les duele algo, y se asemejan al pintor al que le han quitado la escalera y se ha quedado colgado de la brocha añorando la preponderancia perdida de su etnia en tiempos pasados.

Como decía, los estonios son amantes de sus tradiciones, sobre todo lo relacionado con la música y la danza. Han creado un museo al aire libre en el que han reconstruido antiguas granjas de diferentes zonas del país para mostrar a las nuevas generaciones como vivían sus antepasados campesinos, pescadores o marinos.
En este museo también realizan exhibiciones del folklore popular en el que no dudan en incluir elementos foráneos:

Otra costumbre que tienen es la de hacer hogueras junto al mar la noche de San Juan, como en cualquier playa mediterránea pero sin paella y en manga larga por el frio, aunque lo de noche es un decir, porque en esa época del año la noche se va varios meses de vacaciones y el día dura las veinticuatro horas.

 

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Por Manuel Pozo Gómez

En la sala capitular de la colegiata de Roncesvalles está enterrado Sancho VII, conocido como Sancho el Fuerte.

¿Pero quién era Sancho el Fuerte y por qué es interesante en la historia de España? Sancho era rey de navarra, un gigante para aquella época, pues medía aproximadamente 2,10 metros, y su altura se la puede imaginar uno viendo las dimensiones del sepulcro. El monarca ordenó construir el actual templo y lo eligió como lugar para su enterramiento. Fue muy generoso en vida con la colegiata y favoreció constantemente a los peregrinos que utilizaban el paso de Roncesvalles para ir hasta Santiago, con alimentos y cuidados médicos.

Pero vayamos con un poco de historia. En el año 1211 no quedaba ningún baluarte cristiano al sur del río Tajo y a los musulmanes les faltaba muy poco para conquistar Toledo, continuando así una nueva expansión hacia el norte de la Península. Ante la grave situación el rey de Castilla, Alfonso VIII, pidió ayuda al resto de los reinos cristianos y al Papa Inocencio III. Este accedió y concedió a la lucha el carácter de Cruzada. A la batalle se sumaron numerosos caballeros procedentes de Europa y el reino del reino de Aragón.  En junio de 1212 salieron de Toledo las huestes cristianas y poco después se les uniría Sancho VII, dubitativo con su participación al principio, con 200 caballeros procedentes de Navarra. Los ejércitos cristianos conquistaron algunas plazas y llegaron al choque definitivo en las Navas de Tolosa, en las inmediaciones del puerto de Despeñaperros, a mediados de julio de 1212. Se presentaron unos 12000 cristianos contra unos 20000 musulmanes, quizás la mayor cantidad de combatientes reunidos en una batalla en aquella época.

A partir de aquí surgen las leyendas. Se dice que en un momento de la batalla la situación era especialmente crítica para los cristianos, lo que provocó la intervención directa en Alfonso VIII, al que se unieron los reyes de Aragón (Pedro II) y de Navarra, (nuestro Sancho VII), pues los reyes de Portugal y de León habían decidido que la cosa no iba con ellos y no habían unido sus fuerzas a las del ejército cristiano. Cabe citar aquí el artículo escrito por Arturo Pérez Reverte con el título de La carga de los tres reyes.

La carga de los tres reyes

Y sigue la leyenda contando que fue entonces cuando el rey Sancho VII de Navarra aprovechó para dirigirse directamente hacia el emir almohade Al-Nasir, conocido por los cristianos con el sobrenombre de Miramamolín, y los doscientos caballeros navarros atravesaron su guardia personal y última defensa, los im-esebelen, una tropa de raza negra escogida especialmente por su bravura, que se anclaba con cadenas para mostrar que no iban a huir. La unidad navarra fue la primera en romper las cadenas y pasar la empalizada, lo que decidió que después de la batalla Sancho VII incorporase las cadenas al escudo de Navarra, que después se añadieron en el cuartel inferior al escudo de España.

La mayor parte leyenda y literatura, pero lo cierto es que la batalla de Las Navas de Tolosa fue decisiva para frenar la expansión almohade y sentó las bases para la continuación de la Reconquista. Sancho VII el Fuerte sobrevivió veintidós años a la batalla, murió en Tudela en 1234 con 80 años y fue enterrado en Roncesvalles.

Fuentes: Blog Arte, historia y curiosidades, de Julio Asunción, historiador, escritor y divulgador de cultura y tradiciones.

Manuel Pozo Gómez

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Por Manuel Pozo Gómez

San Juan a pie de puerto

La primera etapa del Camino de Santiago, del Camino francés, comienza en la localidad de San Juan a pie del Puerto, una preciosa localidad medieval a la que se accede por la puerta de Santiago y se abandona por la puerta de España en dirección a Roncesvalles.

Reconozco que subiendo las empinadísimas laderas de la parte francesa, buscando un personaje literario, pensé en escribir algo sobre Napoleón, pues esta fue la ruta que siguió una parte de sus tropas para entrar en España en 1808 (esta ruta se conoce ahora como Camino de Napoleón). Pero al atravesar los Pirineos y llegar a Roncesvalles se impone la leyenda de un nombre: Rolando.

En el año 777 unos representantes de los gobernadores musulmanes de Barcelona, Gerona, Zaragoza y Huesca, se presentaron ante del rey de los francos, Carlos, (que se convertiría en el emperador Carlomagno) para pedirle ayuda militar en su campaña contra el emir de Córdoba, Abderramán I. Carlomagno vio la oportunidad de extender la cristiandad y su propio poder, y accedió a prestar su ayuda a cambio de que se le entregase la ciudad de Zaragoza. Pero poco después el gobernador de Zaragoza cambió de opinión y de bando, se alió con el emir Abderramán y no entregó la ciudad. Carlomagno sitió Zaragoza, pero no pudo conquistarla y tuvo que regresar a Francia. En su regreso destruyó las murallas de Pamplona y la saqueó.

El 15 de agosto del año 778, al cruzar Roncesvalles de regreso a Francia, Carlomagno dejó atrás una retaguardia numerosa al mando del margrave de Bretaña, que no era otro que el famoso Rolando, y a doce caballeros principales de su reino. Se supone que unos 300 o 400 vascones se valieron de su conocimiento del terreno para atacar y derrotar a esta retaguardia en una batalla nada épica, pues se trató de una emboscada en la que los vascones utilizaron dardos, piedras que lanzaban con cestas, y derrumbamientos del terreno en los pasos estrechos. En esta emboscada murió Rolando.

Casi tres siglos después de la batalla de Roncesvalles, la emboscada se transformó en una batalla épica gracias a la literatura. A finales del siglo XI se escribió El cantar de Roldán (La Chanson de Roland), un poema épico de 4002 versos endecasílabos atribuido a un monje normando, llamado Turoldo, cuyo nombre aparece en el último verso. El cantar de Roldán es el cantar de gesta más antiguo escrito en lengua romance en Europa y se conserva en la biblioteca Bodleiana de Oxford.

¿Cuál era la importancia del Cantar? La Edad Media era un tiempo convulso en el que se necesitaban héroes. Era la época de las Cruzadas y una de las funciones del cantar de gesta era extender el mito caballeresco. En este caso los 300 o 400 vascones se convirtieron para el poeta en un numeroso ejército sarraceno, se idealizó el valor de Rolando, que pasó a ser sobrino de Carlomagno, se destacaron las virtudes de los caballeros cristianos frente a los musulmanes, se convocó la ayuda celestial para que Carlomagno pudiera acudir en ayuda de su sobrino y, por último, Rolando, destruyó su espada Durandarte para no cayese en poder de los enemigos sarracenos.

En la emboscada, el desfiladero de Roncesvalles se tiñó de sangre a causa de la cruenta batalla entre sarracenos y franceses (no entre vascones y francos). Al ver diezmado su batallón, Rolando hizo sonar su olifante. Gracias a la intervención de los ángeles, Carlomagno escuchó el angustioso sonido y emprendió la marcha para derrotar al enemigo y salvar a su sobrino. La ayuda llegó demasiado tarde y el emperador halló un paisaje desolador cubierto por el manto de la muerte. Apesadumbrado, Carlomagno juró venganza mientras sostenía en sus brazos el cuerpo de su querido sobrino Rolando.

Colegiata y monumento conmemorativo de la batalla de Roncesvalles.

El cantar de Roldán

El paisaje de Roncesvalles es sobrecogedor, muy bello en verano y durísimo en invierno. El esfuerzo muy intenso para el caminante, con un desnivel de unos 1250 metros de subida y unos 450 de bajada. La belleza de las cumbres y los bosques es fascinante y en el silencio y la soledad de las cumbres todavía es fácil oír el olifante de

Iglesia de Santiago en Roncesvalles

Rolando pidiendo ayuda. La sensación del peregrino actual es que el hecho literario, la Chanson de Roland, es mucho más trascendente que el hecho histórico en el que se inspiró.

En recuerdo de aquel suceso y de tan magnífica obra, cada 15 de agosto se realiza una lectura dramatizada del Cantar de Roldán en la iglesia de Santiago, junto a la colegiata de Roncesvalles.

A continuación un breve fragmento de El cantar de Roldán.

CIV
El combate es magnífico, la lucha se torna general. El conde Roldán no preserva su persona. Hiere con su pica mientras le dura el asta; después de quince golpes la ha roto, destrozándola completamente. Entonces desnuda a Durandarte, su buena espada. Espolea a su caballo y acomete a Chernublo. Le parte el yelmo en el que centellean los carbunclos, le desgarra la cofia junto con el cuero cabelludo, le hiende el rostro entre los dos ojos y la cota blanca de menudas mallas, y el tronco hasta la horcajadura. A través de la silla, con incrustaciones de oro, la espada se hunde en el caballo. Le parte el espinazo sin buscar la juntura y lo derriba muerto con su jinete sobre la abundante hierba del prado. Luego le dice:
-¡Hijo de siervo! ¡En mala hora os pusisteis en camino! No será Mahoma quien os preste su ayuda. ¡Un truhán como vos no habría de ganar una batalla!
CV
El conde Roldán cabalga por todo el campo. Enarbola a Durandarte, afilada y tajante. Gran matanza provoca entre los sarracenos. ¡Si lo hubierais visto arrojar muerto sobre muerto y derramar en charcos la clara sangre! Cubiertos de ella están sus dos brazos y su cota, y su buen corcel tiene rojos el pescuezo y el lomo. No le va en zaga Oliveros, ni los doce pares, ni los francos que hieren con redoblado ardor.
Mueren los infieles, algunos desfallecen. Y el arzobispo exclama:
-¡Benditos sean nuestros barones! ¡Montjoie! Es el grito de guerra de Carlomagno.

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