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Archive for the ‘Trotamundos’ Category

Por: LUIS MARIN

Esposende es un pueblo de apenas nueve mil habitantes en el Parque Natural del Litoral Norte de Portugal. Un paseo por ese pequeño pueblo, lleva al museo municipal construido en 1908, por el arquitecto Miguel Ventura Terra para albergar el Teatro-Club de Esposende, inaugurado en 1911.

Luis 01Un poco más adelante, la biblioteca pública Manuel de Boaventura se encuentra en la llamada Casa do Arco, un conjunto arquitectónico formado por una casa del siglo XVII con dos pequeños edificios adosados del XVI, unidos entre sí a través de un arco. Lleva el nombre del escritor portugués Manuel Boaventura. En esta biblioteca se puede consultar todo el archivo documental sobre la historia y las tradiciones locales  del concejo. Tiene también sala de lectura, un pequeño auditorio, sala de exposiciones, y sala de ordenadores con conexión a internet. Además, dispone de un servicio de “bibliotecas de playa”, operativas durante el periodo estival en las playas de Ofir, Farol, Apúlia, Suave Mar y Cepães. También dispone de un premio literario con el nombre del escritor nacido en la villa.

Luis 03En Suave Mar cerca de las dunas que se acercan al mar, o quizá se alejan, se ven unas mesas protegidas de blancas sombrillas. Temprano, ya hay consultando la prensa algún paseante local que hace una alto antes de retomar el largo paseo marítimo de regreso al pueblo al lado de las residencias unifamiliares. A esas horas las dunas se llenan de campamentos de verano, niños de todas las edades que comparten juegos en la arena, el mar y acompañados por el viento casi habitual, vigilados por sus cuidadores.

No llama la atención la existencia de campamentos de verano pero sí, sin embargo, la cantidad que se congrega en esa playa extensa. Cada cual con las camisetas escolares de su colegio y una gorra distintiva, se pueden congregar hasta diez o quince grupos entre las casetas de alquiler y las sombrillas de los veraneantes.

Luis 04Y en una radio de cincuenta kilómetros localidades como Viana do Castelo, Braga, Guimaraes a cual más histórico y monumental. Y Oporto, Porto para los portugueses, desembocadura (foz) de uno de los ríos que nacen y atraviesan más de media península ibérica, adornada de sus puentes entre los que destaca el de Don Luis I, que vigila y protege la Ribeira enfrentada a las bodegas del tradicional vino de la otra orilla en la población de Vila Nova de Gaia.

Oporto, el sube y baja de sus callejas, la plaza de la Liberdade, la Catedral, la Torre de los Clérigos, el Palacio de la bolsa y un número inmenso de iglesias y torres que a vista de pájaro se esparcen por toda su extensión. La rua de Santa Catarina y ese olor a ciudad añeja que desprende el café Majestic nada más traspasar el dintel.

Dice el refrán popular que “Lisboa se divierte, Coimbra canta, Braga reza y Oporto trabaja”. Sirva como ejemplo el tesón de los propietarios de la librería Lello.

Luis 05 (2)Allá por el año 1869 Ernesto Chardron fundó una empresa con el nombre “Livraria Internacional de Ernesto Chardron” en la Rua de los Clérigos de Oporto. Su muerte súbita y prematura, hace que la librería sea comprada por “Lugan & Genelioux Sucessores”, que en poco tiempo quedó solamente con un único proprietario, Mathieux Lugan. En el año 1891 la Librería Chardron adquirió los fondos de tres casas de venta de libros de Oporto, que pertenecían a A. R. da Cruz Coutino, Francisco Gomes da Fonseca y Paulo Podestá.

En 1894, Mathieux Lugan vendió la librería a los hermanos Lello, Sousa y Antonio, que tenían un establecimiento de comercio y edición de libros, fundado en 1881. Cambiaron el nombre por “José Pinto de Sousa Lello & Irmão” manteniéndola hasta 1919.

Luis 06En 1906 el ingeniero Francisco Xavier Esteves proyectó el edificio de la librería que tuvo un gran impacto en la cultura, sobre todo, por sus decoraciones y su estilo. Durante la inauguración del edificio, el 13 de enero de 1906, estaban presentes importantes personas de la literatura portuguesa, algunos políticos y artistas.

A lo largo del siglo XX, la librería fue cambiando de nombre, pero siempre manteniendo algún propietario ligado a la familia Lello.

En 2015 y tras haber servido de inspiración para el diseño de la escalera de la escuela Hogwarts de Harry Potter, la librería empezó a cobrar por su visita (en la actualidad cuatro euros) que luego descuentan del precio si haces una compra. De esta forma, están acometiendo la reforma de la fachada y la decoración de la librería.

Como librería tiene buen espacio repartido por temáticas y reserva alguno para otros idiomas. No me atrevo a valorar la iniciativa, que se puede considerar plausible por mantener un comercio centenario de rentabilidad reducida, o por el contrario considerarla estratégicamente demasiado agresiva.

Pero siempre queda el Duero, para seguirlo en sentido inverso que va separando los distritos de Oporto y Viseu, después este último y el de Villa Real, para finalizar dividiendo los distritos de Braganza y Guarda hasta llegar al tramo internacional que hace frontera entre Portugal y España durante ciento doce kilómetros.

Este Duero internacional, conocido como los Arribes se incrusta en profundas barrancas y ofrece su belleza a través de miradores a veces accesibles, a veces más agrestes, obligando al viajero a reconocer lo minúsculos que es ante tanta grandeza.

Luis 07Un punto intermedio, en los cuatrocientos metros de desnivel que recorre el río en su tramo internacional, es Miranda do Douro. Su casco antiguo, sobrio, protege una concatredal con gran gusto y un Palacio Episcopal en ruinas del que tan sólo se conserva un claustro parcialmente reconstruido. Pero al caminar por sus callejas el visitante se tropieza con la Antigua Eigreija de I Cumbento de is Frailes Trinos sec XVIII, convertido en biblioteca municipal.

Y alrededor de todo, acompañando la nostalgia, o saudade, que invade cuando esa tierra, el Fado, el lamento, la traición, la amargura, esa forma poética de expresar los sentimientos.

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Pues resulta que Pamplona ya era conocida en el mundo antes de que apareciese Hemingway con su novela Fiesta y su descripción de los Sanfermines. Pamplona era la primera gran ciudad a la que llegaban los peregrinos que recorrían el camino francés o el aragonés, y ya lo hacían en el siglo IX, aunque el Camino de Santiago no se consolidó hasta el siglo XII. A ello contribuyó el libro La Guía del Peregrino de Santiago de Compostela, escrita por Aimeric Picaud, que traza el itinerario por los pueblos que cruza el Camino, determina las jornadas de marcha y advierte acerca de la hospitalidad o la barbarie de las gentes con las que se puede encontrar el peregrino. Este libro se incluye dentro del Códice Calixtino de la catedral de Santiago, aquella joya de la literatura medieval que un empleado de la catedral robó de la caja fuerte de la biblioteca en el año 2011 y que apareció un año más tarde envuelto en un trapo, en un garaje de una localidad cercana a Santiago.

Pero volvamos al Camino. La entrada en Pamplona es un momento inolvidable que se produce al cruzar el puente de la Magdalena, sobre el rio Arga. Este puente fue construido en el siglo XII, tiene origen románico y detalles góticos. El cruce del puente supone un momento de mucha alegría. El peregrino solo ha podido ver las siluetas de la catedral por encima de las murallas y aún no tiene conciencia de aproximarse a una gran ciudad, a la que entrará siguiendo las murallas por el Portal de Francia (cuyo puente levadizo se baja actualmente cada cinco de enero para que lleguen a la ciudad los Reyes Magos de Oriente). Este momento es para el caminante como desprenderse de unos cuantos siglos de historia y volver a la Edad Media.

La primera calle que se encuentra tras cruzar el Portal de Francia es la calle del Carmen, antigua Rúa de los Peregrinos, que ofrece un bullicio colosal, estrecha, peatonal, llena de vida, todo lo que puede desear un peregrino medieval cansado. Siguiéndola se llega a la calle Mercaderes, después a la Plaza del Ayuntamiento y el tránsito a la época actual es inevitable. Ya estamos en Sanfermines: en 1776 se construyó el primer vallado hasta la plaza de toros, en 1856 se regula el encierro, que llega a la calle de la Estafeta, en 1923 los presenció Ernest Hemingway por primera vez, en 1926 publicó su novela Fiesta (The sun also rises), en 1954 recibió el premio Nobel y desde entonces los Sanfermines y Pamplona no han parado de evolucionar y de recibir a millones de personas cada año para hacer de Pamplona y su fiesta una ciudad mundialmente conocida. Mucho más conocida por los Sanfermines que por ser fin de etapa del Camino de Santiago. ¿O no?

Sin duda la figura de Hemingway es fundamental para esta evolución. Visitó Pamplona en nueve ocasiones, siempre en Sanfermin, siete veces desde 1923 a 1931, año en que se impuso un paréntesis para participar en la Guerra Civil española a favor de la República, presenciar el desembarco de Normandia, la liberación de París y residir durante dos décadas en Cuba haciéndose amigo íntimo de Fidel Castro.

La primera vez que llegó a Pamplona su presupuesto solo le dio para alojarse en una modesta pensión cerca de la plaza del Castillo. Los años posteriores se alojó en el hotel Quintana, con cuyo dueño le unió una estrecha amistad hasta su muerte. Hemingway comió, bebió y fumó lo indecible en Pamplona, compartiendo sonadas juergas con amigos de la ciudad y extranjeros, como él, entre ellos el escritor John dos Passos. Protagonizó sonados escándalos sexuales y frecuentó cafés y tabernas por los que aún hoy se distingue su huella. El más conocido sin duda es el café Iruña, en el que se puede ver una estatua del escritor, a tamaño natural, junto a la barra (no podía ser de otro modo). Cuando volvió en 1953 lo hizo con su cuarta esposa, y ya era un conocido escritor que había obtenido el premio Pulitzer un año antes. Cuando regresó a Pamplona por última vez, en 1958, ya era premio Nobel, había sufrido dos graves accidentes aéreos en África y arrastraba graves problemas de salud, en gran parte ocasionados por el alcohol. En estos dos últimos viajes se alojó en el carísimo hotel La perla, en la plaza del Castillo, que todavía hoy mantiene en uso la habitación que ocupó el escritor norteamericano, aunque bien es verdad que a precios difícilmente asumibles para la inmensa mayoría de los mortales y, por supuesto, para la casi totalidad de los peregrinos que se dejan caer por Pamplona camino de Santiago.

Pamplona siempre se ha mostrado agradecida al escritor. En el año 1968 se inauguró un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la plaza de toros, y en la actualidad el visitante puede recorrer la ciudad siguiendo un itinerario que lleva por los lugares emblemáticos que frecuentó Ernest Hemingway, un magnifico novelista y, además, un extraordinario autor de relatos.

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Días del futuro pasado es el título de una deplorable película de la serie X-Men y de un álbum de Rock sinfónico de un grupo llamado Moody Blues, que desapareció hace ya tiempo y que solo recordará Carlos Cerdán.

Podría muy bien ser también el título de esta crónica viajera por un país con más de mil años de historia pero que pocas veces ha sido independiente. En la actualidad es una de las zonas más modernas de Europa, en la que puedes pagar el pan con la tarjeta de crédito o contratar una línea de teléfono y datos de 50 Gb por 5 euros al mes.

Esta fusión de pasado y futuro me vino a la mente al encontrar un curioso pasaje empedrado, ubicado en el casco histórico de Tallinn, que tiene una hilera de placas incrustadas en el pavimento que narran los hitos históricos del país desde los primeros pobladores prehistóricos. Así hay una placa para cada invasión que han recibido (Suecos, teutones rusos, nazis, soviéticos…)

pero también señalan aspectos culturales y sociales de su devenir, como la celebración desde 1869 de un festival nacional de la canción. Pero lo curioso es que la alfombra de lápidas incrustadas en el suelo no se detiene en el presente sino que ya han colocado las correspondientes a sucesos futuros como el quinientos aniversario de la proclamación de la república en 2418 o la celebración número cien de su festival de la canción.Este ir y venir entre el antes y el después parece ser una constante en el carácter estonio que se refleja también en el estilo arquitectónico de las nuevas construcciones, que se basan en el reciclaje de la gran cantidad de edificios fabriles construidos en la época soviética que convirtieron el país en una enorme factoría industrial. Así, en lugar de derribar las antiguas fábricas, naves, acerias, etc. Han aprovechado las fachadas y estructuras existentes y les han añadido nuevas plantas en las que predomina el acero y el cristal, símbolos de la nueva era. Un claro ejemplo es la siguiente imagen:

 

La capital Tallinn (pronúnciese Tálin para demostrar que uno está viajado) tiene un centro histórico medieval muy bien conservado que se parece mucho a otras ciudades bálticas de Finlandia o Suecia. Y es que los estonios no son eslavos como sus vecinos de Lituania o Letonia, ellos están orgullosos de su origen danés como los suecos o fineses, y tan altos que le sacan un metro de estatura al español medio, se llame Lopez Vázquez o no, lo que provoca que al estrechar la mano, el estonio se mantiene alejado tanto como le permite la longitud de su brazo, como si sospechara que uno no se ha duchado esta mañana o, Dios no lo quiera, que uno es ruso.

Queda en Estonia una importante minoría de origen ruso que no quisieron o no pudieron regresar a Rusia cuando se obtuvo la independencia tras el colapso de la Unión soviética. Estas personas son fácilmente identificables porque suelen tener cara de que les duele algo, y se asemejan al pintor al que le han quitado la escalera y se ha quedado colgado de la brocha añorando la preponderancia perdida de su etnia en tiempos pasados.

Como decía, los estonios son amantes de sus tradiciones, sobre todo lo relacionado con la música y la danza. Han creado un museo al aire libre en el que han reconstruido antiguas granjas de diferentes zonas del país para mostrar a las nuevas generaciones como vivían sus antepasados campesinos, pescadores o marinos.
En este museo también realizan exhibiciones del folklore popular en el que no dudan en incluir elementos foráneos:

Otra costumbre que tienen es la de hacer hogueras junto al mar la noche de San Juan, como en cualquier playa mediterránea pero sin paella y en manga larga por el frio, aunque lo de noche es un decir, porque en esa época del año la noche se va varios meses de vacaciones y el día dura las veinticuatro horas.

 

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Por Manuel Pozo Gómez

En la sala capitular de la colegiata de Roncesvalles está enterrado Sancho VII, conocido como Sancho el Fuerte.

¿Pero quién era Sancho el Fuerte y por qué es interesante en la historia de España? Sancho era rey de navarra, un gigante para aquella época, pues medía aproximadamente 2,10 metros, y su altura se la puede imaginar uno viendo las dimensiones del sepulcro. El monarca ordenó construir el actual templo y lo eligió como lugar para su enterramiento. Fue muy generoso en vida con la colegiata y favoreció constantemente a los peregrinos que utilizaban el paso de Roncesvalles para ir hasta Santiago, con alimentos y cuidados médicos.

Pero vayamos con un poco de historia. En el año 1211 no quedaba ningún baluarte cristiano al sur del río Tajo y a los musulmanes les faltaba muy poco para conquistar Toledo, continuando así una nueva expansión hacia el norte de la Península. Ante la grave situación el rey de Castilla, Alfonso VIII, pidió ayuda al resto de los reinos cristianos y al Papa Inocencio III. Este accedió y concedió a la lucha el carácter de Cruzada. A la batalle se sumaron numerosos caballeros procedentes de Europa y el reino del reino de Aragón.  En junio de 1212 salieron de Toledo las huestes cristianas y poco después se les uniría Sancho VII, dubitativo con su participación al principio, con 200 caballeros procedentes de Navarra. Los ejércitos cristianos conquistaron algunas plazas y llegaron al choque definitivo en las Navas de Tolosa, en las inmediaciones del puerto de Despeñaperros, a mediados de julio de 1212. Se presentaron unos 12000 cristianos contra unos 20000 musulmanes, quizás la mayor cantidad de combatientes reunidos en una batalla en aquella época.

A partir de aquí surgen las leyendas. Se dice que en un momento de la batalla la situación era especialmente crítica para los cristianos, lo que provocó la intervención directa en Alfonso VIII, al que se unieron los reyes de Aragón (Pedro II) y de Navarra, (nuestro Sancho VII), pues los reyes de Portugal y de León habían decidido que la cosa no iba con ellos y no habían unido sus fuerzas a las del ejército cristiano. Cabe citar aquí el artículo escrito por Arturo Pérez Reverte con el título de La carga de los tres reyes.

La carga de los tres reyes

Y sigue la leyenda contando que fue entonces cuando el rey Sancho VII de Navarra aprovechó para dirigirse directamente hacia el emir almohade Al-Nasir, conocido por los cristianos con el sobrenombre de Miramamolín, y los doscientos caballeros navarros atravesaron su guardia personal y última defensa, los im-esebelen, una tropa de raza negra escogida especialmente por su bravura, que se anclaba con cadenas para mostrar que no iban a huir. La unidad navarra fue la primera en romper las cadenas y pasar la empalizada, lo que decidió que después de la batalla Sancho VII incorporase las cadenas al escudo de Navarra, que después se añadieron en el cuartel inferior al escudo de España.

La mayor parte leyenda y literatura, pero lo cierto es que la batalla de Las Navas de Tolosa fue decisiva para frenar la expansión almohade y sentó las bases para la continuación de la Reconquista. Sancho VII el Fuerte sobrevivió veintidós años a la batalla, murió en Tudela en 1234 con 80 años y fue enterrado en Roncesvalles.

Fuentes: Blog Arte, historia y curiosidades, de Julio Asunción, historiador, escritor y divulgador de cultura y tradiciones.

Manuel Pozo Gómez

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Por Manuel Pozo Gómez

San Juan a pie de puerto

La primera etapa del Camino de Santiago, del Camino francés, comienza en la localidad de San Juan a pie del Puerto, una preciosa localidad medieval a la que se accede por la puerta de Santiago y se abandona por la puerta de España en dirección a Roncesvalles.

Reconozco que subiendo las empinadísimas laderas de la parte francesa, buscando un personaje literario, pensé en escribir algo sobre Napoleón, pues esta fue la ruta que siguió una parte de sus tropas para entrar en España en 1808 (esta ruta se conoce ahora como Camino de Napoleón). Pero al atravesar los Pirineos y llegar a Roncesvalles se impone la leyenda de un nombre: Rolando.

En el año 777 unos representantes de los gobernadores musulmanes de Barcelona, Gerona, Zaragoza y Huesca, se presentaron ante del rey de los francos, Carlos, (que se convertiría en el emperador Carlomagno) para pedirle ayuda militar en su campaña contra el emir de Córdoba, Abderramán I. Carlomagno vio la oportunidad de extender la cristiandad y su propio poder, y accedió a prestar su ayuda a cambio de que se le entregase la ciudad de Zaragoza. Pero poco después el gobernador de Zaragoza cambió de opinión y de bando, se alió con el emir Abderramán y no entregó la ciudad. Carlomagno sitió Zaragoza, pero no pudo conquistarla y tuvo que regresar a Francia. En su regreso destruyó las murallas de Pamplona y la saqueó.

El 15 de agosto del año 778, al cruzar Roncesvalles de regreso a Francia, Carlomagno dejó atrás una retaguardia numerosa al mando del margrave de Bretaña, que no era otro que el famoso Rolando, y a doce caballeros principales de su reino. Se supone que unos 300 o 400 vascones se valieron de su conocimiento del terreno para atacar y derrotar a esta retaguardia en una batalla nada épica, pues se trató de una emboscada en la que los vascones utilizaron dardos, piedras que lanzaban con cestas, y derrumbamientos del terreno en los pasos estrechos. En esta emboscada murió Rolando.

Casi tres siglos después de la batalla de Roncesvalles, la emboscada se transformó en una batalla épica gracias a la literatura. A finales del siglo XI se escribió El cantar de Roldán (La Chanson de Roland), un poema épico de 4002 versos endecasílabos atribuido a un monje normando, llamado Turoldo, cuyo nombre aparece en el último verso. El cantar de Roldán es el cantar de gesta más antiguo escrito en lengua romance en Europa y se conserva en la biblioteca Bodleiana de Oxford.

¿Cuál era la importancia del Cantar? La Edad Media era un tiempo convulso en el que se necesitaban héroes. Era la época de las Cruzadas y una de las funciones del cantar de gesta era extender el mito caballeresco. En este caso los 300 o 400 vascones se convirtieron para el poeta en un numeroso ejército sarraceno, se idealizó el valor de Rolando, que pasó a ser sobrino de Carlomagno, se destacaron las virtudes de los caballeros cristianos frente a los musulmanes, se convocó la ayuda celestial para que Carlomagno pudiera acudir en ayuda de su sobrino y, por último, Rolando, destruyó su espada Durandarte para no cayese en poder de los enemigos sarracenos.

En la emboscada, el desfiladero de Roncesvalles se tiñó de sangre a causa de la cruenta batalla entre sarracenos y franceses (no entre vascones y francos). Al ver diezmado su batallón, Rolando hizo sonar su olifante. Gracias a la intervención de los ángeles, Carlomagno escuchó el angustioso sonido y emprendió la marcha para derrotar al enemigo y salvar a su sobrino. La ayuda llegó demasiado tarde y el emperador halló un paisaje desolador cubierto por el manto de la muerte. Apesadumbrado, Carlomagno juró venganza mientras sostenía en sus brazos el cuerpo de su querido sobrino Rolando.

Colegiata y monumento conmemorativo de la batalla de Roncesvalles.

El cantar de Roldán

El paisaje de Roncesvalles es sobrecogedor, muy bello en verano y durísimo en invierno. El esfuerzo muy intenso para el caminante, con un desnivel de unos 1250 metros de subida y unos 450 de bajada. La belleza de las cumbres y los bosques es fascinante y en el silencio y la soledad de las cumbres todavía es fácil oír el olifante de

Iglesia de Santiago en Roncesvalles

Rolando pidiendo ayuda. La sensación del peregrino actual es que el hecho literario, la Chanson de Roland, es mucho más trascendente que el hecho histórico en el que se inspiró.

En recuerdo de aquel suceso y de tan magnífica obra, cada 15 de agosto se realiza una lectura dramatizada del Cantar de Roldán en la iglesia de Santiago, junto a la colegiata de Roncesvalles.

A continuación un breve fragmento de El cantar de Roldán.

CIV
El combate es magnífico, la lucha se torna general. El conde Roldán no preserva su persona. Hiere con su pica mientras le dura el asta; después de quince golpes la ha roto, destrozándola completamente. Entonces desnuda a Durandarte, su buena espada. Espolea a su caballo y acomete a Chernublo. Le parte el yelmo en el que centellean los carbunclos, le desgarra la cofia junto con el cuero cabelludo, le hiende el rostro entre los dos ojos y la cota blanca de menudas mallas, y el tronco hasta la horcajadura. A través de la silla, con incrustaciones de oro, la espada se hunde en el caballo. Le parte el espinazo sin buscar la juntura y lo derriba muerto con su jinete sobre la abundante hierba del prado. Luego le dice:
-¡Hijo de siervo! ¡En mala hora os pusisteis en camino! No será Mahoma quien os preste su ayuda. ¡Un truhán como vos no habría de ganar una batalla!
CV
El conde Roldán cabalga por todo el campo. Enarbola a Durandarte, afilada y tajante. Gran matanza provoca entre los sarracenos. ¡Si lo hubierais visto arrojar muerto sobre muerto y derramar en charcos la clara sangre! Cubiertos de ella están sus dos brazos y su cota, y su buen corcel tiene rojos el pescuezo y el lomo. No le va en zaga Oliveros, ni los doce pares, ni los francos que hieren con redoblado ardor.
Mueren los infieles, algunos desfallecen. Y el arzobispo exclama:
-¡Benditos sean nuestros barones! ¡Montjoie! Es el grito de guerra de Carlomagno.

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Por José Sainz de la Maza

En el transepto sur de la Abadía de Westminster, en Londres, se encuentra un lugar al que se conoce con un nombre tan sugestivo como El rincón de los poetas. Allí están enterrados o recordados mediante monumentos funerarios o simples lápidas, un buen número de escritores e intérpretes británicos de todas las disciplinas posibles, además unos pocos artistas más o menos alejados del mundo de las letras. Dispersos aquí y allá, se encuentran también algunos abades, deanes y canónigos de Westminster que no se sabe cómo recalaron en el Rincón.

IMG-20170606-WA0002La Abadía se construyó en la Edad Media, cuando en el occidente europeo no había más doctrina cristiana que la católica y papista. Sin embargo en el siglo XVI, tras la adhesión de Enrique VIII a la reforma, la Abadía de Westminster cambió radicalmente. Continuó siendo un emplazamiento religioso íntimamente relacionado con la corona, pero con la extinción del monacato, dejó de ser un monasterio benedictino para convertirse en el templo bandera de la nueva monarquía anglicana. Alejada del catolicismo, se procedió a la retirada de las imágenes religiosas que hasta entonces cobijaba y se perdió la función de oración a los santos a los que se consagraban sus numerosas capillas. Aunque antes de Enrique VIII la Abadía de Westminster ya ejercía como lugar de enterramiento de los reyes ingleses, a partir de entonces sus espacios libres de esculturas y altares, pasaron a convertirse en sitios predilectos para ubicar las sepulturas de personas lo suficientemente notables, como para aspirar a tener como vecinos de su eterno descanso a renombrados soberanos, como Eduardo I el Zanquilargo, Eduardo III el Confesor o Isabel I, la reina virgen. Esta magnífica construcción gótica, con una pureza de estilo y una elegancia sublimes, con algunas vidrieras extraordinarias y con otras piezas estructurales y de mobiliario únicas en el mundo es, además de un espectacular marco para las celebraciones reales, un enorme cementerio.

IMG-20170606-WA0004Hay cientos de personas enterradas en Westminster y miles recordadas en estelas y cenotafios, casi todos con el título de Sir: Isaac Newton, Charles Darwin, Henry Purcell, el doctor David Livingston, Winston Churchill… Hay tantas, y esto a mí me hace mucha gracia, que se han organizado por zonas. De manera que hay una nave de los estadistas en el transepto norte; una de músicos junto al coro, en el lado del evangelio, muy cerca de donde se ubican los científicos, y un poco alejado de todos ellos, El rincón de los poetas.

Resulta muy gratificante que personas como William Shakespeare, Charles Dickens, Jane Austen, las hermanas Brönte, John Keats, Walter Scott, Lewis Carroll o Rudyard Kipling estén aquí enterradas o recordadas con sus nombres grabados en piedra o vidrio. Asombroso, diría yo, verdaderamente sobresaliente, diría tal vez alguno de los atildados ingleses recordados en este especial Rincón. Su simple existencia supone un reconocimiento social y un envidiable tributo al arte, sin embargo, al mismo tiempo, se me viene a la cabeza otra reflexión. Porque aunque es verdad que todos estos autores tienen aquí acomodo para su recuerdo, a John Milton, por ejemplo, debido a su implicación en régimen republicano de Oliver Cromwell, no se le admitió en la Abadía hasta 63 años después de su muerte, a lord Byron, el hombre disipado y libertino que escandalizó a la sociedad en que vivió, se le grabaron las letras de su nombre en 1969 y Óscar Wilde, perseguido y condenado por su homosexualidad, no encontró impreso el suyo en El rincón de los poetas nada menos que hasta 1995, cuando ya no había espacio en las paredes y se hubo de rotular en la cristalera de una ventana.

IMG-20170606-WA0003La sociedad bienpensante encuentra con frecuencia en los escritores los chivos expiatorios donde conjurar los demonios que repudia, esto es así y lo ha sido en otros tiempos, está escrito en los libros de historia, también en la del Reino Unido. Sin embargo, y esto me parece importante, a veces hay autoridades capaces de rectificar y esto, en parte, repara el daño, porque aunque a Milton, a Wilde y a Byron esa reparación ya no les importe, lo cierto es que siempre es reconfortante comprobar que después de mil batallas perdidas, la guerra la ganan el arte y la belleza.

 

José Sainz de la Maza

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Por Luis Marín

Si caminas desde el inicio, en la parte sur de la avenida Unter den Linden, hacia la puerta de Brandemburgo, a los pocos metros del Museo de Historia Alemán, y después de pasar el pequeño edificio neoclásico de la Nueva Guardia con su pórtico de columnas dóricas, se llega a la fachada de la Universidad Humboldt en Berlín.

DSC_6619Justo en frente se encuentra la Bebelplatz, flanqueada por la Staatsoper Unter den Linden (antigua ópera de la ciudad hoy inmersa en obras de rehabilitación) y unas de las dependencias de la Universidad. Cerrando la plaza la Catedral de Santa Eduvigis del sigrlo XVIII (reconstruida entre los años 1952 y 1963), con sus cúpulas verdosas.

La plaza recibe el nombre de August Bebel, líder fundamental del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en el siglo XIX.

Aparte de los edificios, es tristemente famosa por la quema de libros que se llevó a cabo el 10 de mayo de 1933 por miembros de las camisas pardas y las Juventudes Hitlerianas instigados por el ministro de propaganda Goebbels. Se quemaron alrededor de veinte mil ejemplares, incluyendo obras de Karl Marx.

Existe una placa conmemorativa  al lado de una pieza de cristal sobre el suelo de la plaza por la que se pueden observar estantes de libros vacíos en el subsuelo. En la placa una cita del autor Heinrich Heine que dice: “Das war ein Vorspiel nur, dort wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen.” (Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas.)

Todos los años, los estudiantes de la universidad celebran una fiesta conmemorativa en la fecha de la quema, montando un mercadillo de libros.

Luis      Luis Marín, primaduroveral

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