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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Una vez más, asistimos a la marcha de uno de los escritores de referencia, Juan Marsé. Como siempre, o casi siempre, pasa justo en el momento después de su adiós, ríos de artículos y homenajes que tratan de hacer justicia a una obra encomiable. Desde la óptica de un blog como este, diríamos que envidiable, ya que la mayor parte de los miembros y seguidores de este foro son (o alguno pretendemos ser) escritores.

Este blog no va a ser menos y trataremos desde aquí de dejar nuestra impronta, en este caso, haciéndonos eco de una cierta impostura institucional que le toco sufrir, solo porque no estaba en una determinada corriente de pensamiento.

En esa línea, hoy mismo, Arturo Pérez Reverte escribe en la edición cultural de un periódico sobre un miserable ninguneo al que fue sometido. En ese contexto, con quizá su obra principal, “Últimas tardes con Teresa”, retrató un mundo y una generación con un trabajo de una minuciosidad tal que cuando uno quiere comprender lo que fue la Cataluña de los charnegos, la Cataluña social, de los años cincuenta y sesenta, es imprescindible acudir a su obra.

Reverte sigue diciendo que Marsé es la Barcelona de mediados del siglo XX de igual modo que Quevedo es el Madrid de los Austrias o Galdós el Madrid del XIX. Se puede o no estar de acuerdo, pero ahí queda.

Ha sido, y será siempre, un novelista español de la llamada generación de los 50, concretamente de la denominada Escuela de Barcelona, corriente que involucraba a sus amigos Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Juan García Hortelano, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, Terenci Moix y Eduardo Mendoza.

Y para ir enriqueciendo esta reseña – homenaje, vamos a reproducir algunas frases extraídas de su discurso al recibir el premio Cervantes en 2008:

No me siento a gusto manejando teorías acerca de la naturaleza o la finalidad de la ficción”. /  “No me considero un intelectual, solamente un narrador”. /  “Procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje.” / “Será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, bondad u oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo”. / “Soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión”. / “Hay quien piensa que como se puede ser un catalán que escribe en lengua castellana. Yo nunca vi en ello nada anormal. Y aunque creo que la inmensa mayoría comparte mi opinión, hay sin embargo quien piensa se trata de una anomalía”. / “La dualidad cultural y lingüística de Cataluña que tanto preocupa, y que en mi opinión nos enriquece a todos, yo la he vivido desde que tengo uso de razón“.

Hoy, en otro periódico, en ese caso catalán, Carlos Zanón, en un artículo titulado ‘La mirada del apache’ dice sobre Marsé “Ese mirar desde fuera hacia dentro de Marsé, esa fuerza narrativa del barrio, su literatura autodidacta, deslumbró desde un principio a una maquinaria intelectual sofisticada

Para finalizar un extracto de ‘Ultimas tardes con Teresa’, que junto a ‘La oscura historia de la prima Montse’, ‘Si te dicen que caí’, ‘La muchacha de las bragas de oro’, ‘Un día volveré’, ‘El amante bilingüe’, o ‘El embrujo de Shanghai’, supondría su obra más representativa:

Y allí aquella noche como en ésta aquí, contestó con fervor: «Es mi novia» ante alguien que sonrió incrédulo, mirándole burlonamente y con algo de pena; y lo mismo que ahora, él sospechó ya entonces que lo más humillante, lo más desconsolador y doloroso no sería el ir a parar algún día a la cárcel o tener que renunciar a Teresa, sino la brutal convicción de que a él nadie, ni aun los que le habían visto besar a Teresa con la mayor ternura, podría tomarle nunca en serio ni creerle capaz de haberla amado de verdad y de haber sido correspondido.“

Hasta siempre, Juan Marsé.

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Presentamos un nuevo capítulo de CINEKLUB. En esta ocasión Vicente Moreno dialoga con José Sainz de la Maza sobre la película El sur, dirigida por Víctor Erice y protagonizada por Omero Antonutti, Lola Cardona, Sonsoles Aranguren e Iciar Bollaín. La película se basa en la novela El sur, de la escritora Adelaida García Morales.

Estaba previsto que la película iba a tener una segunda parte, pero surgieron problemas de financiación. Mientras se resolvían los problemas económicos El sur fue seleccionada en el festival de Cannes y ganó varios certámenes, por lo que se decidió dejarla tal y como estaba.

Sus escenas se rodaron en Ezcaray, en Logroño y en el café Barbieri de Madrid, entre otros sitios. Destaca de esta película su comienzo, rodado con una cámara fija, que determina el ambiente del resto de la cinta. Pero serán Vicente Moreno y José Sainz de la Maza quienes nos vayan desvelando sus secretos en esta interesante conversación.

 

 

Vicente nació en Valladolid. Es coautor del libro de relatos Madrid Sky, en el que publicó el relato El viento de la pradera, y del libro 2056 Anno Domini, en el que publicó el relato Catedrales. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán. Informático de profesión, es un gran lector y un apasionado del cine. Actualmente dirige la sección Cineklub del blog Primaduroverales.

 

 

José Sainz de la Maza es miembro de la asociación Primaduroverales. Ha resultado ganador de varios certámenes literarios, entre ellos el V certamen literario Villa de Cabra del Santo Cristo y el IV certamen de relato Navidad Solidaria, organizado por la biblioteca de Castilla La Mancha. Es coautor de los libros Madrid Sky (Uno editorial), 2056, Anno Domini, Incómodos (editorial Relee), Error 404 (editorial Relee) y Arritmias (editorial Relee).

 

 

 

 

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He decidido empezar (y titular) esta última crónica del curso con la cita de Miguel Hernández. Este año, como todos sabéis, ha sido duro. Se da la circunstancia de que empezamos con proyectos de novela que deberían usar el recurso de la ucronía. Aquel proyecto quedó interrumpido por la llegada de la pandemia.

Mientras empiezo a recapitular me viene inmediatamente a la cabeza una idea ucrónica ¿qué hubiera pasado sin pandemia? ¿se habrían cumplido aquellos deseos que todos nos planteamos en la noche del treinta y uno de diciembre, mientras tomábamos las uvas? Quién sabe.

 

Sin pandemia, a cambio de tanto sufrimiento vivido y acumulado, no hubiéramos conocido a algunos personajes, ya inolvidables, como la ‘Encarna’, de Carlos Cerdán, quitándose los pendientes antes de irse a dormir, o el ‘Clodoviro’ de Paco Plaza, que engordaba tranquilo mientras un poto impertinente no callaba nunca, o la zapatilla de José Sainz de la Maza, que, cansada de la vida, nos enseñó ‘carne’ por un agujero. Y, claro, no habríamos hecho los viajes a los que nos llevaba, bailando cada mañana, Alicia Gallego.

Y ¿qué hubiera sido de las guerras vecinales que tan bien nos documentó Manuel Pozo o los enfados de Luis Marín, perfectamente reflejados en sus diarios? No hay que olvidar el toque de lirismo de Lourdes Chorro, que lo ha mantenido durante el confinamiento (Lourdes a la que hay que leer más de una vez, porque, como sabéis, se le reconoce autoridad). Qué decir de un personaje sabio y real, un tal Fabio, del que Olga Torralba nos contó algo o mucho.

Sin confinamiento, tampoco hubiéramos tenido la oportunidad de ver la maestría de Juan Santos sobre cómo limpiar pueblos en un libro. Y no habríamos conocido o recordado tantas mujeres olvidadas, que también nos documentó Pilar Couso.

En esta cara de la ucrónica, la de la dureza de la pandemia, nadie nos hubiera retratado mejor que Luis Jiménez haciendo cola para entrar en un supermercado, mientras Juan-Jo Valle-Inclán nos puso ante el espejo con un método para conseguir el perfecto cuerpo esférico. Y quién no conoce a otro personaje muy real, Laira, alrededor de la que María Sánchez nos obsequió algunos textos magníficos (claro, cuándo no es jueves cuando escribe María, incluso en confinamiento).

Bueno, me cuesta seguir recreando lo que no hubiéramos vivido o leído sin la pandemia. Sé que, en esta cara de la ucronía, han escrito más, que ha habido más personajes. Sé que me dejo gente en el tintero. Que me perdonen. Pero no paro de pensar en los deseos y proyectos planteados la nochevieja, con las uvas y las campanadas.

Ayer hubo taller, claro, y por eso hoy sale una crónica, la última de este curso. Y conviene recordar que hubo cuatro textos (retomando los autores sus proyectos de novela con ucronía) que se leyeron y criticaron, y también ocurrió algo inusual. Las críticas se vierten normalmente hacia los textos presentados, pero ayer también recibió un aluvión de críticas un crítico. Qué cosas.

Asistió como invitado especial nuestro buen amigo, y mejor escritor, Domingo Jiménez Lacaci, quién hizo aportaciones muy interesantes.

Empezó María Sanchez Robles, que continúa con su proyecto sobre Van Gogh y nos trajo XXX. PIETÀ. Excelente texto, como las anteriores entregas. La verdad es que no cuesta reconocer un personaje atormentado, magníficamente retratado, mientras da lo mismo que se sepa que es un personaje histórico o no. Aquí queda un pasaje para ilustrar: “Se sienta frente a un cuadro y libera el color del amor y la muerte con pinceladas agresivas, vivaces, terribles, que le llegan como un discurso

A continuación, Luis Marín nos presentó un momento muy importante de su proyecto “La boda de Manuel”. Luis nos cuenta de una forma muy gráfica, la escena y los personajes de una boda humilde de hace mucho tiempo. Además, deja trazos de conflictos que aunque no evidentes se apuntan y dejan ganas de más. Un trozo: “Curro rasgueaba la guitarra, aunque ya no había voces para acompañarla. Sus sentimientos temblaban en las cuerdas con sus dedos agarrotados en un silencio íntimo”.

Paco Plaza nos leyó un capítulo, el capitulo F, de su proyecto. En esta ocasión sitúa la acción en un escenario tan seco, tan duro, que todos lo vimos más que leerlo. Tal como nos tiene acostumbrados, allí donde menos te lo esperas, aparece un giro mágico que realza el texto. Un extracto para comprobar: “Así, como el ojo de un caracol ancestral, el hombre pasaba el tiempo entre sol y sol fuera de la casa, siempre encontraba labor qué hacer y si no la había vigilaba, sentado a la sombra de un viejo castaño que hermoseaba una loma

Para finalizar, Carlos Cerdán, también continuando con su proyecto, nos trajo un espacio y una acción que se desarrolla en un convento cisterciense. Allí, Anselmo, su personaje central, trata de encontrar la paz y el sosiego, mientras ayuda en el huerto y, por supuesto, en una pequeña plantación muy especial. Una muestra: “A las diez de la mañana la mitad de los monjes dejan sus tareas, se reúnen en la capilla y celebran la comunión diaria. Es una ceremonia en la que tras una serie de salmodias se fuman de modo colectivo…

Y esto es todo por hoy, y por este curso, amig@s. Este blog continuará activo durante todo el verano para, ya en octubre, reiniciar esta costumbre de las crónicas del Taller de Creación literaria de cada jueves.

“No hay beso que no sea principio de despedida, incluso el de llegada (George Bernard Shaw)”

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Sidi. Por Luis Marín

SIDI

Arturo Pérez Reverte

Por Luis Marín Domínguez

Sidi Qambitur (señor campeador) es una visión personal del autor sobre una de las mayores leyendas de la historia de España y en especial de la llamada Reconquista. Utiliza el personaje de Ruy (Rodrigo) Díaz y el destierro impuesto por el rey de Castilla Alfonso VI. Como el propio autor indica, la historia conjuga hechos y personajes reales, con otros de ficción. Lo mismo ocurre con los lugares que aparecen en la novela.

La figura del Cid, ha sido tratada de forma extensa por estudiosos, investigadores y novelistas. También ha sido un símbolo heroico que se ha enseñado en las escuelas como seña de identidad de los héroes nacionales.

Arturo Pérez Reverte, con su maestría en el lenguaje de la época, narra una parte de la historia del guerrero más famoso de nuestra historia. Se centra en la campaña del rey moro de Zaragoza contra su hermano, rey de Lérida aliado con el conde de Barcelona. Nos muestra un Ruy Díaz mercenario hasta la médula. Puede que sea difícil comprender desde la visión de este siglo la situación de los pequeños reinos de la península en el siglo XI. La vida se desarrollaba entre guerra y guerra, los reinos eran derrocados una y otra vez a diestra y siniestra sin solución de continuidad. Hoy se peleaba contra un rey y mañana se formaba parte de su ejército para batallar contra otro diferente.

Hace poco vi una película sobre el rey Arturo y sus caballeros y no pude evitar hacer comparaciones con el libro que acababa de leer. Pocas diferencias se pueden encontrar entre una leyenda y la otra.

A veces se puede tener la tentación de querer haber vivido esa época. A mí la verdad no me atrae mucho pasar meses en pleno campo, con las manos y las uñas sucias donde se acumulan sangre, polvo y otros elementos desconocidos. Una vida a caballo cargado de cota de malla, loriga, casco, escudo, espada y otros aditamentos. Cómo debían de ser aquellos caballos para mover todo ese peso, añadido al propio de sus protecciones. Todo ello lo detalla Pérez Reverte, metiéndonos en la batalla como un guerrero más.

En este libro no aparecen mujeres. Miento, sólo a la hermana del rey de Zaragoza Al-Mutamán le dedica algunas líneas como personaje activo. Jimena es sólo una referencia.

Es conocida la diversidad de opiniones acerca del polémico autor de esta obra. Para mí no es necesario coincidir con sus opiniones para disfrutar de la ficción que puede generar su pluma. Un libro bien estructurado, de una extensión razonable y con un personaje que nos llena de curiosidad.

 

Luis Marín es un gran lector y aficionado a la escritura, sin embargo se dedicó profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

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Por: Paco Plaza

Tuvimos el pasado jueves nuestro ¿último? taller de creación literaria del curso 2019-2020 por videollamada. Ya se ha cerrado para el próximo jueves una quedada alrededor de unas cervezas y después ya habrá algunos de nosotros que migren a otras tierras para solaz esparcimiento.

Nos reunimos esta vez en torno a unos relatos inspirados en una frase propuesta por Pura (gracias Pura por mantener viva la chispa creativa del grupo) y que ésta a su vez estaba contenida en un relato propuesto por María. La frase en cuestión era la siguiente:

“Llevan horas arreglando los paquetes que se llevarán consigo para aquellos tres días que pasarán fuera del hogar. Su intuición les dicta que habrán de ser muchos más. No se han tragado la comunicación oficial.”

La propuesta era hacer un relato en el que dicha frase debía aparecer, al principio, en el medio o al final.

Tuvimos cinco excelentes respuestas al reto. Todas interesantes y con planteamientos que daban para pensar, y mucho.

Empezamos con María Sánchez y su relato “Cucarachas”. La frase en cuestión era empleada por miembros de un programa de telebasura al uso y en el que se va a hacer una desinfección porque los espectadores han visto cucarachas, aunque éstas no han sido observadas por los concursantes. Una metáfora muy oportuna que retrata muy bien a los participantes en ese tipo de programas, aunque hubo también algún alma cándida que se apiadaba de ellos porque, a fin de cuentas, también eran engañados. Metáforas a troche y moche. Como muestra un botón:

A alguno entonces se le pasa por la cabeza la palabra metáfora, pero enseguida piensa que no está seguro del significado, si hubiera terminado el instituto… y a otro la palabra engaño, pero a alguien en ese instante se le ocurre que deberían disfrutar del jacuzzi por última vez, de manera que todos acaban pensando en el edredoning de después del botellón…”

Seguimos con el relato de Vicente MorenoLa espera”. Un microrrelato en este caso ya que estamos hablando de diez líneas, pero no hace falta más. Rotundo y brutal Vicente nos transporta al terror del holocausto. Genial en su concepción, estructura y condensación, el cuento viene después y lo conocemos todos, desgraciadamente.

“La mujer mira el reloj de pared y echa un último vistazo a la bolsa en la que ha guardado la ropa del bebé. Se pone el abrigo y comprueba que la estrella amarilla está bien cosida a la manga, luego coge en brazos a su hijo y se dispone a esperar.”

En el medio, como el jueves en el que estábamos, vimos el cuento titulado “El cuadro”, de Lourdes Chorro. Transgresora como solo sabe ser ella, nos regaló un relato de difícil lectura en el que vamos navegando entre tres distintos niveles de narración, el presente de la autora que escribe un relato en el que se habla de un sueño en el que hay un cuadro que cobra vida y que finalmente se mezcla con el presente. Admirable y complejo ejercicio que parece que a Lourdes le sale “de natural” sin apenas pensarlo. Es genial tener a escritores como Lourdes en un taller de creación literaria. Vease:

“En una extraña pared había un cuadro en blanco y negro con un capazo de bebé pegado a un radiador como una capilla pegada a un altar. Una mujer lo miraba como un vano sin ventana. La mujer llevaba puesta una gruesa bata de invierno.  Si yo fuese ella, pensé, tendría un dilema: dejar al niño pegado al radiador o cogerle en brazos para intentar darle calor, pero yo no soy ella.”

Continuamos con Carlos Cerdán, siempre fiel a todos los retos, con “Las mentiras”. Un cuento que esconde un lado oscuro y abre la puerta a un futuro en el que no hay cabida para los que superen cierto umbral de edad, al modo de “La fuga de Logan” o la vieja película “Cuando el destino nos alcance”. Un dilema entorno a como la sociedad debe enfrentarse a una longevidad y a una proliferación de enfermedades seniles nunca antes observada en la humanidad.

“- ¿Has cogido tus pastillas? – escucha la voz de su mujer.

– Sí – responde y la mentira le incomoda. Es la segunda vez que lo hace tras más de cincuenta años con ella, la primera fue hace una semana, cuando le leyó el comunicado. Piensa que aún tendrá que decirle alguna más, aunque ya ¡qué más da!

– ¡Mira, asómate a la ventana! – le grita su mujer.

En la acera se ha detenido una furgoneta oscura con los cristales tintados, dos hombres con uniforme negro bajan se bajan de ella, el más alto se ajusta el correaje, mira a su alrededor buscando el número de la casa que figura en su lista y se la señala al otro. “

Terminamos con el cuento “Solo serán tres días” de Juan Santos. Juan suele mostrarnos escenas cotidianas, tramas sencillas y veraces, personajes reconocibles y situaciones que dan para pensar. Cómo los ancianos a veces sirven, con su pensión, para aliviar la economía de algunas familias y cómo, una vez las necesidades económicas están cubiertas, se convierten en un problema en el hogar conyugal. Esto tenemos que hacérnoslo ver.

“–Mamá, no es necesario que eches tanto equipaje, allí no necesitáis nada y además sólo serán tres días.

–Eso mismo le estoy diciendo yo –dice Isidro, mirando con ternura a su hijo– Yo solo llevo un cuaderno y un boli.

Pero Kati no se puede callar y con la sonrisa que le caracteriza, se apresura a reprender las palabras de Manuel.

–Tú déjales que echen todo el equipaje que quieran, a lo mejor les gusta la residencia y se quedan allí.”

Y así terminamos nuestra sesión con la alegre perspectiva de vernos la próxima vez entorno a una mesa en una terraza madrileña y no a través de ZOOM.

Hasta el próximo jueves.

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Publicamos un magnífico relato de Carmen Soteres, titulado Un vuelo corto. Este relato fue finalista en el Primer Certamen de Relato Breve Guindostán. También te ofrecemos el audio, publicado en el blog A voz en cuento.

Un vuelo corto

Carmen Soteres

Uno de agosto… Anuncian cuarenta y dos grados ¡cuarenta y dos grados! Si no trabajaras hasta media tarde, podríamos salir temprano y no consumirnos en ese delirio general,  para conseguir medio pino que dé sombra, media bañera de agua de mar con niños gritando y salpicando, una vaca a la que habrá que ordeñar y estar contento, porque es maravilloso. Aire, necesito aire de verdad, y no ese artefacto con sus aspas lentas, machaconas. Aspas como buitres sobrevolando mi cadáver. Vueltas de aire viciado, tiovivo gris sin emociones. Me ahogo… y luego será peor. Vacaciones… ¡Genial, maravilloso!… Preferiría que se hundiera la casa ahora mismo. Te oigo trajinar antes de marcharte… El borboteo de la cafetera, la tostadora saltando… Sonidos tan diligentes como odiosos. Tumbado en la cama, intento taparme la cabeza con la sábana, en un vano intento por aislarme. Ahora la ducha, mucho tiempo, demasiado tiempo; arrastrando los vestigios, el olor que yo te haya podido dejar. Estás indefensa ahí dentro, podría aplastar tu cabeza y fingir que te has escurrido. Te oigo decir adiós, más cerca que otros días, un beso al aire, de compromiso. Hoy me necesitas. Me hago el dormido… ¿o lo estoy? “Podrías levantarte pronto por una vez” –dices, con ese falso aire despreocupado. No puedo incorporarme, tengo el cuerpo de plomo. No hay salida, solo tiempo y más tiempo. Quisiera dormir para siempre, y luego, poder ver tu cara cuando al llegar a casa me encuentres muerto… ¿Qué harías, llorar, reír o ambas cosas? ¿Cuánto te costaría acostumbrarte a mí no presencia? Nada crees, nada supongo. O tal vez te cueste mucho no tener a nadie a quien hacer llegar tu desprecio. Esa ropa huele a sudor ¿no?, ¿es que no te cansas de ver la tele? Hoy, primero, casi en un susurro: “Prepara las cosas, en cuanto llegue podemos salir”…  Después, a la mierda los matices. “¡Date prisa!” –dices, “rémora” –piensas. No digo nada, no quiero decir nada ¿de qué serviría? Alguien que no produce es un parásito. A casa de tu madre, a ese pueblo miserable para quitarme la piel entre las dos. Ya lo dejaste caer, como por casualidad, “Eso es lo único que nos podemos permitir”. Que tú tampoco quieres ir, pero que no hay más remedio y luego ya crecida… “Ya me gustaría a mí poder ir a la playa y cenar en un buen restaurante”. Me provocas, pero ya no escucho, ya no siento. Soy una babosa que se arrastra, un ser que se encoge como una esponja marina fuera del agua, un harapo que no usaría ni un indigente, una sombra que pierde sus contornos.

No entra nada de aire por esa ventana. ¡Un pájaro! Hace mucho que no se posa ninguno. Parece perdido también… estará achicharrado… Pía, se esponja, vuelve a piar y vuela. Es un vuelo corto, habrá visto una migaja. Un vuelo productivo, luego dará otro, también corto, en el fondo no quiere alejarse de casa ¿verdad? Es lo único que tiene, pero en el breve espacio de tiempo que vuela, es libre, puede ir donde le plazca sin dar explicaciones, por sus propios medios… Yo también podría volar, un vuelo corto y definitivo ¿Y si me fuera antes que llegaras? Me buscarías por toda la casa, gritarías crispada al comprobar que no tengo nada preparado y luego… bajarías al garaje, para descubrir que no está el auto. Llamarías a tu madre “Ese desgraciado se ha llevado el coche, pero no irá lejos sin gasolina”.

Alguien entra en casa ¿Eres tú?… Es pronto… ¿Lloras? Un chorro de sudor resbala por mi cuello, mientras me levanto. La cómoda tiene vida, se eleva del suelo y gira. Llego al salón apoyándome en las paredes del pasillo. Estás sentada en el sofá, la cabeza como desmembrada encima de la mesa. Me falta aún más el aire y me quedo mirándote sin decir nada. Intuyes mi presencia, porque levantas la cara y me miras con esos ojos duros, que ahora parecen de piojo, casi ensangrentados. Entre babas y mocos dices: “Ha pasado algo horrible… me han despedido”. Paras, te atragantas, tu llanto desordenado hace que mi cuerpo se apriete. “Dicen que lo sienten, que no pueden soportar los gastos”. Sigues llorando, mientras noto desaparecer el mareo. Estás hipando, sin aliento, casi no te puedo entender, “Han dicho eso, pero… no es verdad, solo me han… despedido a mí”. Ahora la cabeza te cae sobre el pecho. Reconozco ese desconsuelo. No sé qué hacer ni que decir, pero por primera vez en mucho tiempo me acerco a ti y te abrazo.

Un vuelo corto.

Carmen Soteres. Audio del blog A voz en cuento, de Jose Jesús García Rueda.

 

Carmen Soteres es coatura del libro de relatos Primaduroverales, cuentos. Es autora de la novela Y pudo dejar flores en su tumba (editorial Verbum 2015). Mujer apasionada por la literatura y la pintura, en 2019 ha publicado en coautoría el libro de relatos Sobremesas manchadas de café y tinta.

 

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No vayáis a creer que por haber analizado solo dos textos en el taller de ayer la crónica resultaría fácil. No. Si mencionamos en este foro a Sainz de la Maza, todos sabemos quién es y, más o menos, lo que esperamos cuando nos presenta sus creaciones; la expectativa siempre es alta. Si hablamos de Murakami aparecerán ciertas dudas sobre cómo leer de sus obras o que, posiblemente, nos veamos algo confusos sobre si lo hemos comprendido bien o, por el contrario, nos dedicamos a disfrutar cuando nos zambullimos en lo que escribe.

Al final, da igual. La crónica no está siendo fácil, porque que no hay suficiente espacio ni tiempo para recoger aquí, en cantidad y calidad, una buena síntesis de todo lo que se comentó a lo largo de dos horas, que resultaron cortas. Pero como quien no quiere la cosa, ya van dos párrafos y este cronista no ha hecho mención, aún, a los contenidos, ya atisbados, que se analizaron ayer.

José Sainz de la Maza, después de esta pausa pandémica, re-inició su proyecto de novela con ucronía, que quedó interrumpida allá por el mes de febrero. Trajo al taller su segunda parte del capítulo segundo. El nos dijo que el texto se titulaba “La luz acaramelada de las farolas de la Avenida Oms”. Esta avenida estaba, y está, siendo transitada por Eva Yarina, uno de los personajes de una noche muy larga, una noche hecha para insomnes. Eva se encamina hacia un “allnight” donde, suponemos, quiere dar un giro a su vida. En ese paseo corto, pero que por su lentitud se hace largo, casi como un viaje iniciático, es previsible para el personaje, va dibujando lo que vemos y lo que intuimos, pero también hay asuntos que ni si quiera intuimos, pero creemos, o incluso deseamos, que estarán en la sucesión de horas de esta noche que se avecina en “Club Pickwick”. La intriga con que nos va engatusando José, queda abierta y entre otras cosas que esperamos, está la futura, o no, relación de Eva con los Cuvex que se ubican en el interior del Pickwick. Ya se verá. No sé si alguien se estará mordiendo las uñas. Mientras tanto, ahí una pequeña muestra del paseo por la Avenida Oms:

Lo primero que llama la atención de Eva de la persona que atiende la barra son los tatuajes de sus brazos. Seres fantásticos quizá asociados a alguna tradición que ella desconoce. Serpientes, dragones, estrellas, medias lunas… A pesar de que apenas le queda algún centímetro de sus brazos sin tinta, su presencia no la intimida, al revés, le parece un buen tipo. Y eso la extraña, porque siempre ha sentido rechazo por los tatuajes. Se le ocurre a Eva que tal vez no le transmita el desdén o la inquietud habituales porque sus tatuajes no son monocromos, sino todo lo contrario. Las figuras que parecen torturadas en sus musculosos brazos, están coloreadas y sus azules, verdes y amarillos parecen dulcificarlas, asemejándolas a grabados orientales

En este taller pasan cosas interesantes, a veces extraordinarias. Por las razones que fueran, coincidieron uno de nuestros mejores escritores, José Sainz de la Maza, con la presencia de Murakami. Leímos y analizamos “La chica perfecta”. Y mirad por donde, una curiosa contraposición de la noche, larga para insomnes del primero, con una bonita mañana de abril, que es como comienza el cuento corto del autor japonés.

Un largo debate, opiniones, alguna controversia. Bueno, pues una tarde más en el taller analizando un texto de los grandes. Pareció quedar claro que había dos partes el cuento, o incluso tres. Nos pareció a la mayoría sencillo y claro de leer, pero el cuento, la primera vez que se lee, te puede impresionar el final. Porque podría parecer que la historia es solo eso, una invención, que al protagonista se le ha ocurrido después de haber visto a la chica. Pero podría, también, no ser lo que realmente que ha pasado. Da que pensar, porque se podría decir que es la historia que ha contado el protagonista proveniente de su imaginación, no de lo que realmente podría haber pasado. Esto es parte del juego. ¿Si? ¿O no? Da que pensar. Para ilustrar, o para distraer o para confundir, o para quien sabe qué, ahí va una parte de “la chica perfecta” del tal Murakami:

´Mientras conversaban sentados, sin embargo, una pequeña, pequeña sombra de duda enraizó en sus corazones: ¿Estaba bien que los sueños de alguien se hicieran realidad tan fácilmente?

Y así, cuando se produjo una pausa momentánea en su conversación, el chico le dijo a la chica: “Vamos a probarlo para nosotros una vez. Si realmente somos el amor perfecto del otro, entonces alguna vez, en algún lugar, nos encontraremos otra vez sin duda. Y cuando pase, sabremos que somos la pareja perfecta, y nos casaremos. ¿Qué piensas?”

“Sí,” dijo ella, “eso es exactamente lo que deberíamos hacer.”

Y entonces se separaron, ella fue al este, y él al oeste

Que todos vosotros lo paséis bien, que leáis, que escribáis, tanto si es en noches para insomnes o mañanas bonitas de abril o en una tarde de mayo como la de ayer. Hasta la semana que viene amig@s.

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Por: Luis Marín

Las clases virtuales no decaen, como debe ser. Nos reunimos, doce o trece, alrededor de lo que podríamos llamar una mesa camilla imaginaria, al calor del brasero de la amistad, para degustar los platos que se preparan día a día en las cocinas particulares de cada uno. La variedad de sabores no desmerece al mejor menú que pudiéramos imaginar.

Hoy hemos degustado, como aperitivo un diario intimista de Manuel Pozo donde nos relata a posteriori la experiencia del ingreso de su madre por problemas ajenos al virus que nos confina. Con un tono aséptico, en apariencia falto de sentimiento, deja que en su texto se vean las emociones que provocan los sucesos y la inquietud del distanciamiento que impide un contacto directo con el ser más querido.

“…El viernes nos dicen desde el hospital que sigue asintomática. El sábado le dan el alta sin hacerle una nueva prueba, por lo que suponemos que sigue siendo positivo. Nosotros tres hemos llamado cada uno a nuestro centro de salud para hacernos la prueba, pero nos dicen que al personal asintomático no se la hacen, que no hay test para todo el mundo. Nos toca cumplir los catorce días de aislamiento en una habitación. Ahora mi madre está con mi hermano, los dos posibles positivos, y mi hermana y yo cada uno en nuestra casa”….

De primer plato, la familia que se ha sacado Carlos Cerdán del arcón nos mantiene expectantes cada día para leer el siguiente capítulo. Hoy hemos analizado su diario 39. Con una estructura de presentación (noticias cotidianas), conflicto (rotura del armario de la cocina) y desenlace (avatares de la reparación) mientras el suegro observa, vaso de agua en mano, los pasos inciertos que da un inexperto en bricolaje, con poco acierto, para devolver la puerta del armario a su sitio.

“…Voy a por un vaso de agua, me dice. ¡Coño, qué casualidad! pienso, es la primera vez que se molesta en hacerlo. Se sirve el vaso, bebe un pequeño sorbo y se queda mirando lo que hago. Yo, trato de ignorarlo, es complicado, pero lo intento. Saco la taladradora, pongo una broca y la enchufo. ¿Qué vas a hacer con la taladradora? me pregunta con su gesto habitual. Pues… un taladro, claro, respondo dubitativo. Eso ya lo veo, te pregunto ¿para qué?”…

José Miguel Espinar nos trae un segundo plato lleno de incertidumbre y otras certezas con toques reflexivos y filosóficos culminando con un poema de César Vallejo.

“…Pero cuando la incertidumbre se hace pesada y casi insoportable, como la que nos atenaza en estos tiempos, podemos recurrir a otras cosas ciertas que nos la mitiguen. Mitigar la incertidumbre con certidumbres…”.

A modo de sorbete entre carne y pescado, llegó la exposición tecnológica de Vicente Moreno sobre el funcionamiento de las VPN, con un tono experto de quien domina el paño, que a la vez nos enseña y nos entretiene.

“Así que el 16 de Marzo, primer día laborable del confinamiento, empecé la jornada a las 8 de la mañana abriendo el chat del grupo de Telegram que usamos en mi trabajo para comunicarnos. Todos bien y al pie del cañón, cada uno conectado a su ordenador del trabajo y comprobando las diferentes cuentas de correo institucionales que atendemos para recibir las peticiones de soporte técnico a los usuarios que es a lo que nos dedicamos”.

Saborear un buen atún a la plancha, ahora que estamos en temporada de almadrabas, de la mano de José Sainz de la Maza es un buen broche para una comida que se precie. Su personaje, traductor de la guerra de las Galias, se enfrenta con zapatillas heredadas de un adolescente a un encuentro con su hijo, dentro del cotidiano desencuentro, a través de una urraca, que maldita sea la gracia.

“…Bajaba los peldaños de dos en dos. ¿Dónde vas? Tú quédate si quieres. Vuelve que está prohibido salir. Cojo dos mascarillas y lo sigo. Pero, ¿qué pasa? Mi mujer. ¿Estáis locos? Me alegré de no llevar las zapatillas del agujero. ¡Te vas a contagiar! Al pie del árbol se detuvo y cogió en sus manos un polluelo de urraca muerto. Lo vio caer del nido. Y lloraba. Mi hijo adolescente lloraba en un silencio estremecedor. Él. Lo abracé y me acordé de mi vecino del ático: En la tele lloraba mientras hablaba de las urgencias. Llorar hace que conozcas a la gente…”

De postre, Alicia Gallego nos lleva a una visita incomoda al faro abandonado, por unos turistas insensibles que cuando se van dejan tanta paz como se llevan.

“…Cuando ellos vienen, los muebles y yo nos tapamos con unas sábanas viejas y nos hacemos los muertos. Yo me pongo de pie junto al sillón que hay al lado de la ventana simulando que soy una lámpara. Entonces, nosotros, nos quedamos muy quietos, muy quietos; mientras tanto, ellos, invaden todo lo nuestro

Así nos estamos hasta que, al fin, se marchan y nos dejan descansar en paz”.

Aunque de este postre nos hemos guardado unos trozos para empezar el jueves que viene.

Luis Marín

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

A dos manos

Día 28 de marzo (decimocuarto día de confinamiento)

Por Antonio Llop

Hoy me he levantado con ganas de escribir. He intentado hacer algún ejercicio de los que propuso ayer Santiago. Era una propuesta difícil: “Llevamos meses de confinamiento. Una mujer sale a pasear al perro y no vuelve. Su marido se teme lo peor. Varios días después llega el perro solo. Una semana más tarde la mujer entra en la casa, deja el pan en la mesa, saluda y comenta: Qué frío hace hoy, coño”.

Me fijo en los detalles de la propuesta: el perro, el pan… pero ¿cómo encajo lo del tiempo? Como siempre que no sé por dónde empezar me lanzo a tumba abierta, sin ideas de hacia dónde voy. Me meto en un callejón de trama. Si no tuviera salida, lo dejaría y escogería otro. Encima lo complico más: decido que seis días antes de llegar la mujer a su casa, el gobierno habría decretado el cierre de las panaderías para limitar la salida de la gente a la calle. Pero el hombre toca la barra que acaba de traer ella y está tierna. Sigo adelante con peripecias más o menos verosímiles hasta que llego al cierre del cuento y me doy cuenta de que es imposible. Me he metido en el temido callejón sin salida. No obstante, antes de borrar lo escrito me da por llamar a mi mujer.

Rosa tiene una especial intuición para desvelar tramas ocultas. Cuando vemos series o películas, sobre todo si son policiacas, siempre me adelanta la siguiente escena o me descubre al asesino. Casi nunca falla. Ya sabe lo que quiero de ella. Lee lo que he escrito y no dice nada. Vamos juntos al comedor en el que está sonando música como todas las mañanas. Mientras bailamos, más pensativos que de costumbre, comentamos “ysis” (¿Y si pasa esto? ¿Y si sucede lo otro?) Los dos vamos descartando ideas. Hasta que de una de ellas (no recuerdo si fue suya o mía) surge algo que nos paraliza. ¡Joder, pues tiene sentido! Exclamamos al unísono. Voy corriendo al ordenador y lo redacto. Rosa lo lee y me dice: A mí me gusta mucho.

Y ya está el relato.

Antonio Llop dedicó su vida a los números, pero cuando se jubiló dio un giro a su vida y se licenció en Filologia Hispánica. Es miembro de la asociación Primaduroverales y autor de la novela Raymi, publicada por Círulo Rojo. Es coautor, entre otros libros de relatos, de los libros Primaduroverales cuentos, Madrid Sky y 2056 Anno Domini.

 

 

 

Selección de la música: Luis Marín Domínguez

Mark Knopfler: Golden Heart

Estaba colgando de sus pulseras en una tienda de la calle mayor
un poco antes de que nos conociesemos.
Los ángulos más peligrosos que jamás viste
observó su amuleto.

 

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Diario de un confinamiento

La enciclopedia de los pueblos

Por Juan Santos Santos

Hoy, por ser sábado, ha tocado profundizar un poco más en la limpieza del hogar. Hemos corrido el sofá y levantado las sillas para pasar la mopa por todos los rincones. Después, con un paño impregnado de limpiador multiusos, hemos quitado el polvo por detrás del televisor y de los portarretratos del mueble. Y ya puestos, mientras mi mujer repasaba las puertas y las sillas, yo me centrado en limpiar la librería. Limpiar la librería, a fondo, tiene lo suyo. Hay que dejar todos los libros encima de la mesa grande y, una vez limpias las baldas y dada la vuelta para que no cojan forma, volverlos a colocar. Me he tirado toda la mañana, porque antes de colocar cada libro su lugar, les he soplado y les he pasado un paño por los cuatro costados, sobre todo por la parte de arriba que es por donde más negros están. La mayoría los tengo de adorno, como los veinte tomos de la enciclopedia Larousse, y varias colecciones de cuando era socio del Círculo de Lectores. Llevaba un buen ritmo de limpieza, hasta que he llegado a un libro que tenía olvidado. “Enciclopedia de los pueblos de España”. Lo encuaderne con fascículos que daban con el periódico “Diario 16” hace mil años. Ahí me he quedado clavado, pensando en todos los pueblos. Mi mujer ha cruzado varias veces y no ha tenido más remedio que decirme: Qué poco te cunde… ¿quieres que te ayude? No, tú sigue con lo tuyo.

A la siguiente vez que me ha visto, se ha acercado a mí, para ver qué hacía.

Es verdad, me cunde poco. Estoy limpiando todas las hojas de este libro, una por una, y son 1200 páginas. Todos estos pueblos están contaminados y voy a desinfectarlos. Estás loco, me ha dicho. Haz lo que quieras, pero deja ese libro para el final y coloca todos los demás.

Y eso he hecho. Luego sin prisas, he seguido un rato más limpiando la enciclopedia hasta que mi mujer, mirándome a los ojos, ha insistido: ¡déjalo… sólo es papel!  Agradezco que me haya sacado de mi paranoia. He cerrado el libro y lo he colocado en su sitio, mucho antes de llegar a limpiar mi querido pueblo.

 

Juan Santos vive en Madrid, pero nunca ha perdido el contacto con su pueblo, Villanueva de los Infantes. Pertenece a la Orden Literaria Francisco de Quevedo y participa en la organización del Certamen poético que cada año organiza la orden literaria. Tiene una sección de Coplillas en el periódico local “Balcón de Infantes”. En 2019 recibió el primer premio del XVII Certamen Literario “Lorenzo Serrano”, y en 2017 ganó el certamen literario convocado por la peña cultural flamenca “La Pajarona”, de Bujalance.

 

Selección de la música: Pura de la Casa.

Amy Winehouse: Back to black.

Sólo decimos adiós con palabras
Morí cien veces
Tú vuelves a ella
Y yo vuelvo a, vuelvo a nosotros.

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