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Archive for the ‘Crónica’ Category

Por María Jesús Ainaga

No se puede empezar la tarde literaria de una forma mejor que con la noticia de un Premio. El recibido por una nueva integrante del Taller. Se trata de nuestra recién incorporada Esther Arribas que ha ganado el 2º Premio Internacional de Narrativa Marcelino y Josefina (I Edición). Además de felicitarla por el logro, su trabajo “Vivencia X”, nos ha emocionado y acercado más a Esther. Se trata de un relato autobiográfico, muy personal y que se adentra en la experiencia íntima de la enfermedad así como las implicaciones vitales de los llamados “recortes”.

gregorianoA continuación, Paco Plaza hizo las delicias de todos los asistentes con su relato “El novicio”. No sólo la 2ª persona está bordada sino que, además, salpica la acción con cantos gregorianos que, interpretados en la magnífica voz de tenor de Paco, dan una dimensión sonora adicional al placer de escuchar uno de sus trabajos.

… Pero al menos sacar provecho de los estudios, no vas a estar toda la vida vagueando y trapicheando con costo. Si sales de aquí tiene que ser para ganarte un sueldo.

― oblivisceris tribulationem?

¿Y qué te dice el hermano Justo todas las noches? Ya verás, ya verás, El Señor vendrá a ti cuando menos te lo esperas …”

bañerasAnte la insistencia de nuestra profesora, Pura, algunos de nosotros hemos de ponernos las pilas y escribir más. Olga es obediente y nos regala un relato erótico: “Dissonantia”. Las palabras precisas utilizadas por uno de los integrantes de Primaduroverales han sido: “Puesta en escena magnífica y cierre espectacular”. Creo que todos compartíamos esa opinión. Se trata de un trabajo escrito con medida. Igualmente excitante y delicado. Suave, tierno, fuerte, dramático.

“… Desabrochó de arriba abajo cada botón de la holgada blusa blanca y la soltó bajando desde los hombros y brazos por su espalda. Despegó de su piel la ropa interior y se metió en la bañera, con las ganas con que se hace algo la primera vez y con la calma con que se hace la última …”

En la segunda parte del Taller, tuvimos la suerte de contar con la presencia de Juana Muñoz, que nos ha presentado su reciente libro “Voces del Villar”. Se trata de una arriesgada e innovadora apuesta por un libro de fotos y microrrelatos que transcurre en Villar de Matacabras en los años 50. Villar es un pueblo castellano, hoy abandonado, en el que hace casi 70 años hubo muchas mujeres que tuvieron vidas más que difíciles. Juana nos cuenta la vida de 20 de esas mujeres, marcadas por la opresión de la pobreza y la sumisión. Sus microrrelatos son DESGARRADORES. Es asombroso cómo, con tan pocas palabras, tu corazón puede encogerse tanto. Juana no sólo da voces a esas 20 mujeres, sino que rompe el silencio de tantos secretos a voces que, en el mundo rural eran más opresores que el hambre mismo. ¡No podéis perderos esta obra de arte!

Audio ‘voces del villar’

Ya toca terminar la crónica con mi habitual juego de TÍTULOS engarzados. Espero que os guste:

“Disonante o valiente… ¡tú me dirás!”

Lo cierto es que el novicio, nunca encajó en el lugar

Hubo algo que le hacía, sin duda desentonar

Dissonantia lo llamaba, el gran pater Baltasar

De rarezas y locuras, hablábamos los demás

Se sabía que eran fuertes, esas voces del Villar,

Que él oía cada noche, desde su pueblo natal

Escuchaba unas historias, de verdad y de maldad

Y todo le hizo creer, en otra realidad

Otra vida, otro argumento, otra forma de pensar

Su vivencia era del todo,… completamente dispar

Una vivencia X que no supe descifrar

Y que, sin embargo, a él le elevó a un altar

Por algo simple, sencillo y quizás hasta vulgar:

Porque tuvo la osadía, el valor, la lealtad

De luchar por lo que oía… o lo que sintió, sin más.

 

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Buena tarde de relatos la de ayer, si señor. Movimiento y quietud, vital y mortecina. Contrastes en los textos, debates que querían ser serios (y lo eran, en el análisis crítico) pero a la mínima el buen humor y las bromas.

Algo comentamos, también, acerca de los títulos, de si fueron apropiados o no. Y es que a la hora de titular un texto también hay división de opiniones. Y con ese problema se ha encontrado este cronista a la hora de titular lo ocurrido en el taller. Al final, si han llegado hasta aquí leyendo, verán que, si siguen leyendo, no es sino un resumen, algo peculiar, de los cuatro relatos que fueron presentados.

Vayamos por partes. Carlos Cerdán nos trajo su relato ‘Raul o Rafa’ sobre el uso de la segunda persona y asuntos metafísicos de fondo (y ya si tal … como decía el propio Carlos). La trama va sobre ‘Transmigración’.

Transmigracion III(Transmigración: dicho de un alma, pasar de un cuerpo a otro, según opinan quienes creen en la metempsícosis, RAE dixit // ‘Metempsícosis: doctrina religiosa y filosófica de varias escuelas orientales, y renovada por otras de Occidente, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. Rae dixit, de nuevo).

Bueno, disculpad por estas definiciones, pero vienen bien para comprobar la valentía de Carlos a la hora de meterse en cualquier jardín y salir airoso. Enhorabuena compañero. Un pedacito de su relato: “… tus pensamientos son un magma en combustión que amenaza con fundir tu cerebro. Corres como si de ese modo pudieras dejar atrás todo lo inexplicable …

valleyNieves Sevilla, a través de ‘El hombre equivocado’ nos hizo pasar un extraordinario rato durante la lectura y, después, mientras hacíamos los comentarios y el análisis crítico. Texto lleno de metáforas y música (incluye algo parecido a estribillos que van llevando a su personaje de lugar en lugar). Resultó ser un auténtico viaje vital, lleno de enseñanza para el lector. Nuestra coordinadora, Pura, le dijo a la autora que posiblemente era uno de los mejores trabajos que había presentado en el Taller. Le terminamos haciendo la ola, no sin hacerle alguna recomendación sobre el mismo, pero, claro, eso se queda para nosotros. A continuación, un extracto: “… el miedo era tan grande que los tenía paralizados. A fuerza de no moverse la piel de sus cuerpos se hizo cada vez más gruesa, hasta llegar a convertirse en un caparazón duro, en el que era difícil penetrar. Sólo sus ojos, vigilantes y febriles, parecían tener algo de vida…”

Juan Santos, nos enseñó como se define un personaje en ‘La promesa’. El fuellesenamoramiento que paraliza, por la inacción, en la misma infelicidad de no lograr llegar a la amada. A través del uso de la segunda persona y con tintes metafísicos, nos presenta otro relato vital, muy reconocible y nuevo a la vez, a través de su forma de escribir. Gracias amigo. Un trozo: “… dabas al fuelle con máxima delicadeza para que las notas salieran limpias como su voz. Te sentías bien, porque en el fondo, formabas parte de aquella música sublime que persuadía a la oración. Pero mientras tú enviabas el viento a los tubos de metal …”

Transmigracion IPara acabar, Luis Marín nos presentó su ‘¡Espere, por favor! Y su respuesta al uso de la segunda persona en tramas metafísicas. Texto corto e intenso. Palpamos claramente la tensión de la situación en la que se encuentra su personaje y la angustia e incredulidad que éste padecía. El resultado es que el tono era muy apropiado para el uso de este tipo de narrador. También se debatió sobre aspectos del tiempo que transcurre (o no) en las escenas. Realmente bien Luis. Un extracto: “… Tienes que mantener la calma, respira profundo dos o tres veces. Tú sabes ver las cosas desde esa perspectiva, te has estado entrenando para ello. En cualquier momento volverás los ojos a la cama y verás tu cuerpo reposando desde la distancia …”

Esto es todo por hoy, … que ustedes lo pasen bien.

 

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Por: Carlos Cerdán

Ayer empezamos la clase con notables ausencias, afortunadamente la incorporación de dos nuevas compañeras y algún rezagado  llenó huecos. Abrió la tarde Vicente con su relato “Flecos” una historia narrada en segunda persona.  La reflexión de una escritora japonesa en un viaje a Madrid  y la impresión que le produce su encuentro con unos toreros. Se puede decir que, en general, Vicente salió airoso aunque quedó patente la dificultad de describir escenas usando este tipo de narrador.

Imagen2Son toreros, como salidos de la novela de Blasco, pero no son fantasmas, son reales, se mueven con la elegancia de los gatos y al pasar junto a ti el más alto, el del parche, te mira con su único ojo y te dice algo que te suena como “ZE – ÑO – RA”.

Después le llegó el turno a Sonia, nos trajo dos relatos. El primero: “Miedo” era un microrrelato corregido. Una impactante historia en primera persona contada por una niña a la que un padre cruel tiene atemorizada.

Mamá lloraba y el gritaba mucho y he oído pasos viniendo corriendo a mi cuarto. Me he hecho pis encima y he visto que alguien abría la puerta del armario. He visto la cara enfadada de mi padre y entonces me ha dado un guantazo.”

El siguiente, “Riega las plantas Sam”, es un relato en tercera persona de la feliz vida de un matrimonio con muchos años de convivencia llenos de amor y bromas hasta que la mujer fallece. Narrada en un tono amable y algo naif dulcifica, de alguna manera, lo dramático del cuento.

Dos días más tarde Mary murió rodeada de sus seres más queridos a los 73 años. Sam cumplió religiosamente lo que su mujer le había dicho, se apuntó a clases de gimnasia de mantenimiento, empezó a quedar con amigos jubilados del barrio a pasear y regaba cada día las plantas del baño. Lo debía de estar haciendo muy bien porque los helechos no perdían ninguna de sus hojas y se conservaba verde como el primer día.”

Dulzura._1_Y terminamos la tarde con el cuento “Dulzura” de Toni Morrison una historia nada dulce que nos dejó helados y dio pie a un intenso e interesante debate, entre otras cosas, sobre el racismo, la maternidad, la crueldad y el remordimiento. En fin, como siempre, una tarde llena de buena literatura que muchos se perdieron (que sufran).

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Como la tarde era calurosa terminamos por irnos de piscinas, pero vayamos por partes. Ayer tuvimos ejemplos de todo tipo de narradores. Empezamos con “Conectadas a Internet” de Nieves, un  relato en primera persona con tres mujeres buscando en internet a “guerrilleros” reales o imaginarios. Con un lenguaje dulce y un sutil toque de humor logra unos personajes entrañables que nos dejan con una sonrisa en el rostro.

“Te digo de veras que, pasado un tiempo, las tres aprovechábamos cualquier momento para navegar frenéticas por internet. Yo no conseguía hablar con Marcos. En cambio ellas encontraron en la red un pasatiempo sin igual y cada una tuvo su propia experiencia.

“Continua primavera” la historia de Lourdes, también en primera persona. Como es habitual en ella, llena de símbolos e imágenes, aunque, esta vez, algo más contenida, donde nos muestra a un matrimonio con un marido obsesionado por tener un hijo y la  relación de la mujer con la isla en la que habitan.

“De pronto apareció la luna y toda aquella oscuridad se llenó de luz. Y la luna y yo en una posición de acoplamiento de marea y tiempo de rotación nos abrimos al universo. Después se juntaron el anochecer y el amanecer. Y allí estaba yo sin rastro alguno en mi vientre”

“Cuando ya no estés”  el relato de Diego, en segunda persona (que consigue de pleno). Con su habitual soltura y ágil narración, nos cuenta la presencia de un espectro en casa de su verdugo. Allí se instala y convive con él, hasta el punto de que el asesino se compadece y consuela a su víctima.

“Te lo quieres ganar, enmendar tu error de algún modo, por eso te despertarás como cada noche al oír sus gritos y dejarás caer tu mano a un lado de la cama para que él la agarre y se calme.”

Y llegó el momento de irnos de piscinas. Lo hicimos de la mano de John Cheever a través de su esplendido relato “El nadador”. La historia de Neddy Merrill, que pretende llegar a su casa, situada a doce kilómetros del lugar donde se encuentra, nadando por las piscinas de los vecinos  imaginando un río que llama Lucinda. Una metáfora del viaje de una vida. Tras un interesante debate que degustamos con intenso placer nos quedó el dulce sabor de una tarde de buena y sabrosa literatura ¡Qué más se puede pedir!

EL NADADOR, un cuento de John Cheever

Era uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan “Anoche bebí demasiado”. Quizá uno oyó la frase murmurada por los feligreses que salen de la iglesia, o la escuchó de labios del propio sacerdote, que se debate con su casulla en el vestiarium, o en las pistas de golf y de tenis, o en la reserva natural donde el jefe del grupo Audubon sufre el terrible malestar del día siguiente.

–Bebí demasiado –dijo Donald Westerhazy.

–Todos bebimos demasiado –dijo Lucinda Merrill.

–Seguramente fue el vino –dijo Helen Westerhazy–. Bebí demasiado clarete.

Esto sucedía al borde de la piscina de los Westerhazy. La piscina, alimentada por un pozo artesiano que tenía elevado contenido de hierro, mostraba un matiz verde claro. El tiempo era excelente. Hacia el oeste se dibujaba un macizo de cúmulos, desde lejos tan parecido a una ciudad –vistos desde la proa de un barco que se acercaba– que incluso hubiera podido asignársele nombre. Lisboa. Hackensack. El sol calentaba fuerte. Neddy Merrill estaba sentado al borde del agua verdosa, una mano sumergida, la otra sosteniendo un vaso de ginebra. Era un hombre esbelto –parecía tener la especial esbeltez de la juventud– y, si bien no era joven ni mucho menos, esa mañana se había deslizado por su baranda y había descargado una palmada sobre el trasero de bronce de Afrodita, que estaba sobre la mesa del vestíbulo, mientras se enfilaba hacia el olor del café en su comedor. Podía habérsele comparado con un día estival, y si bien no tenía raqueta de tenis ni bolso de marinero, suscitaba una definida impresión de juventud, deporte y buen tiempo. Había estado nadando, y ahora respiraba estertorosa, profundamente, como si pudiese absorber con sus pulmones los componentes de ese momento, el calor del sol, la intensidad de su propio placer. Parecía que todo confluía hacia el interior de su pecho. Su propia casa se levantaba en Bullet Park, unos trece kilómetros hacia el sur, donde sus cuatro hermosas hijas seguramente ya habían almorzado y quizá ahora jugaban a tenis. Entonces, se le ocurrió que dirigiéndose hacia el suroeste podía llegar a su casa por el agua.

Su vida no lo limitaba, y el placer que extraía de esta observación no podía explicarse por su sugerencia de evasión. Le parecía ver, con el ojo de un cartógrafo, esa hilera de piscinas, esa corriente casi subterránea que recorría el condado. Había realizado un descubrimiento, un aporte a la geografía moderna; en homenaje a su esposa, llamaría Lucinda a este curso de agua. No le agradaban las bromas pesadas y no era tonto, pero sin duda era original y tenía una indefinida y modesta idea de sí mismo como una figura legendaria. Era un día hermoso y se le ocurrió que nadar largo rato podía ensanchar y exaltar su belleza.

Para leer el relato completo El nadador. www.narrativabreve.com John Cheever.

 

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Por: AITOR MANERO

Y, por fin, llegó la calor. Como es habitual en la meseta, anteayer íbamos con el chambergo y ayer nos sobraba la piel. Quizás sea esa la excusa… El caso es que estábamos, nunca mejor dicho, en familia. Pocos pero bien avenidos. Y trabajadores. La tarde dio para mucho.

Para empezar, Carlos Cerdán, alumno aplicado y que se está trabajando con denuedo ser el primero de la clase, al día que lleva todos los ejercicios el tío, oye, y con buena nota, nos presentó su versión del cuento de Kafka “El jinete del cubo”. “El cubo de Yeke” es una historia que, aunque muchas veces contada, no deja de ser necesaria. Lo más impactante es lo no contado y las imágenes muy potentes y dramáticas, todas ellas relacionadas con el cubo que personifica la vida y la muerte en diferentes momentos del cuento.

“.. Según se acercaba al Land Rover el corazón me dio vuelco: traía el cubo de Yeke agujereado por impactos de bala. Nos miramos sin decir nada. Bajé del coche y me acerqué al lugar donde lo encontró. Vi un rastro de sangre, lo seguí unos metros hasta que desapareció. Miré hasta donde me alcanzaba la vista. Nada, no había nada. Volví al coche y guardé el cubo ..”

XHP-1320El siguiente cuento que leímos fue el de Paco Plaza, “Formas de desaparecer”. Una vez más, la imaginación portentosa de nuestro físico ha dado luz a una de sus criaturas: la re-escritura de su anterior cuento “Las preguntas obvias” mezclado con los penúltimos deberes, que son la versión del cuento de Kafka. Hay muchos temas incluidos en el relato, tantos que al final resulta confuso. Aunque está bien contado y la narración es fluida.

“… El cielo era una preciosa pintura de rojos, naranjas y malvas; Gloria, totalmente desnuda, le miraba con esa cara de viciosilla que le volvía loco; entonces apareció el cubo. Un cubo de plástico azul, descolorido en parte, con el fondo percudido por la suciedad …”

Aunque no sucedió en este orden, dejo la sorpresa para el final, el último en leer fue Luis Marín. Su “Húmedo amanecer” responde al ejercicio del narrador en segunda persona. Ay la segunda persona. Qué problemas nos está dando. En este caso, hay un par de momentos en los que se escapa la primera y, ¡zas!, pues ya nos ha fastidiado los deberes. Eso no quita para que el cuento tenga un buen juego entre dos tiempos.

“… Volviendo a la noche, tenías que haberte visto la cara cuando te trajeron la cena. Estabas mirándote en el espejo del baño, cuando el auxiliar te anunció que te la dejaban en la mesa. Pasó como un fantasma, no viste a nadie, tan solo la voz que te anunció el evento. Estabas contando los cables que habían anudado sobre tu hombro derecho …”

Para terminar, tenemos nuevos deberes. El tema es metafísico: dios, la vida, la muerte. Y la tarea, completar un argumento: un profesor de filosofía universitario de mediana edad y atractivo, desencantado con la vida, con relación con una alumna y otra profesora, escucha una conversación de una tercera mujer que se queja de que va a perder la custodia de sus hijos por culpa de un juez; el profesor decide matar al juez y se siente bien. A partir de aquí, chicos.

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La tarde de ayer nos ofrecía un aspecto de primavera otoñal (¿o sería de otoño primaveral?). Y no se me asusten si les cuento que la cosa en el Taller empezó como acabó, a guantazos. No hubo heridos, tengan en cuenta que somos gente muy pacífica. Vayamos por partes.

el-cubo-de-aguaEmpezó Juan leyéndonos su ejercicio sobre imitaciones a Kafka. Lo hizo con el relato ‘el cubo de plata’. Sobrecogió a más de uno la historia. Alguien, sin saber que de que iba el ejercicio, lo llegó a calificar de extraordinario. No se hable más, ahí va un extracto:

“… el cubo, boca abajo, lo utilizo como silla, pero el brasero se ha convertido en un trasto inútil … // … el piso estaba desamueblado, como ahora, pero el cubo lo tenía boca arriba y lleno de ilusiones …

Los guantazos, antes aludidos, tenían que ver con un ejercicio que se hiciera de forma rápida y consistente en un micro-relato que empezara con la frase “Entonces mi padre me dio un guantazo …”. Y es aquí donde se leyó el primero, a cargo de Carlos Cerdán, titulado ‘El guantazo” (Carlos a ver si te curras un poco el título). Propongo que los que no lo hayáis hecho aún, leáis como acaba. El resto de los ejercicios se leyeron al final, como luego veremos.

islandDiego Rinoski nos trató de devolver al asunto kafkiano. A través de su relato ‘Versión ultramarina’ y realizado en segunda persona, nos presentó a un náufrago algo peculiar, que también tenía un cubo en su isla. Independientemente de la calidad habitual de Diego en sus textos, y este no era una excepción, hubo un intenso debate sobre el tema de la segunda persona. Siempre plantea dudas la utilización de este narrador de forma correcta y para ayudar a la concurrencia se terminó leyendo un extracto de la magistral obra de Carlos Fuentes “La muerte de Artemio Cruz”. A ver si por fin … Mientras tanto, un trocito del cuento de Diego:

“… tu cama es la huella que dejas en la arena al tumbarte; tu mayor tesoro es un cubo, un cubo amarillo de juguete que apareció un día en la playa, después de una tormenta. Aquel día fue unos de los mejores que recuerdas en la isla …”

001-slapY sí, ahora sí, ya al final de la clase se leyeron los micro-relatos restantes que debían empezar con la frase ‘Entonces mi padre me dio un …’. Juan Santos, que hacía doblete en la tarde de ayer, nos leyó su contribución. Y no es porque sea Juan, pero nos partimos de risa. Después hicieron lo propio Paco Plaza y Lourdes. Ambos tocaron también la fibra humorística.

Para acabar, Sonia Gasteiz, se estrenó en el Taller aprovechando este ejercicio, con un micro-relato que tituló ‘Miedo’. Siguiendo la costumbre histórica, no hay comentarios críticos cuando uno lee la primera vez. ¡¡Bienvenida, Sonia!!

Aaaahhhh, nos nos olvidemos que en el tiempo “post-talleriano“, nuestra compañera Olga nos presentó su creación enológica ‘Broncas’. Apunta maneras, después de la cata. De momento consiguió un montón de adeptos para futuras añadas.

Y esto es todo por hoy, amig@s.

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Por: María Jesús Ainaga

Siempre hay algo que hace de la tarde del Taller, una tarde especial. En esta ocasión quiero citar la presencia de nuestro querido Diego Rinoski como elemento distintivo y siempre enriquecedor. Aunque también es de justicia decir que los relatos leídos, no sólo fueron de gran calidad, sino que además dieron lugar a interesantes polémicas, debates y análisis filosófico-literarios.

question (2)Empezamos con “Las preguntas obvias” del inigualable Paco Plaza que borda los cuentos de ciencia ficción. Nos trae recuerdos de “Matrix” y nos lleva a discutir sobre si habrá o no Apocalipsis, dejándonos al final en una seria duda literaria sobre si sería mejor o no relatar la historia con personajes.

 “… la semana que viene cumple siete años, está muy excitado, va a ver un espectáculo de magia con sus amigos del colegio, los niños ríen y se gastan bromas hasta que en el escenario hay una explosión y tras una nube de colores aparece el mago envuelto en una capa plateada y un sombrero de copa rojo …”

10825_6A continuación, Nieves Sevilla nos intrigó con “El asesino guapo”, un relato con tres personajes en el que el supuesto héroe resulta inquietante. Aquí, las dificultades de la segunda persona narrativa, fueron el tema a analizar; además de la nada baladí cuestión de por qué el héroe llevaba un cúter.

“… no cabe duda de que tu asombro lo alertó y sus ojos azules hermosos e inquisitivos te examinaron de tal manera, levantando ligeramente la barbilla, que interpreté en sus gestos el mensaje mudo pero muy claro que te enviaba. Me estremecí y tú con un susto de muerte notaste tu corazón latir con la furia de un caballo desbocado …”

vinylEl músico del grupo, Carlos Cerdán, nos regaló un relato libre “La colección de vinilos”, que atrapó a la audiencia con su elegante sensualidad. Esta vez la polémica versó sobre la cruda historia: esa ruin venganza de un padre… ¿era real o sólo una suposición del hijo?

“… ¿Por qué lo quisieron tanto las mujeres? Me pregunté. Me jodía reconocerlo, pero mamá no dejó de amarle. Aunque nunca me lo dijo, yo lo intuía. Tras su muerte, al recoger sus cosas, descubrí un álbum con recortes de él: críticas teatrales, carteles, entrevistas y fotos de algunas de sus actuaciones más emblemáticas. Lo quemé todo. …”

1448545617_917581_1448547206_noticia_normalPara terminar, se leyó “El jinete del cubo”, de Kafka, con obligadas referencias a la levedad y con difíciles consecuencias sobre los próximos “deberes” que “deberemos” acometer.

Ya toca terminar la crónica con mi habitual juego de TÍTULOS engarzados. Espero que os guste:

“El propósito de la ficción”

En este mundo de la ficción literaria, puedes decidir ser lo que quieras ser: hombre, animal, vegetal, ente consciente sin cuerpo, gas noble o incluso vulgar,… ¡Lo que quieras ser! Panadero feliz, prostituta vieja, asesino guapo,… hasta el kafkiano jinete del cubo. ¡Lo que quieras ser!

También puedes decidir lo que quieres tener: un equipo de fútbol, el reloj de tu abuelo, la tiara de diamantes de aquella princesa,… o la colección de vinilos de los 70. ¡Lo que quieras tener!

Las preguntas obvias, ya en el mundo real, serían: ¿ser? ¿tener? ¿qué quieres? ¿qué estás decidiendo ser y tener?

Contestes lo que contestes, ya no podrás negarme que la ficción siempre aporta preguntas a nuestra realidad. Y eso, amigo mío, es aportar mucho. Eso, amigo mío, es aportar propósito.

 

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