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Archive for the ‘Crónica’ Category

Por Francisco Plaza

No es que tenga mucho que ver la película de Blake Edwards con la entrega de premios del IV certamen de relato corto Madrid Sky,  pero su título parafraseado encaja bien para encabezar esta crónica. Viene al pelo porque disfrutamos del delicioso Ribeiro SAMEIRÁS que aportó uno de los patrocinadores y gozamos de las rosas literarias que fueron los diez cuentos finalistas de este concurso.

Fue una tarde muy agradable entre amigos, que aman la literatura, en el salón de actos del Centro Abogados de Atocha. El lugar: cómodo, amplio, fresquito. Los finalistas: abiertos, distinguidos, cordiales. Los invitados: educados, atentos, agradecidos. Los patrocinadores: generosos, locuaces, comprometidos. El jurado: comunicativo,  imparcial, objetivo. Los presentadores: simpáticos, ocurrentes y, ¿por qué no decirlo?, guapetones (¡ejem! No metamos en este saco al señor de barbas que habló primero y que ha escrito esta crónica).

Pero lo mejor de la tarde fueron los diez relatos finalistas.

Con “Ella”,de Lola Sanabria García, vivimos la añoranza de los tiempos pasados. Con “D.F. Wall” de Inocencio Javier Hernández nos sumergimos en el Mexico duro de vagabundos y espaldas mojadas. Con “La posada al final de la tierra”, de  Jesús Gella Yago, nos estremecimos al ver rondar a la parca alrededor de un desaprensivo. Con “Silenciosos y lejanos”, de José Quesada Moreno, nos dimos cuenta de lo dura que puede ser la falta de comunicación entre un padre y su hijo. Con “Tal vez mañana”, de María Posadillo Marín, sentimos la congoja que supone la separación definitiva de dos enamorados. Con “Mal genio” de Alberto Porras Echavarría, sonreímos gracias a unas “Aladinas” actualizadas. Con “Por Sonsoles, a mi manera”, de Alberto Ramos Díaz, comprobamos a donde nos puede llevar el compromiso con nuestro ser más querido. Con “Flores mustias”, de Marina Aparicio Arribas, fuimos capaces de percibir los olores que permiten a un ciego observar con más profundidad que los videntes. Con “La visita”, de Daniel Calles Sánchez, nos divertimos gracias a su humor negro e irreverente. Con “Neones rosas”, de Francisco de Paz Tante, nos compadecimos de un triste protagonista maltratado por la vida hasta el punto de tener que renunciar a su dignidad.

Nos hubiera gustado poder premiar a todos ellos, por la calidad de los cuentos, y por la amabilidad y categoría de sus autores, pero lamentablemente el presupuesto no da para tanto. Salvador Pozo, representando a La Rebujita, entregó el tercer premio a Marina Aparicio por “Flores mustias”. Sergio Torres Alonso, representando a la academia Heisenberg  entregó el segundo premio a Jesús Gella por “La posada al final de la tierra” y Antón Alonso, en representación de Vinos y Caminos, entregó el primer premio a María Posadillo por “Tal vez mañana”.

No puedo resistirme a hacer un juego con los títulos de los finalistas:

Tal vez mañana, en la posada al final de la tierra, ella abandone el mal genio aunque las flores mustias nos recuerden que la visita se fue hace mucho tiempo,  que nos dejó silenciosos y lejanos. Mañana volveremos a ser alegres, lo seré por ella, por Sonsoles, a mi manera; volveremos a bailar bajo los neones rosas. (Esto no lo dijo D.F. Wall).

¡Ah! Bueno, y el autocar, ¡vaya autocar! Vamos a tomar un vinito aquí al lado, pero para no pasar calor por el camino nos vamos a ir en autocar. ¡Toma ya! ¿Hacen esto en el premio Planeta? Ni se les ocurre. Lo que no voy a decir aquí es que en autocar se tardó más que si hubiéramos ido andando gracias a los oportunos alardes de los responsables de asfaltado de este, nuestro querido Ayuntamiento.

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Crónica de Juan Santos

Mientras en algunas comunidades celebraban el Corpus Christi, ayer en Madrid era un jueves normal, muy caluroso pero lectivo. Así que, como buenos colegiales, acudimos a la escuela-taller.

De vuelta con los espejos, nuestra flamante compañera Soledad Hernández, como carta de presentación, nos deleitó con un relato a ritmo de vals, lleno de sensibilidad y poesía. Me mata levemente frente al espejo es la historia de una mujer que viaja hasta Viena para reconciliarse con su amor. La voz cálida de Leonard Cohen suena en el ambiente a lo largo de la lectura. Los versos intercalados del poema de Lorca “El pequeño vals vienés” Este vals, este vals, este vals… alimentan de  surrealismo el cuento “El espejo le devolvió un rostro cansado y feliz. Ya le había perdonado y sólo deseaba verle” Le había perdonado… ¿De qué? ¿Se merecía un tipo con unas gafas de espejo ese amor? Las cosas vistas desde cuatro espejos, se ven diferentes. Pobre chica, viajar tantos kilómetros para tener un final así.

En un instante, José Sainz nos hizo dar un salto de Viena a Londres con sus Espejos convexos. Empezó bien, fue un alivio que en el primer párrafo dijera “Hace frío, los adoquines del suelo emiten brillos y siento cómo la humedad traspasa las suelas de mis botas y enfría mis pies como si los mojara”. Podíamos haber apagado el aire acondicionado porque ya estábamos inmersos en la margen izquierda del Támesis en una madrugada de invierno. La infidelidad vista a través de un espejo convexo también duele “Sus gestos, sus movimientos y caricias no eran los de una simple amante sino los de una mujer enamorada, las imágenes, aunque distorsionadas por el espejo, no movían a engaño, ni siquiera quedaba lugar a duda. Ella ya no me amaba a mí, sino a ese otro que había dejado sobre la butaca un traje azul y un bastón con empuñadura de plata”. Hoy ha vuelto de madrugada a esperar a su rival tras los callejones, cuando aparezca por el espejo lo matará, no por acostarse con su mujer, sino por habérsela robado. El relato encuadrado a las orillas del río, nos ha recordado a Dickens y a sus personajes fantasmales.

Con un estilo más distendido Carlos Cerdán nos presentó una historia confeccionada a base de diálogos. Bajo el título de Para eso están las amigas, nos fue desgranando, paso a paso, las vicisitudes de dos amigas con problemas sexuales, una por exceso y la otra por defecto. Con gran finura, sin caer en lo grotesco, los diálogos surgen de forman natural. Un humor muy bien repartido hacen que el relato tenga una lectura amena y simpática.

– Serás asquerosa. Y yo pensando que era una estrecha por no hacerlo. Aún recuerdo que la primera vez que lo hice se me apareció la imagen de la hermana Fuensanta diciéndome que iba a ir al infierno…

– Menuda bruja la hermana Fuensanta. Siempre pensando en lo mismo: qué si vais con chicos, qué si os tocan, qué si os tocáis…

Al final, todos contentos, muchas veces no hacemos más cosas por no hablarlas.

Por último, Paco Plaza nos leyó una segunda versión de su Muerte dulce. El relato sigue siendo igual de bueno que el primero, lo que pasa es que ahora, los que no sabemos jugar al mus, lo entendemos mucho mejor. Órdago a la grande. Sí. Tú ganas, Paco.

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Por María Jesús Ainaga

¿Qué hay dentro de un relato para que nos guste?

Difícil respuesta, aunque me atrevo a decir que debe haber una idea y ésta tiene que llegarnos. Aunque no de cualquier modo sino con los sentidos. Con los 7 sentidos, siendo el 6º la emoción (corazón) y el 7º la imaginación (mente).

Hoy en el Taller hemos tenido relatos con “muchos sentidos”:

MusEn la “Muerte dulce” de Paco Plaza, hemos sentido la velocidad de cuatro o cinco personas hablando, mirándose en busca de señas, envidando, contando tantos,… ¡y tomándose un coñac! Ese vertiginoso ritmo de una partida de mus, se ha entremezclado con la vida misma en un bar de pueblo, en el que ha habido más de una muerte dulce.

“-Pues esto son cuatro, más el “porque no” a grande, suman un arrumaco– dice César.
-¿No vas a aprender nunca a decir amarraco?-exclama Max”.

teatro IIA continuación, Lourdes Chorro con “Escenario” nos ha desasosegado hasta dejarnos sin aire en los pulmones. Su culta protagonista, acude al teatro en busca de inspiración y, además de que se la roben, casi explota al tratar de ahogar su necesidad de toser, mientras desenvuelve sin éxito un caramelo.

afeitarEl “Asesinato del espejo” de Luis Marín, ha jugado con espejos haciéndonos mirar indirectamente. Así, nos ha sumergido en una novela policíaca en toda regla en la que, sólo al final, aparece el asesino.

“Ve en el espejo cómo ese policía entrometido recorre el salón con su mirada. Se ha colado en su casa sin poder evitarlo. Le pierde de vista y acelera el afeitado para regresar a su lado…”.

Por último, Juanjo Valle-Inclán nos ha llenado el corazón de imágenes trágicas de la vida de “Malabares”. Y, de algún modo mágico, las ha convertido en lirismo y emoción.

imagenes“Y encontraron una casa sin cerraduras, sin puertas y sin ventanas, de tejado derrumbado y paredes sin un color definido. En el centro, una vela deforme que Malabares mantenía encendida cada noche, hasta que la luz de la mañana la apagaba.

Como veis (¿o debería decir “leéis”?), los autores de hoy han conseguido que sintiéramos, poco a poco o abruptamente, la idea que todo buen relato esconde.

Y yo, “sintiéndolo mucho”, adoro la idea de resumir las tardes de Taller jugando con los títulos trabajados, así que… ¡allá voy, de nuevo!:

En el escenario de su vida, había muchos altibajos. Andrés oscilaba con vehemencia, de la intensa pasión a la frustrante amargura. Y no conseguía domar esa salvaje tendencia, por más que hacía malabares tratando de apresar sus emociones, siempre en ebullición. Aquel día, mientras se afeitaba, se miró fijamente a los ojos y, de repente, vio su asesinato en el espejo. Esa última y repentina decisión, inexplicablemente, le deparó una muerte dulce. Había alcanzado la paz.

 

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Cuando ayer acabó el taller literario, me vino a la memoria aquella canción de Roberta Flack “Killing me softly with his song” (suavemente me mata con su canción). El título puede venir bien para explicar los esfuerzos que algun@s compañer@s realizaron para darles toques de levedad a historias duras, fuertes, incluso de muerte.

EspejoAnalizando las miradas de diferentes personajes sobre el mismo hecho, o través de los espejos que se interponían entre la acción y la imagen reflejada en ellos, es como Mariaje con ‘Tu mirada’, Carlos Cerdán con ‘Tía Francisca’ y Flor con ‘Una mujer de provincias’ nos mostraron los notables resultados de sus creaciones a través de historias y ambientes bien diferentes.

No me resisto a incluir algunos pasajes de estas historias, empezando por ‘Tu mirada’: “Yo sólo siento celos, de la luz del sol que nace, de la roja gasa que te envuelve y del espejo… sobre todo del espejo. Sólo él se atreve a mirarte”.

Del relato ‘Tía Francisca’ me parece lo mejor incluir aquí la escena final: “… saco un pequeño espejo del bolso y miro a Tía Francisca a través de él. Me sonríe, sí, estoy segura. Papá me coge del brazo. Tú también con los espejitos. Y salimos de la habitación. Noto como él arrastra los pies mientras yo apenas si toco el suelo”.

Finalmente de ‘Una mujer de provincias’: “Con el hambre y la sed parados, yo me sentía como una brizna de hierba a merced de un viento imperceptible. La llanura amarilla se transformó en quebrados verdes…

Otra parte de la tarde se dedicó a rescatar algunos relatos antiguos de cara a un evento de lecturas que tendrá lugar en las próximas semanas. Estos relatos debían ser ligeros,  con diálogos y, a ser posible, con algo de humor. Y así pudimos saborear de nuevo creaciones de Paco, José, Luis, Diego, Flor y Carlos Valle. Y nos volvimos a emocionar con algunos y volvimos a reír con otros.

Bueno, para ir acabando, y volviendo al principio, ahí va la traducción de un pasaje de la mítica canción de Roberta Flack:

Roberta“Removiendo mi dolor con sus dedos, cantando mi vida con sus palabras, matándome suavemente con su canción”

Amig@s ¿encontráis la levedad del dolor en esta canción?

Hasta pronto.

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Por Carlos Cerdán

A punto de terminar con los cuentos sobre el 2056 pasamos al siguiente ejercicio: “La levedad”. Narrar historias con una mirada indirecta, desviada como a través de un espejo. En la tarde de ayer tuvimos tres relatos.

Robot 01El primero “Otro día de trabajo” de Aitor, corresponde al 2056, donde narra el último día de emisión de un informativo en directo realizado por personas para ser sustituido por máquinas. Con excelente ritmo nos transmite la tensión que genera un programa de esas características.

Seguimos con “La cómoda” de Juan; una emotiva historia que consigue el objetivo de narrar a través de las imágenes de un espejo.

Y el último fue de Flor “Paterfamilias” un ejercicio de varias voces, corregido, sobre las vicisitudes de una familia que se niega a trasladarse de su ciudad cuando al padre de ofrecen un trabajo fuera. Consigue Flor, con aparente facilidad, que se distingan sin problema cada una de las voces de sus protagonistas.

jinete del cuboY después pasamos a leer un cuento de Kafka “El jinete del cubo” y la reflexión que hace Italo Calvino de él referido a la levedad. Tema que dará para sucesivos debates según vayamos avanzando con nuestros relatos. Porque, si bien, el concepto parece claro llevarlo a la práctica no parece tan sencillo.

Ánimo y a ser leves.

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Por María Jesús Ainaga

Siete han sido los relatos leídos en esta especial tarde de Mayo. Especial porque hemos batido un récord en el número de lecturas. Especial porque Luis estuvo en Berlín, José en una cata de cerveza y Flor y Vicente en el desierto de las Bárdenas. Especial porque todos queremos abrazar a María. Y especial porque… ¡va a ser mi primera crónica!

Empezamos con Carlos Valle-Inclán que, con su “Sin título”, nos encogió el corazón y los pulmones al llevarnos a una lúgubre y tormentosa cena familiar en 2056. Y pudimos sentir perfectamente “ese nudo en el estómago que no cesa”… haciéndonos toser.

Adan y EvaContinuamos con otro Carlos, Cerdán, que nos hizo reír abiertamente con su “Conflicto en el paraíso” inspirado en un pensamiento de E. Galeano, siempre tan polémico: ¿Y si Eva no tentó a Adán? ¿Y si fue él quien, libremente, decidió? “¿Quién quiere vivir eternamente solo en un paraíso, pudiendo estar con ella?”.

Luego María Sánchez nos deleitó con “La otra vida”, también ambientada en 2056. La pesadez de la diminuta y dramática vida de Irene, abocada a la soledad y sin futuro, contrasta magistralmente con la vida ficticia que ella crea en forma de relatos para sus dos hijos. Para que ellos sepan lo que fue el mar y sientan la levedad de la esperanza. Aunque ello la lleve a “sostener el mar de sus ojos”.

caperucitaSeguimos con el “Érase una vez” de Yolanda López, que nos mantiene en 2056 con un abuelo que, desde la Tierra, quiere contarle Caperucita Roja a su nieta que está en la Estación espacial. Ella, preadolescente, inquieta y preguntona, nos hizo sonreír: “Jo, por qué es la madre la que hizo la capa, por qué no fue el padre?”. Ella, niña al fin, nos inundó de ternura: “¿Te parezco guapa, abu?”.

Con Alicia Gallego y su “Amor sintético”, sentimos pena por Sarah que, antes que sufrir otro abandono, prefiere aferrarse a Talos, un androide con problemas de conducta. “Tú nunca vas a dejarme, ¿verdad?. Talos cierra los ojos y sonríe”.

TeletransportadorEn este prolífico año 2056, Diego Rinoski nos regala también una divertidísima situación familiar en la que el abuelo cumple 114 años y le regalan “El Teletransportador de materia”. “…lo sé desde el principio, pero hago como que no me entero, así todos contentos”. Él sólo quería desayunar en París, a orillas del Sena… aunque terminó en un sitio algo más fresco.

El colofón lo pone Fermín Caballero con su ambientación de una prisión en Julio de 2056. Casi todos los sentidos entran en juego visceralmente en su “Ladrón de sueños”. Vista, oído, olfato, gusto… y el tacto de mezclar lo real y lo onírico con angustia y desesperación. “Sabes que las balas se acercan, hueles la pólvora, chupas fuertemente el cigarro. Te arrepientes de haber nacido. Y al despegar los párpados,…” .

Esta especial tarde de Taller, bien se merece un resumen especial como, por ejemplo:…

Érase una vez, en la otra vida, que conseguí que me regalasen un teletransportador de materia y así llegué al paraíso. Y, aunque un hubo algún conflicto en el paraíso, pude encontrar un amor sintético que me ilusionó y protegió de miedos arraigados. Lamentablemente, era la otra vida y, llegó un ladrón de sueños que, tras robarme, me dejó… sin título.

 

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La utopía, la distopía y más recientemente la ecotopía, se consideran conceptos relevantes cuando hablamos de los géneros que tocan la ciencia ficción. Una sociedad ideal frente a la sociedad erosionada, a veces apocalíptica, por mor los errores del hombre, sobre la que se trata de escribir el futuro. Pues algo de todo esto nos encontramos ayer, en el último taller que se dedicó a analizar los relatos que entre todos estamos preparando para el homenaje a nuestro querido Fernando y bajo el paraguas del año 2056.

El total de lMapa de JVerneos relatos que se han ido escribiendo, se han aderezado, además, con humor, drama, ironía y otros ingredientes literarios que darán, seguro, un excelente resultado final.

Ayer, se presentaron o ‘re-presentaron’ los últimos trabajos pendientes. Por este orden, Mariaje con “Las palabras”, Juan con “Félix Contreras”, Nieves con “Homo Clausus”, José Miguel con “Miky morirá en 2056” y Flor con “Cuernos”.

Se consideraba, en el pasado, que una utopía plausible se alcanzaría cuando las máquinas trabajaran en lugar del hombre y por el hombre, para redimirnos, por fin, del ‘castigo divino’. Pues bien parece que ya estaríamos cerca de ese momento, pero ¿se parece este presente y el futuro inmediato a esa sociedad dibujada en tantas y tantas novelas, películas o estudios que hemos leído y visto a lo largo del tiempo? “La máquina ha venido a calentar el estómago del hombre, pero ha enfriado su corazón” decía Delibes.

NadarApasionante y retador el futuro que se nos ofrece, como ha sido apasionante y retador cualquier ‘futuro pasado’, simplemente porque lo que está por venir es sinónimo de incertidumbre.

Echando la vista atrás, con acierto o desacierto en la visión que tuvieran, no quiero acabar esta crónica sin citar a algunas ficciones futuristas que han marcado nuestras vidas, tales como, Veinte mil leguas de viaje submarino, Star War, 2001 una odisea del espacio, La fundación, 1984, Star Trek, El juego de Ender, De la tierra a la luna, ¿Sueñas los androides con ovejas eléctricas?, Encuentros en la tercera fase y, porque no, Canopus in Argos o Wall-e.

thumb-1920-270241Y es que cuando el futuro nos alcanza para convertirse en presente, seguimos persiguiendo nuevos futuros, como exploradores intrépidos, desde el teclado de un ordenador o, quien sabe, si desde una máquina de escribir o con una pluma estilográfica.

Amig@s, replicantes o no, ha sido un placer y, por si acaso, que la fuerza os acompañe.

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