Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Crónica’ Category

 

He decidido empezar (y titular) esta última crónica del curso con la cita de Miguel Hernández. Este año, como todos sabéis, ha sido duro. Se da la circunstancia de que empezamos con proyectos de novela que deberían usar el recurso de la ucronía. Aquel proyecto quedó interrumpido por la llegada de la pandemia.

Mientras empiezo a recapitular me viene inmediatamente a la cabeza una idea ucrónica ¿qué hubiera pasado sin pandemia? ¿se habrían cumplido aquellos deseos que todos nos planteamos en la noche del treinta y uno de diciembre, mientras tomábamos las uvas? Quién sabe.

 

Sin pandemia, a cambio de tanto sufrimiento vivido y acumulado, no hubiéramos conocido a algunos personajes, ya inolvidables, como la ‘Encarna’, de Carlos Cerdán, quitándose los pendientes antes de irse a dormir, o el ‘Clodoviro’ de Paco Plaza, que engordaba tranquilo mientras un poto impertinente no callaba nunca, o la zapatilla de José Sainz de la Maza, que, cansada de la vida, nos enseñó ‘carne’ por un agujero. Y, claro, no habríamos hecho los viajes a los que nos llevaba, bailando cada mañana, Alicia Gallego.

Y ¿qué hubiera sido de las guerras vecinales que tan bien nos documentó Manuel Pozo o los enfados de Luis Marín, perfectamente reflejados en sus diarios? No hay que olvidar el toque de lirismo de Lourdes Chorro, que lo ha mantenido durante el confinamiento (Lourdes a la que hay que leer más de una vez, porque, como sabéis, se le reconoce autoridad). Qué decir de un personaje sabio y real, un tal Fabio, del que Olga Torralba nos contó algo o mucho.

Sin confinamiento, tampoco hubiéramos tenido la oportunidad de ver la maestría de Juan Santos sobre cómo limpiar pueblos en un libro. Y no habríamos conocido o recordado tantas mujeres olvidadas, que también nos documentó Pilar Couso.

En esta cara de la ucrónica, la de la dureza de la pandemia, nadie nos hubiera retratado mejor que Luis Jiménez haciendo cola para entrar en un supermercado, mientras Juan-Jo Valle-Inclán nos puso ante el espejo con un método para conseguir el perfecto cuerpo esférico. Y quién no conoce a otro personaje muy real, Laira, alrededor de la que María Sánchez nos obsequió algunos textos magníficos (claro, cuándo no es jueves cuando escribe María, incluso en confinamiento).

Bueno, me cuesta seguir recreando lo que no hubiéramos vivido o leído sin la pandemia. Sé que, en esta cara de la ucronía, han escrito más, que ha habido más personajes. Sé que me dejo gente en el tintero. Que me perdonen. Pero no paro de pensar en los deseos y proyectos planteados la nochevieja, con las uvas y las campanadas.

Ayer hubo taller, claro, y por eso hoy sale una crónica, la última de este curso. Y conviene recordar que hubo cuatro textos (retomando los autores sus proyectos de novela con ucronía) que se leyeron y criticaron, y también ocurrió algo inusual. Las críticas se vierten normalmente hacia los textos presentados, pero ayer también recibió un aluvión de críticas un crítico. Qué cosas.

Asistió como invitado especial nuestro buen amigo, y mejor escritor, Domingo Jiménez Lacaci, quién hizo aportaciones muy interesantes.

Empezó María Sanchez Robles, que continúa con su proyecto sobre Van Gogh y nos trajo XXX. PIETÀ. Excelente texto, como las anteriores entregas. La verdad es que no cuesta reconocer un personaje atormentado, magníficamente retratado, mientras da lo mismo que se sepa que es un personaje histórico o no. Aquí queda un pasaje para ilustrar: “Se sienta frente a un cuadro y libera el color del amor y la muerte con pinceladas agresivas, vivaces, terribles, que le llegan como un discurso

A continuación, Luis Marín nos presentó un momento muy importante de su proyecto “La boda de Manuel”. Luis nos cuenta de una forma muy gráfica, la escena y los personajes de una boda humilde de hace mucho tiempo. Además, deja trazos de conflictos que aunque no evidentes se apuntan y dejan ganas de más. Un trozo: “Curro rasgueaba la guitarra, aunque ya no había voces para acompañarla. Sus sentimientos temblaban en las cuerdas con sus dedos agarrotados en un silencio íntimo”.

Paco Plaza nos leyó un capítulo, el capitulo F, de su proyecto. En esta ocasión sitúa la acción en un escenario tan seco, tan duro, que todos lo vimos más que leerlo. Tal como nos tiene acostumbrados, allí donde menos te lo esperas, aparece un giro mágico que realza el texto. Un extracto para comprobar: “Así, como el ojo de un caracol ancestral, el hombre pasaba el tiempo entre sol y sol fuera de la casa, siempre encontraba labor qué hacer y si no la había vigilaba, sentado a la sombra de un viejo castaño que hermoseaba una loma

Para finalizar, Carlos Cerdán, también continuando con su proyecto, nos trajo un espacio y una acción que se desarrolla en un convento cisterciense. Allí, Anselmo, su personaje central, trata de encontrar la paz y el sosiego, mientras ayuda en el huerto y, por supuesto, en una pequeña plantación muy especial. Una muestra: “A las diez de la mañana la mitad de los monjes dejan sus tareas, se reúnen en la capilla y celebran la comunión diaria. Es una ceremonia en la que tras una serie de salmodias se fuman de modo colectivo…

Y esto es todo por hoy, y por este curso, amig@s. Este blog continuará activo durante todo el verano para, ya en octubre, reiniciar esta costumbre de las crónicas del Taller de Creación literaria de cada jueves.

“No hay beso que no sea principio de despedida, incluso el de llegada (George Bernard Shaw)”

Read Full Post »

Por: Paco Plaza

Tuvimos el pasado jueves nuestro ¿último? taller de creación literaria del curso 2019-2020 por videollamada. Ya se ha cerrado para el próximo jueves una quedada alrededor de unas cervezas y después ya habrá algunos de nosotros que migren a otras tierras para solaz esparcimiento.

Nos reunimos esta vez en torno a unos relatos inspirados en una frase propuesta por Pura (gracias Pura por mantener viva la chispa creativa del grupo) y que ésta a su vez estaba contenida en un relato propuesto por María. La frase en cuestión era la siguiente:

“Llevan horas arreglando los paquetes que se llevarán consigo para aquellos tres días que pasarán fuera del hogar. Su intuición les dicta que habrán de ser muchos más. No se han tragado la comunicación oficial.”

La propuesta era hacer un relato en el que dicha frase debía aparecer, al principio, en el medio o al final.

Tuvimos cinco excelentes respuestas al reto. Todas interesantes y con planteamientos que daban para pensar, y mucho.

Empezamos con María Sánchez y su relato “Cucarachas”. La frase en cuestión era empleada por miembros de un programa de telebasura al uso y en el que se va a hacer una desinfección porque los espectadores han visto cucarachas, aunque éstas no han sido observadas por los concursantes. Una metáfora muy oportuna que retrata muy bien a los participantes en ese tipo de programas, aunque hubo también algún alma cándida que se apiadaba de ellos porque, a fin de cuentas, también eran engañados. Metáforas a troche y moche. Como muestra un botón:

A alguno entonces se le pasa por la cabeza la palabra metáfora, pero enseguida piensa que no está seguro del significado, si hubiera terminado el instituto… y a otro la palabra engaño, pero a alguien en ese instante se le ocurre que deberían disfrutar del jacuzzi por última vez, de manera que todos acaban pensando en el edredoning de después del botellón…”

Seguimos con el relato de Vicente MorenoLa espera”. Un microrrelato en este caso ya que estamos hablando de diez líneas, pero no hace falta más. Rotundo y brutal Vicente nos transporta al terror del holocausto. Genial en su concepción, estructura y condensación, el cuento viene después y lo conocemos todos, desgraciadamente.

“La mujer mira el reloj de pared y echa un último vistazo a la bolsa en la que ha guardado la ropa del bebé. Se pone el abrigo y comprueba que la estrella amarilla está bien cosida a la manga, luego coge en brazos a su hijo y se dispone a esperar.”

En el medio, como el jueves en el que estábamos, vimos el cuento titulado “El cuadro”, de Lourdes Chorro. Transgresora como solo sabe ser ella, nos regaló un relato de difícil lectura en el que vamos navegando entre tres distintos niveles de narración, el presente de la autora que escribe un relato en el que se habla de un sueño en el que hay un cuadro que cobra vida y que finalmente se mezcla con el presente. Admirable y complejo ejercicio que parece que a Lourdes le sale “de natural” sin apenas pensarlo. Es genial tener a escritores como Lourdes en un taller de creación literaria. Vease:

“En una extraña pared había un cuadro en blanco y negro con un capazo de bebé pegado a un radiador como una capilla pegada a un altar. Una mujer lo miraba como un vano sin ventana. La mujer llevaba puesta una gruesa bata de invierno.  Si yo fuese ella, pensé, tendría un dilema: dejar al niño pegado al radiador o cogerle en brazos para intentar darle calor, pero yo no soy ella.”

Continuamos con Carlos Cerdán, siempre fiel a todos los retos, con “Las mentiras”. Un cuento que esconde un lado oscuro y abre la puerta a un futuro en el que no hay cabida para los que superen cierto umbral de edad, al modo de “La fuga de Logan” o la vieja película “Cuando el destino nos alcance”. Un dilema entorno a como la sociedad debe enfrentarse a una longevidad y a una proliferación de enfermedades seniles nunca antes observada en la humanidad.

“- ¿Has cogido tus pastillas? – escucha la voz de su mujer.

– Sí – responde y la mentira le incomoda. Es la segunda vez que lo hace tras más de cincuenta años con ella, la primera fue hace una semana, cuando le leyó el comunicado. Piensa que aún tendrá que decirle alguna más, aunque ya ¡qué más da!

– ¡Mira, asómate a la ventana! – le grita su mujer.

En la acera se ha detenido una furgoneta oscura con los cristales tintados, dos hombres con uniforme negro bajan se bajan de ella, el más alto se ajusta el correaje, mira a su alrededor buscando el número de la casa que figura en su lista y se la señala al otro. “

Terminamos con el cuento “Solo serán tres días” de Juan Santos. Juan suele mostrarnos escenas cotidianas, tramas sencillas y veraces, personajes reconocibles y situaciones que dan para pensar. Cómo los ancianos a veces sirven, con su pensión, para aliviar la economía de algunas familias y cómo, una vez las necesidades económicas están cubiertas, se convierten en un problema en el hogar conyugal. Esto tenemos que hacérnoslo ver.

“–Mamá, no es necesario que eches tanto equipaje, allí no necesitáis nada y además sólo serán tres días.

–Eso mismo le estoy diciendo yo –dice Isidro, mirando con ternura a su hijo– Yo solo llevo un cuaderno y un boli.

Pero Kati no se puede callar y con la sonrisa que le caracteriza, se apresura a reprender las palabras de Manuel.

–Tú déjales que echen todo el equipaje que quieran, a lo mejor les gusta la residencia y se quedan allí.”

Y así terminamos nuestra sesión con la alegre perspectiva de vernos la próxima vez entorno a una mesa en una terraza madrileña y no a través de ZOOM.

Hasta el próximo jueves.

Read Full Post »

Por: Carlos Cerdán

No hay frontera que pare la actividad del taller, los relatos las traspasan. Este jueves hemos vuelto a vernos las caras a través de las pantallas, ya queda menos para hacerlo en persona, de hecho ya hemos hablado de ello, pero, tiempo al tiempo, que todo llegará.

Hemos empezado con un relato de Juan Santos Cuando el principio es el fin”. Una sugerente idea que nos cuenta el desvivir de una pareja. Como su futuro es su pasado, igual que si retrasaran las agujas de un reloj van desandando su vida hasta llegar al momento de su nacimiento. Un valiente ejercicio que todos valoramos, una historia entrañable que Juan promete revisar, pues algunas partes de su historia ofrecen dudas si recuerdan su pasado o no. Bravo por Juan.

Presiento que el beso que acabo de darle a mi novia ha sido el primero. Estoy en la discoteca bailando con ella, y me duele pensar que un mes atrás, no la habré conocido. Pero es ley de vida: los que desmorimos un día, vamos perdiendo experiencias y ganando ignorancias en el inexorable camino que nos lleva al nacimiento”

Seguimos con Lourdes Chorro y su historia “Antes y ahora”. Ya el título de su cuento nos anticipaba lo que más tarde debatiríamos, pero no nos adelantemos. Narrado en primera persona una mujer nos cuenta el reencuentro con un antiguo novio con el que no  se quiso casar y las sensaciones que despierta en ella. La historia parece tener dos partes; la primera escrita con cierta sencillez y la segunda más abigarrada conforme a su estilo actual. Lo que nos llevó a preguntar a Lourdes si era uno de esos relatos que ella tiene guardados en su cajón. Sonriente y en silencio nos dejó divagar sobre el tema y después nos confesó que ya lo tenía escrito hacía tiempo y que actualizó el final, como ya digo el título nos daba una pista que no supimos ver. 

“…Me pareció que era él a lo lejos. Me quité las, gafas de sol para ver con más claridad.  Me fui acercando y no me quedaron dudas, era él. Ese cuerpo que había admirado de lejos era él. No le recordaba así. Hacía seis años que no nos veíamos, desde que se casó, y le encontré extrañamente irresistible. Más maduro, treintañero. Una edad ideal para chicos.” 

Terminamos la tarde con José Miguel Espinar y su reflexión filosófica “Fronteras”. Un tema complejo que dio para debatir sobre fronteras físicas y fronteras interiores. Un texto con dos pinceladas literarias muy acertadas y una poesía final de Jorge Debravo titulada “Nocturno sin patria”.

Hace mucho que descubrimos otras fronteras, las que están dentro de nosotros, algunas que nos encarcelan, las que caen y las que aparecen inexpugnables y las que se abren sencillamente a nuestro paso, invitándonos a pasar.”

La música, al hilo de lo tratado, viene hoy de la mano del grupo La Frontera y su tema “Límites”

Y con el deseo de poner tomarnos unas cervezas juntos de nuevo, acabamos otra interesante tarde virtual.

Read Full Post »

Por: Luis Marín

Las clases virtuales no decaen, como debe ser. Nos reunimos, doce o trece, alrededor de lo que podríamos llamar una mesa camilla imaginaria, al calor del brasero de la amistad, para degustar los platos que se preparan día a día en las cocinas particulares de cada uno. La variedad de sabores no desmerece al mejor menú que pudiéramos imaginar.

Hoy hemos degustado, como aperitivo un diario intimista de Manuel Pozo donde nos relata a posteriori la experiencia del ingreso de su madre por problemas ajenos al virus que nos confina. Con un tono aséptico, en apariencia falto de sentimiento, deja que en su texto se vean las emociones que provocan los sucesos y la inquietud del distanciamiento que impide un contacto directo con el ser más querido.

“…El viernes nos dicen desde el hospital que sigue asintomática. El sábado le dan el alta sin hacerle una nueva prueba, por lo que suponemos que sigue siendo positivo. Nosotros tres hemos llamado cada uno a nuestro centro de salud para hacernos la prueba, pero nos dicen que al personal asintomático no se la hacen, que no hay test para todo el mundo. Nos toca cumplir los catorce días de aislamiento en una habitación. Ahora mi madre está con mi hermano, los dos posibles positivos, y mi hermana y yo cada uno en nuestra casa”….

De primer plato, la familia que se ha sacado Carlos Cerdán del arcón nos mantiene expectantes cada día para leer el siguiente capítulo. Hoy hemos analizado su diario 39. Con una estructura de presentación (noticias cotidianas), conflicto (rotura del armario de la cocina) y desenlace (avatares de la reparación) mientras el suegro observa, vaso de agua en mano, los pasos inciertos que da un inexperto en bricolaje, con poco acierto, para devolver la puerta del armario a su sitio.

“…Voy a por un vaso de agua, me dice. ¡Coño, qué casualidad! pienso, es la primera vez que se molesta en hacerlo. Se sirve el vaso, bebe un pequeño sorbo y se queda mirando lo que hago. Yo, trato de ignorarlo, es complicado, pero lo intento. Saco la taladradora, pongo una broca y la enchufo. ¿Qué vas a hacer con la taladradora? me pregunta con su gesto habitual. Pues… un taladro, claro, respondo dubitativo. Eso ya lo veo, te pregunto ¿para qué?”…

José Miguel Espinar nos trae un segundo plato lleno de incertidumbre y otras certezas con toques reflexivos y filosóficos culminando con un poema de César Vallejo.

“…Pero cuando la incertidumbre se hace pesada y casi insoportable, como la que nos atenaza en estos tiempos, podemos recurrir a otras cosas ciertas que nos la mitiguen. Mitigar la incertidumbre con certidumbres…”.

A modo de sorbete entre carne y pescado, llegó la exposición tecnológica de Vicente Moreno sobre el funcionamiento de las VPN, con un tono experto de quien domina el paño, que a la vez nos enseña y nos entretiene.

“Así que el 16 de Marzo, primer día laborable del confinamiento, empecé la jornada a las 8 de la mañana abriendo el chat del grupo de Telegram que usamos en mi trabajo para comunicarnos. Todos bien y al pie del cañón, cada uno conectado a su ordenador del trabajo y comprobando las diferentes cuentas de correo institucionales que atendemos para recibir las peticiones de soporte técnico a los usuarios que es a lo que nos dedicamos”.

Saborear un buen atún a la plancha, ahora que estamos en temporada de almadrabas, de la mano de José Sainz de la Maza es un buen broche para una comida que se precie. Su personaje, traductor de la guerra de las Galias, se enfrenta con zapatillas heredadas de un adolescente a un encuentro con su hijo, dentro del cotidiano desencuentro, a través de una urraca, que maldita sea la gracia.

“…Bajaba los peldaños de dos en dos. ¿Dónde vas? Tú quédate si quieres. Vuelve que está prohibido salir. Cojo dos mascarillas y lo sigo. Pero, ¿qué pasa? Mi mujer. ¿Estáis locos? Me alegré de no llevar las zapatillas del agujero. ¡Te vas a contagiar! Al pie del árbol se detuvo y cogió en sus manos un polluelo de urraca muerto. Lo vio caer del nido. Y lloraba. Mi hijo adolescente lloraba en un silencio estremecedor. Él. Lo abracé y me acordé de mi vecino del ático: En la tele lloraba mientras hablaba de las urgencias. Llorar hace que conozcas a la gente…”

De postre, Alicia Gallego nos lleva a una visita incomoda al faro abandonado, por unos turistas insensibles que cuando se van dejan tanta paz como se llevan.

“…Cuando ellos vienen, los muebles y yo nos tapamos con unas sábanas viejas y nos hacemos los muertos. Yo me pongo de pie junto al sillón que hay al lado de la ventana simulando que soy una lámpara. Entonces, nosotros, nos quedamos muy quietos, muy quietos; mientras tanto, ellos, invaden todo lo nuestro

Así nos estamos hasta que, al fin, se marchan y nos dejan descansar en paz”.

Aunque de este postre nos hemos guardado unos trozos para empezar el jueves que viene.

Luis Marín

Read Full Post »

Por: Vicente Moreno

Llevamos varios días cubiertos por oscuros nubarrones en Madrid, el ambiente está desapacible y se nota que hay menos gente paseando por las calles que los primeros días en los que el sol acompañaba las primeras salidas permitidas durante el confinamiento.

Este entorno triste se refleja también en algunos de los diarios que leímos ayer en la sesión telemática del taller de literatura. Soledad, desasosiego, inquietud son algunas de las sensaciones que transmiten los escritos de nuestros compañeros.

Empezó Olga Torralba con una descripción hogareña de la tarea diaria con sus hijos y dos mascotas, la limpieza de la casa, los deberes. Son rutinas habituales pero que, con la carga añadida de estar confinados en casa de manera forzosa, pueden crear tensiones que nuestra compañera parece tener controladas que para eso es psicóloga habituada a tratar con gente encerrada.

Blanquejos“Si le digo a Fabio que limpie los azulejos del baño, viene preguntándome que por qué se llaman azulejos si son blancos, que él los va a llamar “blanquejos” y se pone a jugar con la cabeza de un dragón de goma que se pega en los blanquejos.  Si le digo a Mara que prepare la merienda de ambos le da por hacer tortitas y lía una de tres pares”

Esta curiosidad infantil de Fabio, y su búsqueda de una respuesta lógica se convierte en una escena entrañable en el contexto de la situación tan fuera de toda lógica que estamos viviendo.

Lourdes Chorro nos presentó su particular visión de esta época de desconcierto, en la que los sentimientos fluctúan de un momento para otro, apabullados por noticias de enfermos, muertos y futuros inciertos. En esta situación la lógica de Fabio tiene poco que hacer.

“Me recrimino: “¿qué estás diciendo? ¡Cómo se te ocurre pensar eso!”. ¿Cómo va a estar fuera la memoria? Entonces, ¿qué tienes aquí dentro? Pues lo inmediato. Este pequeño fragmento que mientras escribes vives. ¿No sientes la madera del lápiz entre tus dedos? ¿En esas frases que tachas y luego vuelves a repetir cayendo en la misma trampa en que caes en la vida? ¿Acaso en cada desvelo no observas dar vueltas al microondas esperando que Lourdescaliente la leche para tomarte la pastilla que te induce al sueño? ¿No escuchas las ondas clandestinas en la cocina del vecino cuando también cae en la emboscada del insomnio? Y ya, en la deriva de ese sueño narcotizado, ¿no te ves corriendo por la calle, desnuda en busca de esa otra casa que creías tuya antes del confinamiento? Y cuando llegas se ha convertido en un palacio de hielo. Despierta, te espera esa mirada de pez que es el mar de tus días aunque a oscuras cada noche creas perderlo. Deja de enredarte en ese invento que es el recuerdo de otro tiempo. Huele el láudano de tu camisón al despegarlo del cuerpo. Es la hora del despertador, esa hora punta que separa las noches de los días. Mira, escucha lo que te dice: “no busques una explicación a lo que sientes”. “Yo siempre te creo, llámalo fe o plasma de convaleciente”

El diario que envía Juanjo Valle-Inclán refleja un sueño en el que varios personajes, de diferentes edades, establecen una especie de competición sobre quién ha sufrido más en la vida. Pero el dolor y el sufrimiento son subjetivos, así que ¿Quién gana en esta competición? En el futuro Fabio aprenderá que en este tipo de debates no hay un ganador, el único que no pierde es el que no compite.

“Creía estar despertándome cuando aparece en escena una niña que está sentada en una esquina y que no presta atención a lo que los demás dicen. Veo como deja de jugar con su móvil y se queda mirando fijamente a las otras cuatro personas. Ocho años, estimo. Sus movimientos son inocentes, pero seguros. ¿Por qué os peleáis? ¿Es porque llevamos encerrados juntos tanto tiempo por culpa de un bichito que no podemos ver?”

Por último, Luis Jiménez nos propuso una historia de soledad protagonizada por una mujer. Para ella el único momento del día que importa es ese instante durante los aplausos de las ocho de la tarde en la que se produce esa conexión íntima con alguien que se asoma para aplaudir. No sabemos si es una historia de amor o de obsesión. Esperamos que Fabio aprenda a diferenciarlo porque muchas veces no es fácil y menos si se aplica la lógica.

Soledad“Cuando sentí su mirada, sentí su voz, en la distancia sentí su tacto, y su caricia. Las ocho es la hora, solo miro, ya no aplaudo, no puedo. Solo espero, espero a que se asome y eso es todo, todo hasta mañana. Mañana es el día, no me lo dijo, no lo pregunté, pero es el día. Otra tarde frente a su puerta, frente a su vida, la mía. Es su mirada, es su tacto, su mano y, su… ¿voz?

– ¿Cómo te llamas?
– ¿Y tú?
– Yo. Soledad”

 

Para terminar un poema de Rodrigo Caro, poeta andaluz del Siglo de Oro:

Canción a las ruinas de Itálica

Fabio, si tú no lloras, pon atenta

la vista en luengas calles destruidas;

mira mármoles y arcos destrozados,

mira estatuas soberbias que violenta

Némesis derribó, yacer tendidas,

y ya en alto silencio sepultados

sus dueños celebrados.

Así a Troya figuro,

así a su antiguo muro,

y a ti, Roma, a quien queda el nombre apenas,

¡oh patria de los dioses y los reyes!

Y a ti, a quien no valieron justas leyes,

fábrica de Minerva, sabía Atenas,

emulación ayer de las edades,

hoy cenizas, hoy vastas soledades,

que no os respetó el hado, no la muerte,

¡ay!, ni por sabia a ti, ni a ti por fuerte.

 

Vicente Moreno.

 

Read Full Post »

Por: Alicia Gallego

Este largo confinamiento  nos afecta a todos de una manera u otra. Cada cual lo manifiesta a su manera y los diarios que escriben mis compañeros son una muestra. Ahí nos damos cuenta de sus estados de ánimo, de cómo van llevando el día a día. Sus renglones están llenos de preocupaciones, alegrías, emociones, recuerdos, poesía, ingenio y hasta de reivindicaciones. La lucha diaria.

A María le preocupa el tiempo, no sólo el atmosférico, (ya no sabemos qué ponernos) que recuerda en cada uno de sus cumpleaños, sino también el cronológico (seguimos sin saber qué ponernos). Pero el tiempo que más le preocupa es el de este confinamiento, en cómo le estará afectando a su pequeña, a nuestra pequeña, Laira que acaba de cumplir su primer añito. Tranquila, María, el tiempo juega a su favor.

“Día 10” (María Sánchez Robles)

“El mejor jefe que he tenido y que seguramente siempre tendré ha sido José. Además, me encanta ese nombre, tan sencillo, tan de buena persona (seguramente la religión ahí tiene que ver). Hoy me he acordado mucho de él porque estuvo haciendo una tarta de zanahoria en su casa, con su novia, como la que durante varios años de trabajo solía llevar yo para mi cumpleaños. Me envió algunas fotos y, bueno, el resultado es que era la primera vez que hacía la tarta. Ya le saldrá mejor las próximas veces.

vestidos IITengo una idea bastante clara del tiempo que hacía cada día de mi cumpleaños a lo largo de los años, que es el 16 de marzo. Generalmente hacía mal tiempo, lluvia o mucho frío. Yo siempre albergaba la esperanza de poder ir al instituto con la cazadora vaquera, pero todavía era demasiado pronto para esa prenda. A medida que fueron pasando los años, sobre todo en estos últimos, la temperatura cada año parecía más cálida que el anterior. Incluso comenzaba a plantearme hacer un picnic en el Madrid Río para celebrarlo, y definitivamente la ropa con la que solía ir el día de mi cumpleaños al trabajo empezaba a ser primaveral, vestidos de flores y manga corta, sobre los que llevaba una rebeca bajo un abrigo ligero. Ahora, como trabajo desde casa, esos vestidos llevan bastante tiempo colgados en el armario.

Llevo unos días en que vuelvo a fijarme mucho en el tiempo que hace, y me parece que este año la primavera que estamos teniendo es la que teníamos cuando era pequeña. Llueve y no hace tanto calor, no están haciendo días de quererte quitar todo y ponerte al sol como un lagarto. Ese cielo gris, o blanco, con el que está amaneciendo un día tras otro me trae a la memoria la infancia. Y estoy muy contenta por tener tan presentes aquellos recuerdos de miel, frío y azúcar. ¿Será que la reclusión está devolviendo a la naturaleza su capacidad para ser?

Curiosamente el tiempo que hace parece afectarme más dentro que fuera del hogar. Cada día miro el volar de las nubes, el sol ponerse, lo plomizo del cielo o el granizo que hace asustar a Laira. Hoy he salido a tirar la basura y, al sacar las deportivas del zapatero, Laira ni se ha inmutado. Al comienzo de este encierro se ponía nerviosa, levantaba la cabeza para mirarnos como si se preguntara si vamos a salir y si la vamos a llevar con nosotros, gateaba o corría hacia la puerta y había que tener cuidado con no pillarle los dedos al cerrar. Pero ahora ya no reacciona. Creo que en su corta vida de consciencia, o de un poco más de consciencia, salir ya no es significativo. No lo hacemos. No está en su rutina, no lo echa de menos.

Pues yo sí. Tremendamente. ¿De qué pasta están hechas las personas como Nelson Mandela? Supongo que de las de Laira, supervivientes, adaptables, camaleónicas”

Cruz del Valle ha traído a su memoria recuerdos de juventud , y en ese viaje a tiempos pasados, nos ha llevado por el jardín de Mercedes lleno de flores preciosas, hemos caminado por entre barrios que nunca antes habíamos  visto, y hemos paseado por las huertas de su Valencia natal. Hemos sentido el olor a azahar y nos hemos hecho mayores, porque algo ha cambiado en nosotras en este trayecto.

“Un día cualquiera” (Cruz del Valle)

“Mi amiga Mercedes me envía fotos de su jardín. Han florecido las calas, los lirios azules, las aves del paraíso. En un pequeño video se ve la agitación de las hojas de un bosquecillo de bambúes y se escuchan los trinos misteriosos de los pájaros afanados en despertar la mañana y pagar su tributo a la vida.

El jardín de Mercedes termina en una de las acequias que riegan las huertas que se encuentran un poco más allá. Ese jardín decimonónico siempre me pareció hermoso. Y unas huertas llevan a otras, las colindantes a las que daban las tapias de mi colegio.

acequiaDecidimos un día hacer el camino desde valencia al colegio andando los 6 o 7 kilómetros que los separaban y recorríamos habitualmente en autobús escolar. Fijamos un punto de reunión, las y desde ahí salimos caminando, un puñado de chicas de 15 años, felices de nuestra aventura a pesar del madrugón y pertrechadas no solo con las carteras, sino también con comida para el “viaje”. Una foto nos muestra apiñadas alrededor de una barra de pan que mordíamos alborozadas por sus extremos.

Recuerdo la excitación y la alegría con que emprendimos la caminata. No sé quién estableció la ruta, qué conocimientos tenía la que la diseñó pero sí sé que atravesamos unos suburbios miserables que nunca antes habíamos visto. Recuerdo la sorpresa cuando cruzamos aquella orla de miseria que, seguramente, acalló nuestras voces y risas por un rato y nos enseñó lo poco que conocíamos de nuestra ciudad y lo pequeño de nuestro mundo en cuya aparente armonía y perfección ya se empezaban a abrir grietas. Luego la sensación maravillosa de hacer rodar la tierra con tus propias pisadas, la activación de nuestro cuerpo y nuestra sensibilidad con la enérgica marcha mañanera y la llegada al colegio por un lugar inédito a través de las huertas. Recuerdo el despertar de la huerta, el sol ya iluminándola con su luz oblicua, la tierra arada y dispuesta en surcos de algunas parcelas, el rocío sobre las hojas de las plantas de otras y el movimiento de labradores, carros y bestias que se dirigían perezosamente hacia sus labores.

Así que hoy he salido de casa dos veces, una al jardín de mi amiga, otra a mi paseo huertano de hace siquisientos años”

A Juan Santos, que, según Fer (Luis Jiménez) es un hombre muy de aire, muy de tierra, le ha dado por hacer limpieza, una limpieza a fondo. Armado con una bayeta y un limpiador multiusos ha convertido una escena cotidiana en un texto brillante, aunque según parece, se ha quedado con ganas de hacer una limpieza más concienzuda. Otro día, Juan, pero no te olvides que te quedan pueblos por limpiar.

“La enciclopedia de los pueblos” (Juan Santos)

“Hoy, por ser sábado, ha tocado profundizar un poco más en la limpieza del hogar. Hemos corrido el sofá y levantado las sillas para pasar mopa por todos los rincones. Después, con un paño impregnado de limpiador multiusos, hemos quitado el polvo por detrás del televisor y de los portarretratos del mueble. Y ya puestos, mientras mi mujer repasaba las puertas y las sillas, yo me centrado en limpiar la librería. Limpiar la librería a fondo, tiene lo suyo. Hay que dejar todos los libros encima de la mesa grande y, una vez limpias las baldas y dada la vuelta para que no cojan forma, volverlos a colocar.

PueblosMe he tirado toda la mañana, porque antes de colocar cada libro su lugar, les he soplado y les he pasado un paño por los cuatro costados, sobre todo por la parte de arriba que es por donde más negros están. La mayoría los tengo de adorno, como los veinte tomos de la enciclopedia Larousse, y varias colecciones de cuando era socio del Círculo de Lectores. Llevaba un buen ritmo de limpieza, hasta que he llegado a un libro que tenía olvidado. “Enciclopedia de los pueblos de España”. Lo encuaderne con fascículos que daban con el periódico “Diario 16” hace mil años. Ahí me he quedado clavado, pensando en todos los pueblos. Ha cruzado varias veces mi mujer y no ha tenido más remedio que de decirme: Qué poco te cunde… ¿quieres que te ayude? No, tú sigue con lo tuyo. A la siguiente vez que me ha visto, se ha acercado a mí, para ver qué hacía.

Es verdad, me cunde poco. Estoy limpiando todas las hojas de este libro, una por una. Todos estos pueblos están contaminados y voy a ver si los desinfecto. Estás loco, me ha dicho. Haz lo que quieras, pero deja ese libro para el final y coloca todos los demás.

Y eso he hecho. Luego sin prisas, he seguido un rato más limpiando la enciclopedia hasta que mi mujer ha insistido: ¡déjalo… es sólo es papel! Agradezco que me haya sacado de mi paranoia. He cerrado el libro y lo he colocado en su sitio, mucho antes de llegar a limpiar mi pueblo. Pero que conste que yo estaba dispuesto a limpiar las 1.200 páginas

Luis Marín está preocupado por su madre, por su salud. Hoy va la cosa de pensar, dice como si fuera un propósito, y piensa en los otros, en los mayores  afectados por el virus, en los que andan encerrados entre rejas, en la capacidad del ser humano para adaptarse a las circunstancias. Con la imagen del atardecer nos lleva a pensar en el paso del tiempo, del suyo y del de todos.

Jornada 4 (Luis Marín)

“Ayer me dormí pensando en mi madre y en todos los mayores cercanos que se ha visto afectados por este virus maldito. En los otros, también. Hoy me he levantado con el mismo pensamiento.

Releo este inicio y me pregunto qué me pasa. Estoy más cerca de los sesenta y cinco que de los sesenta, o sea que he estado pensando en mí mismo. Me sonrojo por el egoísmo de mis pensamientos.

atardecer IIEsta atardeciendo cuando me siento a escribir estas líneas. Miro el reloj y veo que son las siete y media todavía con luz solar en la calle. En el horizonte del parque de San Isidro se marca la línea anaranjada que deja el sol que acaba de ocultarse. Y pienso que cuando salgamos de este encierro, el sol nos acompañará más horas aún. Y sonrío pensando que cuando la semana que viene cambiemos la hora, nos ventilaremos una hora de confinamiento con un movimiento de agujas. En los chismes electrónicos esos que nos rodean, ni eso. Si los miramos, saltarán sesenta minutos en una fracción de segundo. Pero eso pasará la semana que viene.

Hoy la cosa va de pensar. Pienso en los que se pasan una buena parte de la vida encerrado. En los presos que no tienen el privilegio de ver el paisaje y la extensión de los campos o los parques. En el protagonista de “Trinchera infinita” o el uno de los personajes de “Los girasoles ciegos”. Y cómo no, en los que están en un hospital, en una UCI o en el pasillo de las urgencias. Eso si son encierros comparado con lo nuestro.

Ahora se habla de la capacidad del ser humano para adaptarse. Yo lo sé desde hace mucho. Y también sé que esa capacidad se puede ver mermada por la introspección negativa, por mirarnos el ombligo en demasía y no empeñarnos en afrontar los problemas y buscarles solución. A veces, dejamos que la desolación nos impida luchar sabiendo que con perseverancia siempre vamos a ganar.

Pero qué sabré yo. Puede que ni siquiera sepa pensar. ¿Cómo es posible caer en una depresión, si sabemos que es tirarse a un pozo sin fondo? Pues nos deprimimos. De que iban a comer si no Olga y sus colegas, pienso.

Y me acostare pensando en mi madre, en lo flojita que se está quedando y en el estrecho margen de maniobra que nos queda. Y me alegraré de poder pensar en lo flojita que está, porque estará”

Paco Plaza, con esa capacidad que tiene para fabular con cualquier cosa y de contar un drama con humor, nos tiene enganchados a sus personajes. Su protagonista perdido en sus soledades. Clodoviro a su bola y el poto….Tal vez conviniese ponerle una tila en el agua de riego. Se dijo ayer que la pelusa y el poto son como voces de su conciencia, aunque José Miguel afinó más y convirtió al protagonista en ventrílocuo. ¡Ahí es ná!

“Anotaciones en el calendario” (Paco Plaza) 

poto“Se acaba el mes de Abril. Miro el calendario de la cocina, el grande, dónde apunto las citas, las actividades, los compromisos, esa es mi agenda, unas anotaciones con rotulador en un calendario de cocina. Esta absolutamente vacío, solo los números en sus correspondientes recuadros, nada más, no es que hubiera gran cosa en otros meses. Miro enero: una quedada con antiguos compañeros del trabajo, el cumpleaños de un familiar, dos días con entradas para el teatro, un día a la semana el curso de historia del arte del centro cultural. Visto de lejos enero me parece que fue un mes bastante animado. Abril es como un desierto. Eso no me va a pasar en Mayo. Cojo el rotulador rojo y bien grande apunto “Regar el poto” todos los lunes y jueves. Bueno, ya Mayo parece otra cosa. No se me ocurre nada más, Clodoviro no tiene necesidades, se las apaña el solo, bueno, se las apañaba porque su apelmazamiento creo que le imposibilita cualquier movilidad. Ahí está, en el mismo rincón desde hace dos días, cada vez más negro. Se me ocurre que podría apretarlo mucho mucho hasta convertirlo en una especie de roca, o un diamante. ¿Te gustaría convertirte en un diamante? Le pregunto. Noto que el poto se estira, me va a decir algo, lo sé. Estoy tan acostumbrado a sus insultos que si no me suelta algún improperio lo echo de menos. Los niños ya pueden salir a la calle —trato de mantener una conversación—. Lo han dicho por la radio, a mí me parece bien —continuo—. Pero solo una vez al día. Los perros pueden salir hasta tres veces. Es mejor ser perro que ser niño. Eso es por lo de hacer sus necesidades. Si los niños hicieran sus necesidades en la calle igual les dejaban salir tres veces. ¿Y qué me dices si los viejos también nos pusiéramos a cagar en la calle? Eres más tonto que el besugo que se fue de cañas —suelta. Me reconforta que esta vez se haya quedado en un leve “tonto”. Pongo la televisión en el momento en el que está hablando el presidente del gobierno, junto con unos datos estadísticos en el que figura la cifra de 23.000 fallecidos oigo que dice “misión cumplida”. Apago la tele porque me ha dado una especie de nausea. Sé que no queda nada ni en el frigorífico ni en la despensa. La última vez en el super solo había unos paquetes de una especie de pan negro y algunas latas de sardinas, picantonas decía en la caja, en la cena supe por qué eso no se lo había llevado nadie. Aún así me lo he comido todo. Tengo que volver a salir, y no me hace ninguna gracia. Me animo pensando que, tal vez, hoy pueda comprar pan Bimbo y Nocilla. ¿Ves para qué te sirve no haber hecho en toda tu vida el más mínimo esfuerzo por cocinar? —pregunta el poto—. El cabrón me lee la mente. Me visto. Me cubro la cabeza con una bolsa de basura en la que he hecho un par de agujeros para los ojos, aunque no consigo ver por los dos a la vez, me pongo los guantes esos que me ponía cuando hacía mucho frío. Me los quito porque con los guantes no me puedo poner el abrigo. Me pongo el abrigo. Me pongo los guantes. Me los quito porque no puedo abrir la puerta con ellos puestos. Noto que se agitan las hojas del poto. Abro la puerta. Cierro. Me doy cuenta de que me he dejado los guantes dentro. Abro la puerta. El poto grita: eres lo más imbécil que ha pisado la tierra desde la primera vez que una perca salió del agua. Cojo los guantes y cierro la puerta. Me pongo los guantes. Alguien baja por las escaleras. Me quedo parado. Joder, qué casualidad, pienso. Trato de colocar la bolsa de basura para ver por ambos ojos a la vez, es un repartidor que cuando me ve se da la vuelta y sube por donde ha venido pero mucho más deprisa de lo que estaba bajando. Espero. No vuelve. No sé qué hacer. Me decido a seguir y llego al portal sin encontrarme con nadie. Salgo a la calle. Hace un poco de aire, la bolsa de basura se mueve y pierdo la visibilidad. Me quito la bolsa de basura. Llego al super. Está cerrado. Es domingo”

No tengo más que añadir, cada uno que saque sus propias conclusiones.

Alicia Gallego

 

Read Full Post »

Esta crónica, por primera vez en lo que va de era modera, incluye dos días del taller literario, los correspondientes al 23 y al 30 de abril. Por tanto, va a ser larga. Así que, teniendo en cuenta los temas (profundos y variados) que se han tratado en ambas tardes, os ruego que la leáis completa y si hace falta más de una vez, ya que, en función de la autoridad del escritor, alguno de sus textos merezca ser leído más de una vez, con el ánimo y el propósito de comprender bien lo que se esconde detrás de la apariencia de lo escrito.

Y, solo por seguir enredando, también por primera vez en la era modera, esta crónica no va a respetar el orden de la secuencia de cada texto leído o analizado en ambas sesiones del taller, sino que se va a escribir como si de un puzzle se tratara, para que al final tengáis la foto completa.

Y, así, se va a empezar a construir esta crónica por el tejado. Y si los contenidos a incluir los encerráramos entre paréntesis, el tejado sería el paréntesis final, es decir el símbolo “)” que se refiere a lo último tratado, en este caso el texto “Marta”, de José B. Adolph, incluido en el libro de cuentos “La batalla del café”. A este texto le dedicamos en el taller una hora (¿o fue mas?). Levantó polémica, opiniones diversas.

adolphEl largo debate surgió rápido, cuando nos paramos en la frase que Marta le dice a la persona que narra: “Joyce no eres aparatoso cocodrilo” y que está incluida en el primer párrafo. Un breve silencio hasta que María Sánchez Robles nos habló de la posible “tropicalización del lenguaje” (véase que así queda titulada la crónica, habiéndose tomado prestada la frase de nuestra querida compañera) debido a que ideas, frases o conceptos, se van haciendo locales y podrían, quizás, no ser del todo comprendidas fuera de su contexto.

¿Qué os parece si se incluye otro párrafo de Marta, para ilustrar las diatribas que nos traíamos durante el análisis del texto? Pues ahí va: “¿Cómo resumir sin traicionar la intrincada y a la vez sencilla personalidad de Marta, sobre todo en un país en el cual consciente o inconscientemente, sincera o hipócritamente, la combinación de intelecto con ovarios no suele ser popular? Pienso que la descripción está implícita en la pregunta”.

Como los que asistimos al taller ya debatimos ardientemente (menos mal que lo hacíamos a través de pantallas y no de forma presencial) aquí queda, para los que ahora leéis esta crónica, la oportunidad de debatir, eso sí, en diferido. También es recomendable leer el relato al completo, y si como parece que existe la suficiente autoridad literaria concedida a José B. Adolph, resulta que Marta puede merecer ser leída más de una vez.

Y finalmente, ante la más que evidente falta de consenso, tuvo que ser Pura Simona de la Casa quien concluyera: “Hay indicios bastante claros de que se trata de una metaficción. Es un recurso que aquí tiene al menos dos funciones: primera, un recurso de la primera persona narrativa, y, segunda, la doble función de contar la historia y comentarla, ser juez y parte“. Pues eso, que si no es por Pura, no hubiera habido ‘comunicado’ conjunto y unánime.

Es tiempo de seguir con otras cosas. Ahora es el turno del otro signo del paréntesis, el que abre “(“. Vamos a hablar del primer texto que tratamos el jueves anterior, no anteayer, sino de la semana pasada. Así se cumple el aviso previo de que no se va a ir por orden en esta crónica.

019251-foto-paco-yunque-bullyingSe trata de “Paco Yunque” de César Vallejo. En este texto sí que encontramos, los asistentes al taller del antes citado jueves, ciertos consensos, como el reflejo del poder, la injusticia más cruda y la la sumisión. La lucha entre poderes, y el sufrimiento que es dado por hecho. No obstante, los disensos vinieron a la hora de analizar el personaje del maestro y las razones de su sometimiento. Estos disensos podrían venir desde la postura tan dolorosa de una figura tan importante con un papel tan crucial. Por cierto, este relato se ha establecido como de obligada lectura en las escuelas peruanas.

Al leer el siguiente párrafo, se planteó un debate sobre que tipo de narrador teníamos aquí: “Yunque empezó a fastidiarse. ¿A qué hora se iría a su casa? Pero el niño Humberto le iba a pegar a la salida del colegio. Y la mamá de Paco Yunque le diría al niño Humberto: “No, niño. No le pegue usted a Paquito. No sea tan malo”. Y nada más le diría. Pero Paco tendría colorada la pierna de la patada del niño Humberto. Y Paco se pondría a llorar. Porque al niño Humberto nadie le hacía nada. Y porque el patrón y la patrona le querían mucho al niño Humberto, y Paco Yunque tenía pena porque el niño Humberto le pegaba mucho. Todos, todos, todos le tenían miedo al niño Humberto y a sus papás. Todos. Todos. Todos. El profesor también. La cocinera, su hija. La mamá de Paco. El Venancio con su mandil. La María que lava las bacinicas. Quebró ayer una bacinica en tres pedazos grandes. ¿Le pegaría también el patrón al papá de Paco Yunque? Qué cosa fea era esto del patrón y del niño Humberto. Paco Yunque quería llorar. ¿A qué hora acabaría de escribir el profesor en la pizarra?

Y entonces… Pura nos comunicó (y enseñó a la vez) lo siguiente: que estábamos ante un “Narrador en tercera persona testigo, con focalización interna variable, incluida una focalización coral desde el conjunto de niños. A esto hay que añadirle un uso frecuente del diálogo indirecto libre. El conjunto de estas peculiaridades narrativas ofrece una apariencia, que es falsa, de que el narrador habla desde una voz infantil. Lo que sí se consigue es una fuerte verosimilitud con la impostura infantil de los recursos“.

Silencio.. y poco después la pregunta de rigor: ¿un escritor como, p.e., Cesar Vallejo lo tiene planificado o le sale así sin más, derivado de su talento o inspiración?. No hubo respuestas, porque la conexión se terminó. No sabemos la razón (¿o sí?).  Mientras se restablecía la conexión ¿alguno de vosotros pensó en escribir algo con este tipo de narrador? ¿eehh valientes?

Hay que seguir. Hacemos ahora un receso sobre textos analizados y veamos lo que algunos miembros de la asociación y del taller han venido escribiendo en el marco de los  llamados “diarios de un confinamiento” y que fueron leídos en la sesión del taller del 23 de abril.

Empezaremos por un diario muy especial con el que nuestra compañera Alicia Gallego nos ‘despierta’, vía WhatsApp, cada mañana y en el que nos cuenta viajes a lugares especiales y también nos habla sobre algunos personajes (reales) que han pasado a formar parte de esas historias. Se incluye aquí la que nos dedicó el 22 de abril.

mercadoQuetzalzin vende flores en el mercado de Tlatelolco. Sus calas son las más frescas y vistosas de todo el tianguis. Se levanta al amanecer, y cuando el sol comienza a reflejarse en el lago, con un pequeño cuchillo de sílex, corta con delicadeza los tallos. Elige las más hermosas y las coloca en una enorme canasta que carga a su espalda. Atraviesa el mercado admirando las telas y cómo las tejen las mujeres en telares atados a su cintura. Hay comerciantes que traen cerámicas de Cholula y Texcoco, son las más preciadas. Caravanas de pochtecas, venidos desde el Yucatán, ofrecen plumas de quetzal y de guacamayas, turquesas y jade. Le gusta admirar su belleza. Más adelante observa los puestos de minerales y pigmentos de brillantes colores. Hay una zona destinada a los vendedores de animales, allí se pueden encontrar conejos, armadillos, pájaros exóticos, tortugas, serpientes y hasta xoloitzcuintles. La clientela se agolpa junto a los puestos de vegetales, donde se ofrecen los jitomates, los frijoles, la chía y el maíz. Los chiles son muy apreciados, lo mismo que la fruta traída de las tierras calientes. A su lado, las vendedoras de flores. En un extremo, junto a las barberías, hay un espacio destinado a la venta de esclavos, muchos de ellos serán sacrificados. Entre ellos hay niños que serán ofrecidos a Coatlicue, la madre de los dioses. Quetzalzin observa orgullosa su vientre abultado. Mañana no vendrá al mercado, irá al templo de la diosa y le ofrecerá un gran ramo de calas, las más hermosas todavía cuajadas de rocío y le pedirá un deseo. Que su hijo nazca fuerte y sano. Nada más.”

Cada uno de estos viajes, maravillosos, viene acompañado de una música. La de este 22 de abril era The Ronette – Be my baby Y como cada mañana, y el 22 de abril también, nos toca bailar, cada uno en su casa, mientras oímos el tema del día y re-leemos los ‘viajes’ de Alicia. Y sí, oídme, que la autora tiene autoridad para hacerse merecedora de que se lea más de una vez su ya “adictivo” WhatsApp.

Cambiando de autor, es la hora de José Sainz de la Maza. El pasado jueves, ayer no, el de la semana pasada, nos leyó, vía pantalla, una de sus aportaciones a los diarios con BREVIS FABULA TEMPORIS CORONAVIRUM (hace unos días ya publicada en este blog) Es la primera de una serie de entregas que nos tiene prometidas. Con su maestría habitual, de una historia hogareña y en confinamiento, nos presenta algo más de lo que se lee ¿habrá que leerlo más de una vez?, pues quien sabe. Lo que es seguro es cada vez que se lee o se re-lee, te deja con ganas de más.

Aquí una muestra: “Como si por ese agujero se hubiera escapado mi capacidad de resistencia, tras su eclosión dejé de hacer ejercicio y de afeitarme todos los días. Fue como si hubiera perdido la fe de un día para otro. ¿Qué fe? Pues no sé, todas las fes, la fe en el género humano, por ejemplo. Ni mujer ni mi hijo me sirvieron de apoyo. Ellos tenían entre sí una guerra particular que los absorbía y los sumía en un tenso silencio que sólo rompían para discutir. No llegaron a darse cuenta siquiera de que se me había abierto un agujero en la zapatilla izquierda, mucho menos que cada día era más grande y que en la derecha, el rozamiento en el tejido y su ya acusada delgadez anunciaban la aparición de un nuevo agujero con una perturbadora simetría respecto al anterior. Me inquietó la capacidad perforadora de los meñiques de mis pies, porque fuera cual fuese el motivo inmediato, por detrás, como causa primera, estaría la edad“.

rosaComo Alicia, Luis Marín, es de los que no falta a la cita diaria mandándonos su diario. El que leímos y comentamos en el taller del jueves pasado, ayer no, el 23 de abril, día del libro, era un diario que nuestro compañero dedicaba precisamente a esta fiesta. Con un tono algo nostálgico, pero muy cercano, Luis nos recordó, si es que alguien se ha olvidado, esta tremenda situación de confinamiento y las consecuencias de la misma. Aquí va un extracto de su diario de ese día, que hace referencia a algunas cosas que un día como este 23 de abril no están presentes y que debieran estar:

El premio Cervantes no se entrega este año, la feria de Sant Jordi no ha acudido a las Ramblas. Los escritores que esperan ese día para firmar sus obras y compartir palabras y sonrisas con los lectores están apenados y nostálgicos. Nuestras tristezas de confinamiento se ven agravadas por tantas ausencias. Nosotros esta tarde tendremos taller, aunque sólo sea para comentar diarios, hablar de Cesar Vallejo y compartir una cerveza virtual. Porque nos tendremos que quedar en casa, pero no nos va a parar ningún virus. Nuestros diarios son una respuesta de rebeldía al desánimo. Nos obliga a pensar, a escribir y a leer. Leo todos los diarios, al menos seis por día, escribo el mío y leo un libro, aunque le dedique menos tiempo del que desearía. Seguro que el que más o el que menos tiene algún libro empezado. Hago ejercicio en casa y cuando salga voy a estar tan preparado como antes

Y para que no os acostumbréis al orden y la secuencia, saltamos al jueves pasado, este sí, anteayer. Y volvemos a la actividad que tanto nos gusta, analizar y comentar sobre textos de clásicos. Y anteayer le toco turno a Lobo Antúnes. Antes nos habíamos leído su “Epístola de San Antonio Lobo Antúnes a los lectores” para ir directos al relato corto titulado “TOM“.

loboAquí, hubo poca discrepancia a la hora de reconocer la belleza y simplicidad, a la vez, del texto. La fantasía o realidad sobre la carta anónima, el hilo argumental. La referencias a la infelicidad y los sueños de un personaje, una mujer, común pero que todos reconocemos.

Se sacaron otras referencias, por similitud temática, que no de estilo, con la película Johnny Guitar, a la canción de Cecilia “un ramito de violetas”, o a un relato que tenemos para el próximo jueves, “La chica perfecta” de Murakami.

Una muestra: “No destaca de una manera concreta. Sus ropas no tienen nada especial. La parte de atrás de su pelo todavía está aplastada por haber dormido. No es joven, tampoco. Debe estar cerca de los treinta, nada cercano a una chica, hablando con propiedad. Pero aún así, lo sé desde 50 metros a la distancia: Ella es la mujer 100% perfecta para mí. … …. … La carta llegó hace dos meses, el día veintisiete de julio, y desde entonces nada … …. y en la esquina discreta un hombre que enciende un cigarrillo rascando la cerilla en el umbral. Debe de tener un nombre estadounidense, Ray, Nick, Bob. Bob ni por asomo, que es el perro de la planta baja. Ray o Nick. O Tom. Tom me gusta. Yo en la cocina con el agobio de la cena, ceñida por el sostén de la rosa, claro, y Tom dejando el sombrero sobre el frigorífico y acercándose a mí, ojalá que sin estropearme las baldosas con las espuelas. En lugar del beso en el cuello me da de beber de la cantimplora sin quitarse el cigarrillo de la boca. De puntillas casi le llego al mentón … … Huele a piel roja, a coyote, a búfalo. Lanza el cigarrillo al fregadero de una pulgarada. Se inclina hacia mí y yo erguida sobre mis zapatillas, con los ojos cerrados, aceptándolo. El cierre del sostén me lastima la espalda y ¿qué más da? Lo que cuenta es la rosa. De gasa. Hinchándose. Comienzo a arquear los brazos

Y ahora, para ir acabando, nos volvemos al jueves pasado, el de anteayer no, el que fue 23 de abril. Nos quedan dos compañeros que leyeron sendos diarios.

Manuel Pozo, con su capacidad de crear y contar historias, nos tiene ‘confinados’ en una guerra particular y muy especial, con espías del visillo incluidas y estrategias bélicas de andar por casa. Pero lo que el pasado jueves nos presentó es un texto-alegato muy de él. Muy bien contado, como suele, nos dijo con sus palabras lo que muchos, aun pensándolo, no seríamos capaces de escribirlo así.

El título ‘Profetas‘ casi nos recuerda e ilustra lo que pasa con ciertos comportamientos, a veces inesperados por venir de donde vienen. No queda sino incluir algún extracto del texto que él fechó el 18 de abril.

profeta… estoy cansado de sufrir a los profetas. Ya no abro chistes, ni audios, ni por supuesto vídeos. Pertenezco a un montón de grupos de WhatsApp, así a bote pronto, tres relacionados con equipos de fútbol en los que juego o he jugado, tres con distintos grupos de literatura, uno de antiguos compañeros del trabajo, otro con compañeros de profesión … … … voy a terminar esta página con una cita: -España es un lugar con una larga enfermedad histórica que se manifiesta, sobre todo, en un devastador desprecio por la educación y la cultura, y una siniestra falta de respeto intelectual por quien no comparte la misma opinión. Por el adversario. Siempre creí, porque así me lo enseñaron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura”. A muchos les sorprendería quién la escribió. Fue Arturo Pérez Reverte en un artículo publicado en El País, titulado: Sobre miedo, periodismo y libertad, el 22 de mayo de 2014-

Y como no hay orden (e igual tampoco concierto en esta crónica) le hemos reservado esta parte final a Luis Jiménez, que lleva poco en el Taller y ya ha demostrado con creces sus dotes de creador literario. El famoso jueves pasado, no anteayer, el que fue 23 de abril, nos leyó uno de sus diarios. La ‘naturalidad fotográfica’ con la que cuenta la historia, nos llamó la atención a todos, cosa rara, ya que hemos comprobado la diversidad de opiniones y posturas entre los miembros de este taller.

El texto se titula ‘Tos proscrita‘ y se incluye a continuación un extracto, entre realista, temeroso o hilarante, ya diréis:

gente-fila-pagar_52683-14122“… la señora Maruja que ha salido de casa sin su sonotone, no se entera, y estuve a punto de intervenir, pero estoy acabando ya el diario de Carlos y me tiene atrapado. En la terraza que está encima de nuestras cabezas, se asoma una niña y se pone a aplaudir como si fueran las 8 de la tarde (pobre). Llevamos tiempo sin avanzar y me pongo ahora con el diario de Paco, ¡Aquí me gustaría ver a Clodoviro! Cuando voy por la mitad del diario, unas toses descongestivas alarman la espera. El señor de la posición número 13, recriminado por las posiciones 12 y 14, intenta explicar que es fumador, y que tiene tos crónica. No convence a nadie, pero como tampoco lleva mascarilla las distancias se agrandan y nos hace recular a todos. La fila india ya empezaba a descontrolarse. Desde la terraza contigua a la niña que aplaude, unos adolescentes aburridos, se suman a la fiesta y se ponen a toser compulsivamente a ritmo de la canción del “aserejé”, les siguen desde otras terrazas otros gamberros que les hacen los coros. La situación se resuelve con una estampida digna del Serengueti en temporada de migración del ñu. Carros de la compra abandonados en plena calle, zapatos y mascarillas siembran las aceras

Antes de acabar, recordar a todos los que hayáis llegado hasta aquí, que en este blog se publican a menudo “los diarios del confinamiento”, escritas por muchos miembros de esta asociación. De entre todos estos diarios van surgiendo personajes que van tomando vida propia y ya trascienden a sus autores, como Encarna, una mujer muy especial de una saga creada por Carlos Cerdán, una mota de polvo (Clodoviro) que funciona por su cuenta o un poto con actitud crítica, siendo ambos personajes totalmente ‘pasotas’ con respecto a su creador Paco, o como nuestra compañera Pilar, que trae biografías de mujeres ejemplares en todos los campos, cuyas historias fueron tapadas por ser, precisamente, mujeres. Y otras muchas historias y personajes.

Y por hoy, esto es todo amig@s. Sigan escribiendo, con cualquier tipo de narrador, no hace falta utilizar el de Vallejo en Paco Yunque. Hasta la semana que viene.

Read Full Post »

Por: Juan Santos

Parece que el tiempo no pasa, pero la verdad es que llevamos seis jueves sin aparecer por nuestra aula del centro Abogados de Atocha. Menos mal que las nuevas tecnologías, nos están permitiendo de manera virtual seguir con nuestras clases. Además, como las musas no pasan controles, solidarias con la causa, nos visitan cada día para inspirarnos a escribir nuestro acontecer diario. Relatos cortos entre lo ficticio y lo real. Absorbidos por esta corriente de ideas monotemáticas del confinamiento, casi todos hemos parado nuestras ucronías, tal y como se han parado tantas otras actividades de nuestro país. No ha sido el caso de José y de Luis, que fieles a sus novelas, y al margen del diario, no las han abandonado.

Ayer, a la hora habitual, nos fuimos conectando a zoom con dos temas prioritarios sobre la mesa: un nuevo capítulo de Luis Marín y el comentario de un relato corto de Cesar Vallejo, titulado Paco Yunque. El resto del tiempo, si sobraba, lo dedicaríamos al repasar algunos de los diarios, que por su originalidad y excelencia, también merecen ser comentados.

Pero no hubo lugar, porque el capítulo de Luis dio para mucho. El propio autor nos puso en antecedentes de que era un capítulo que no sabía dónde encajarlo dentro de su novela. Puestos a analizarlo, todos coincidimos en su buena redacción, con un tono y un ritmo adecuado y con unos personajes muy bien dibujados. Eso que se atrevió a emular el estilo del Desierto de los tártaros, alternando el pasado con el presente.

maleta iiPero como al taller no se viene sólo a recibir honores, enseguida llegaron las críticas constructivas. Alguien preguntó si todos los personajes que está definiendo, de manera tan exhaustiva, van a tener peso en la novela. También le sugirieron que detallara la geografía de los lugares, como dónde se ubica la bodega. Y que cambiara la expresión “aquellos tiempos” porque aleja demasiado la acción. Estuvimos de acuerdo en que el personaje de Encarna, queda un poco suelto. Esa chica frívola del barrio la tiene que recuperar. La historia referente a las hermanas es maravillosa, pero innecesaria si no va a tener continuidad. La consigna de Pura, aunque iba dirigida a Luis, todos dimos por aludidos. El capítulo en sí, le gustó mucho, pero ve cierto desorden en el conjunto global. Tiene que replantearse cómo va a ser la novela y sobre todo tener claro cuál es el TEMA. Si el tema es el desarraigo, debe centrarlo, porque no es igual en el pueblo que en Madrid. También tiene que saber cómo y dónde quiere que acabe la novela. Comentó Luis que tiene cinco capítulos incompletos, así que con los de antes y con éste, ya tiene trabajo para no aburrirse. He aquí un párrafo de Luis.

“Manuel mira la maleta vacía abierta en la cama. Se deja caer en la única silla que hay en la habitación. Mira el tazón que doña Irene ha dejado en la mesilla y recuerda sus palabras, “¿te vas a rendir?”. Toma un sorbo que le quema la lengua. Sopla repetidamente el caldo y lo toma muy poco a poco. Cuando lo termina se siente reconfortado, mira una vez más la maleta, la cierra y la vuelve a colocar en lo alto del armario.”

A continuación, cambiamos de tercio, para hablar de Paco Yunque.

pacoyunqueEl sentimiento general de la lectura de este relato, fue una interesante lección de literatura. En un espacio reducido a un aula y a un patio del colegio, Cesar Vallejo nos cuenta la historia de Paco Yunque. Su forma magistral de construir los personajes, con un par de detalles, es digno de admiración. Frases cortas, repeticiones y con algunos localismos peruanos, van dando vida, de una forma muy sencilla, a una situación de maltrato. A opinión de Vicente, el autor se baja a la altura de un niño para contar la historia. Perspectiva que le da un punto más de indignación. Paco Yunque, un niño provinciano y pobre, es maltratado por Humberto Grieve, un niño rico, ante la pasividad del profesor.  Se cuestionó si la injusticia emanada del profesor era propia o forzada, porque también temía al padre de Humberto. Casi todo coincidimos con la segunda apreciación. Hubo referencias al libro de Los Santos Inocentes y a Una poética para bravucones. Es la eterna escena de la humillación del rico hacia el pobre. La obediencia y la humildad ante la violencia y el odio de los poderosos.

Analizando si este narrador, en tercera persona, que lo sabe todo  y que entra en la conciencia de los personajes, es  omnisciente o no, se nos cortó la comunicación y no hubo tiempo para más. Eran las nueve, la hora de tomarse la cañita. Yo estoy seguro que alguno se tomó dos, pero bueno, como pagamos a escote, cada uno que se tomara las que quisiera.

Dejo aquí los primeros párrafos, donde ya se vislumbra el tono del cuento.

“Cuando Paco Yunque y su madre llegaron a la puerta del colegio, los niños estaban jugando en el patio. La madre le dejó y se fue. Paco, paso a paso, fue adelantándose al centro del patio, con su libro primero, su cuaderno y su lápiz. Paco estaba con miedo, porque era la primera vez que veía a un colegio; nunca había visto a tantos niños juntos. Varios alumnos, pequeños como él, se le acercaron y Paco, cada vez más tímido, se pegó a la pared, y se puso colorado. ¡Qué listos eran todos esos chicos! ¡Qué desenvueltos! Como si estuviesen en su casa. Gritaban. Corrían. Reían hasta reventar. Saltaban. Se daban de puñetazos. Eso era un enredo”

 

Read Full Post »

Por: María Sánchez Robles

Me une con “Muerte en Venecia” una historia curiosa que me permitiré recordar hoy. Tal vez estábamos en el año 2003 o 2004 cuando la obra de Visconti llegó a mis manos. Un buen amigo mío, que era amigo de mi cuñado en realidad, y me saca unos quince años por lo menos, me la prestó bajo la premisa de “Tienes que verla”. Y la vi. Y reconozco que me quedé descafeinada. Por aquellos días yo devoraba películas y había visto “Blow up”, o “La dolce vita”, y “Muerte en Venecia” me había parecido larga, densa, quizá abrumadora, “poco moderna”. Se la devolví y tuve que ser sincera (con diecinueve o veinte años es muy difícil disimular), y él me contestó: “Eres demasiado joven. Ya verás cómo no te parece lo mismo cuando tengas más años”. Hoy, con bastantes años más, el capítulo que hemos analizado en clase de la obra maestra de Thomas Mann me ha resultado excepcional. Esa búsqueda de la belleza, efímera y escasa, y de un mundo que desaparece, me transporta a mundos lejanos.

Muerte en VeneciaVenecia, como París, son dos de esas ciudades cuyos nombres encierran no solo un lugar, un conjunto arquitectónico, un pasado histórico, sino sobre todo una metáfora. “Siempre nos quedará París”: París como ese lugar en el que has sido feliz y seguramente no debas tratar de volver porque nunca será igual. Y Venecia. Decadente y hermosa a raudales. Tuve la suerte de conocerla, por casualidad, unos días después del famoso carnaval. La ciudad estaba casi vacía, con confeti aún por el suelo. Pudimos alojarnos en la plaza de San Marcos, en un edificio hermoso, y recorrerla sin apenas turistas. Una irrealidad si se piensa bien, y además no buscada.

Aún recuerdo la plaza con la humedad condensada, de noche, el agua en soñolienta calma. El vaporetto nos condujo a la estación de madrugada en un último viaje silencioso; el avión regresaba a España en unas horas.

“Muerte en Venecia” nos lleva a una sensación de irrealidad también, a una ilusión, a un lugar en el infinito en que falta la medida del tiempo. En una atmósfera de ensueño, donde el cielo turbio, el aire pesado y el horizonte neblinoso caen sobre nosotros, el personaje principal trata de subirse al último barco. Al de la belleza en el preludio de la muerte. Las olas, bajas y lentas, morían en la orilla con acompasado movimiento. […] ¿No había deseado que la travesía durara largo tiempo, que no acabara nunca?

A Aschenbach, el personaje central de la novela, seguramente le pitaron los oídos hoy durante el análisis online del taller. Un “degenerao”, “un tipo repelente”, “un elitista”. Sí. Un personaje patético de pies a cabeza, un alma atormentada sin duda alguna. No cayó bien entre algunos compañeros, pero ¿qué importancia puede tener eso cuando se está hablando de un sentimiento universal como el que Aschenbach arrastra? Ay de mí si llegara a sentirme así algún día.

En este punto de la crónica quiero hacer un llamamiento a tratar de distanciarnos de los personajes literarios o cinematográficos, así como de sus creadores: es el consabido caso de Woody Allen y Polanksi, dos genios, sí, pero cuya reputación está en entredicho. Además, quisiera defender de alguna manera a Aschenbach, pues creo que el hecho de que sienta una atracción múltiple hacia Tadzio, un chico menor de edad, parece poner más los pelos de punta que tantos otros personajes del cine y de la literatura que se fijaron en chicas menores también, empezando por Lolita. Ya sé que Humbert Humbert tampoco despierta simpatías, pero creo Aschenbach debería ser un bollito de pan en comparación con este.

El capítulo que hemos leído, el tercero, nos habla de la soledad. Hoy que estamos varados en islas desiertas con uno, dos o tres náufragos a lo sumo, la soledad está muy presente.

Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de las gentes sociables; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes. La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello; la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado.

Luces de ciudad 2Este párrafo del capítulo me ha hecho pensar hondamente en nuestra naturaleza sociable actualmente castrada. Canalizada a través de las tecnologías y de las redes sociales, sí, pero descabezada al fin y al cabo. Y me ha traído a la mente a Logan, el personaje del capítulo que hoy hemos analizado, el segundo, de la novela de José Sainz de la Maza. Un capítulo brillante que estaba en el mismo nivel literario que “Muerte en Venecia”, y que con suma maestría nos ha conducido por una atmósfera densa y lenta también, la de los insomnes, personas solitarias por definición, noctámbulos, amigos del desasosiego. Ambos capítulos me han instalado en el punto incierto de una noche solitaria y abismal, donde las luces de la ciudad a lo lejos me reconfortan de alguna manera, como lo hacen con Logan desde que era pequeño.

Luces de ciudadLa de hoy es una noche especialmente cristalina. Son la doce. […] Logan está en su apartamento frente a una ventana por la que observa las imágenes que lo atraen desde que era un niño: las luces de la noche. Todas las luces nocturnas lo cautivan, los letreros luminosos, por supuesto; las bombillas de los vehículos, las de las farolas que iluminan las calles, las que coronan los edificios y avisan a las aeronaves de su altura, las rojas que prohíben el paso, las verdes que lo permiten… Llaman sobre todo su atención otras más íntimas, como las de los salones de las casas, con sus tonos unas veces cálidos y otras más neutros, las más ruborosas de los dormitorios, tamizadas a veces por visillos, o las impregnadas de vapor de los cuartos de baño. Todas lo hechizan, incluso las de los despachos de quienes demoran sus salidas de los trabajos o las que mantienen encendidas los que hacen la limpieza de las oficinas… […] sus ojos, solo abiertos a medias como acostumbran a mirar los insomnes, ni quieren ni pueden apartarse de las luces multicolores que iluminan la noche.

La belleza es efímera y escasa. El silencio sordo de la noche solo se ve interrumpido por el sonido de alguna ambulancia lejana. Como Aschenbach, después de este encierro tal vez debamos aceptar la idea de encontrarnos con una Venecia distinta de la que en su día conocimos, pero la esperanza de que el Destino nos tenga reservados nuevos entusiasmos y emociones nos cobija como a Logan sus luces.

María Sánchez Robles

Read Full Post »

Por: Olga M. Torralba

Querid@s lectores, contra viento y marea, mientras nos queden fuerzas seguiremos reuniéndonos los jueves, para mantener las buenas costumbres. Bastantes cosas hemos tenido que cambiar, así que si vosotr@s  nos queréis seguir, un día más compartimos.

No es poca cosa, falta de práctica, ir llegando por videollamada, cada uno desde su trocito de refugio. Qué alegría ir viendo las caras de l@s compañer@s. Empiezan las preguntas de cómo nos van las cosas y se crea el clima arropadito de la tarde de reunión.

chatVicente nos dio la primera alegría: ya han llegado trece relatos para el concurso Madrid Sky. Trabajaremos  también este año para nuestro concurso de literatura. Quién sabe, quizás  más sentido que nunca.

Empezó leyendo Paco Plaza su diario titulado “Entre dos balcones contiguos”. Dos niños hablan de balcón a balcón, desde su percepción, de la situación que viven, confinados en casa, con sus familias. Es un texto breve de una gran intensidad. Niños que protegidos, viven sin tanta carga de ansiedad esta situación, bendita inocencia.

“…— Ayer mi papá me hizo un castillo en el salón. Movió todos los muebles, y la mesa y el sofá, y ató unas sábanas y le sacó los cajones a uno de esos e hizo una torre y mi mamá y yo teníamos que defender el castillo de los vikingos. Y mi papá se puso un cazo en la cabeza y nos atacaba con una sartén.

— Mi madre juega conmigo a la play. Mi papá no porque tiene que trabajar.

— Pues mi papá y mi mamá dicen que se han quedado sin trabajo.

— ¡Qué suerte!

— Sí, así pueden jugar conmigo los dos.

— ¿Tú ves a tus abuelos?

— Por el móvil hablo con mi abuela todos los días.

— Yo también hablaba con mi abus. Pero hace dos días que ya no los veo. Mi mamá me dice que se han ido, pero que no me preocupe.

— ¿A dónde?

— Estaban en el hospital. Yo creo que se han escapado y no nos llaman para que no los coja la policía.”

El siguiente en leer su diario fue Luis Marín. “Jornada catorce”. Un texto sentido, de la realidad que nos toca. Y nos está tocando fuerte. A veces está bien hablar de las cosas como son. Vivimos momentos tristes, y la tristeza nos ayuda a procesar los cambios. Empieza dando el pésame a nuestra querida Yolanda por la despedida para siempre de su padre.

“…Cómo vamos a salir de ésta, nadie lo sabe. Nos estamos dejando mucha gente en el camino. Sí, son gente de avanzada edad, con otras dolencias cronificadas, pero son nuestra gente. La que en muchos casos nos ha criado, nos ha enseñado los primeros pasos y nos ha acompañado a lo largo de nuestro aprendizaje hasta que nos hemos hecho adultos, incluso maduros, que muchos ya estamos a la puerta de esa tercera edad. Con mayor o menor acierto han contribuido a que seamos lo que somos y nos han dado su cariño y apoyo incondicional.  …”

 Cambiamos de diario, pasamos a Carlos Cerdán y cuesta un poco decidir si queremos el diario de “el cabreo” o el del “mosto”. Carlos se decanta por el más suave. “Diario 12 confinamiento.”

Los personajes de Carlos están tan bien dibujados que los seguimos como si fueran los capítulos de una serie de televisión. Va reflejando con gran habilidad, a través de ellos, lo que vivimos estas semanas. Los cambios de humor que por días o por horas unos y otras vamos pasando. Sus sutiles comentarios sociales y las relaciones personales a través del personaje de Carlos me tienen encandilada. Al terminar el diario de Carlos nos quedamos hablando en referencia a una línea de su texto de la antigua costumbre de besar el pan que caía al suelo. ¿Lo recordáis? Pero eso era del relato del cabreo.

“…Mi suegro está en el salón viendo la televisión; una tertulia de esas en que todos dan voces y hablan a la vez y en la que opinan con suficiencia de cualquier cosa. Coloco los platitos con los aperitivos sobre la mesa y le pregunto si quiere un mosto. Me mira por encima de las gafas con ese gesto ceñudo que le caracteriza (me recuerda a Aznar) y dice ¿Un mosto? ¿Tú me has visto a mí alguna vez beber un mosto? Encajo el golpe, de hecho estaba preparado para algún exabrupto. No, contesto, pero como no debes beber alcohol he pensado en un mosto vendría bien para acompañar a las aceitunas y las patatas, o prefieres una Coca-Cola. No, un mosto está bien, responde el tocapelotas sin modificar un ápice su rictus. Encarna, sentada en uno de los sillones del fondo del salón, mira su móvil, estoy seguro de que no ha perdido detalle de la conversación. Se levanta, coge una patata frita y con los dedos medio e índice señala, primero, sus ojos y luego los míos en un gesto claro de que me vigila. Sonrío y asiento.”

Después del aplauso homenaje a quienes trabajan para que podamos estar en casa, enganchamos con un diario de Juan Santos, que estábamos esperándolos como agua de mayo y nos han encantado. “Cortitos”, este destaca por su sencillez y amargor. Siempre deja algo para el final que te deja pensando.

El pueblo

“…El día que el Gobierno ordenó el confinamiento total, estaba atontado con mi fiebre particular y no me di por aludido con eso de “quédate en casa”. Si no me apetecía salir del dormitorio, menos me iba apetecer salir a la calle.

Con el paso de los días y mi recuperación, agradezco a la televisión que siga recordando la consigna, porque ahora sí saldría, de muy buena gana, a dar una vuelta por ahí. Pero como buen ciudadano, aquí aguantaré el tiempo que sea necesario.

Lo que más me está costando es no poder ir al pueblo. Eso de que me prohíban ir a mi pueblo, no lo acabo de encajar. Lo tomaré como un sacrificio y no culpo a los mandatarios de tales medidas, si son buenas para no propagar la pandemia. Lo que más me duele es que mis paisanos y mis amigos, que siempre me han recibido con los brazos abiertos, ahora no quieren que me presente por allí.”

Alicia Gallego no ha escrito ningún diario, pero todas las mañanas, a primera hora, nos lleva a través del WhatsApp a países lejanos, con personas que nos hace sentir muy cercanas aunque pertenecen a lugares, para nosotros, exóticos. Despertamos con la ilusión de recorrer con los ojos las líneas que nos escribe para que nuestra mente vuele con nuestra azafata preferida hasta donde ella haya decidido llevarnos. Son textos breves, escritos con una elegancia y riqueza de sensaciones que consiguen que durante un buen rato permanecemos allí, vívidamente, donde generosa nos ha acompañado. Además adereza este desayuno con una música encantadora. Importante la mirada social.

machu picchu“La bajada en bus desde Machu Picchu hasta la estación de tren es de vértigo. El desnivel de 400 metros se lleva a cabo a lo largo de 9km de curvas continuadas, en 30 minutos. Pero…….oh, sorpresa!! Junto a la puerta del autobús, dos niños de unos doce años nos sonríen mientras ocupamos nuestros asientos.

En el momento en que éste se pone en marcha, salen corriendo montaña a través y esperan en el siguiente tramo de carretera a que pasemos para decirnos adiós con sus manos.

La escena se repite una y otra vez, su sonrisa es cada vez más amplia y sus gestos más exagerados. Los nuestros, también. Ya no hacemos caso a la sinuosa carretera, ni al precipicio, sólo deseamos dar otra curva para volver a encontrarlos y decirles adiós con las manos, con los brazos, a gritos. Cuando el autobús dobla la última curva, el conductor abre las puertas y permite que los niños suban para recoger las monedas que queramos darles. Así se ganan la vida. Recuerdo sus nombres perfectamente: Nicomedes y Basilio

La miseria no siempre se manifiesta con dolor y sufrimiento, también aparece tras la sonrisa de los niños pobres, en su mirada, y siempre, siempre se encuentra cómodamente instalada en el corazón de aquellos que les han robado la parte de la tarta que, en este mundo, a Nicomedes Basilio, les corresponde.”

Uno de nuestros nuevos compañeros, que estamos encantados de tenerlos entre nosotr@s, Luis Jiménez, se ha lanzado a escribir los diarios. Aunque dice que le ha costado, nos parece que la imaginación le ha llevado por las calles de Madrid que solía recorrer. ¡A esa no hay policía que la pare, ni virus que la pille!

Hace unos diarios frescos, sencillos y variados, y además se permite enlazar con personajes de diarios anteriores con total naturalidad. Nos lleva a hablar de nuestras musas, de esas que, si no las escuchas a tiempo, se van corriendo.

Actividades esenciales

“…Me hago cargo, la contesté, estos son tiempos complicados, pero ¿Y lo de presentarse a altas horas de la madrugada?, ¿A qué se debe? – Pues verás- me dijo, por el día hay muchos controles policiales y yo no se si mi trabajo está considerado como “actividades esenciales”, imagínate que me detienen. ¡NO POR DIOS!, entre tu y FABER Nº3 me vais a dar la cuarentena.

Aunque hay algo que mi musa no entendió, o seguramente fuera yo quien no supo explicarse bien, pues al día siguiente, se presentó a la hora de la siesta. En fin, creo que se ha merecido que le ponga ya un nombre y la humanice un poco, pero no se me ocurre ninguno. ¿Podéis ayudarme?, GRACIAS.”

Como veis cundió la tarde, y la crónica es larga. Nos dio tiempo a dos diarios más. María Sánchez Robles fue sacada casi a la fuerza a la pizarra, y eligió para su lectura su diario ·Día cuatro”. En él con su escritura suave nos pone frente a la vida de los niños y la adecuación de tareas y horarios desde muy pequeños. ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo correcto? Su texto nos llevó a reflexionar un buen rato sobre ello. De eso se trata esto de escribir compartiendo ¿no?

“…Tras este extenso párrafo en que el artículo definitivamente te hace sentir mal padre o madre, es mejor no seguir, puesto que lo siguiente ya sí te deja sin aliento: no es lo mismo si el ambiente de casa es relajado y alegre que si los padres están preocupados por no llegar a fin de mes; tampoco es lo mismo si vives en una casa con jardín que si tus metros cuadrados vitales no pasan de 50; y por supuesto si no eres finlandés también la tienes más jodida porque no es “igual vivirlo en una cultura nórdica, acostumbrada al confinamiento en inviernos fríos, que en una cultura mediterránea que acostumbra salir a la calle cada día”. O sea, que mi estado de nirvana anterior, en el que me habían tratado de convencer a golpe de titular que esta cuestión del encierro no le pasará factura psicológica a mi hija, se viene abajo en cuanto vences la desidia de leer un poquito más. Si es que ya lo sabemos: el conocimiento nos hará infelices. Saber ocupa lugar, y pesa, pesa mucho.”

Pura Simona de la Casa fue la última de la tarde. Lo de los diarios, como a muchos, la ha enganchado y escribe unos textos que están resultando muy interesantes. No dio tiempo a hablar mucho sobre ello porque el tiempo se acababa, pero quedamos de cierre ante un texto bueno, emocionante, en el que se menciona el ruido y el silencio. Y el ruido de nuestro silencio. Y sin haberlo previsto, porque las cosas a veces salen solas como tienen que salir, el final de la tarde recuerda, igual que empezó, a la discreta Yolanda, a la que queremos de nuevo entre nuestras líneas.

Anoche quise cerrar un libro en una de esas frases que detiene la lectura, y la piensas o te lleva a otro lugar. Me llevó a que si tuviéramos que vivir siempre encerrados, querría ver al mirarme en el espejo cómo en mis ojos siguen corriendo los arroyos de mi pueblo y su repiqueteo, y el olor dulzón de los espinos que ahora estarán floreciendo. Todavía lo veo todo, y la última sonrisa de mi madre cuando apenas podía respirar, la veo nítida.

Cuando iba a cerrar el libro miré el marcapáginas, es de una de las manualidades que nos regala Yolanda, pero ¿de qué? Parecía un cohete, ¿un cohete de Yolanda? Ah, caí, es el cuerpo de una japonesa con kimono a quien le falta la cabeza. Tengo que encontrar la cabeza, seguro que no la he tirado.

Necesito silencio.

Hasta la semana que viene, amig@s

Read Full Post »

Older Posts »